Don´t open if you don´t read spanish. Indigenismo (un punto de vista argentino) 1 de 3.

Julio Fernández Baraibar julfb at SPAMsinectis.com.ar
Sun Aug 22 11:43:45 MDT 1999



La conquista del desierto, los indigenas y el indigenismoThe author of this
long article is Marxist, a friend and a comrade.
Obviously it is written in Spanish. But, anyway, I think that it can be
useful in order to introduce a point of view on the "indigenist" question,
from a socialist and latinamerican nationalist view.
Sorry the non spanish-reader members. I divided it in three parts for doing
easier the sending and receiving.

La conquista del desierto, los indigenas y el indigenismo
Por Roberto A. Ferrero.
Publicado en el Nº 19/20 de la revista Disenso.

Fotografias posteriores a la Conquista del Desierto nos muestrn vencidos
caciques en sus patéticos trajes de coroneles de la Nación o grupos
familiares temerosamente apiñados ante el "chasirette". Al verlas, no se
puede sino experimentar un sentimiento de compasión hacia ellos y un repudio
espontaneo a aquella campaña del general Julio A. Roca de 1879, si esos
fueron los resultados de la Conquista.
Y, sin embargo, aquellas viejas fotos no representan sino una pequeña parte
de la verdad. Los indios que poblaron belicosamente el sur de las provincias
de Buenos Aires, Santa Fe, Cordoba, San Luis y Mendoza y los territorios
nacionales se ajustan mal al estereotipo del "buen salvaje" dulce,
hospitalario y noble, despojado primero y explotado después, por los
"blancos". Aquellos hijos del desierto eran indudablemente valerosos en
extremo y tambien hospitalarios con los cristianos perseguidos que llegaban
a sus tolderias -que lo digan sino el coronel Manuel Baigorria y los
hermanos Pincheira o los Saa- pero en cuanto al resto de las supuestas
virtudes que les son atribuidas, debe decirse que no eran mejores ni peores
que sus enemigos del otro lado de la frontera: ranqueles y pampas robaban,
cautivaban y engañaban como cualquiera en aquella epoca barbara de nuestra
historia.
Eramos un pais violento y de aquella violencia participaban todos, indidos y
blancos, civiles y militares, Quiza no haya existido otra alternativa que la
que se dio en las relaciones del Estado argentino y las parcialidades
indígenas del desierto.,
Cada una de esas parcialidades, araucanas o araucanizadas ya -la ranquel con
centro en Leubuco, la de Sayhueque en el Neuquen y la confederación de
Calfucura con su corte en Salinas Grandes- se estaba constituyendo ya en un
proto-estado que acumulaba poder con el apoyo abierto o encubierto del
gobierno y los particulares de Chile. Tenian su jerarquia de Gran Cacique,
caciques secundarios y capitanejos y jefes de guerra; los lenguaraces y
escribas al servicio de los caudillos indios eran embriones de cancilleres y
ministros de estado; Calfucura habia aprendido de los blancos la teoria del
oprigen "divino" de su autoridada y calificaba de "principe heredero" a su
hijo Namuncura, según cuenta Schoo Lastra (1). Aquel jefe, o mismo que
Pincen, Mariano Rosas o Yanquetruz trataban de igual a igual a las
autoridades provinciales y muchas veceds derrotaron a las tropas argentinas
en batallas formales. Tal era la importancia dada por el estado nacional a
las relaciones con ellos que en la epoca de Rosas estaban  reservados a
este, como Encargado de las Relaciones Exteriores, la conclusión de los
tratados de paz y prohibida su firma a los gobernadores.
Aunque estas tribus realizaban un minimo de tareas agrícolas, en realidad la
base de su economia eran el abigeato y la comercializacion de la hacienda
robada. El malon era el "instrumento de producción" absolutamente
preponderante: salvo el caso de partidas sueltas de "indios pobres", no
sujetos a la disciplina tribal, no se trataba de "hurtos famelicus" los
realizados, sino de una verdadera "industria sin chimeneas" a gran escala.
Los ganados robados por decenas de millares a los esforzados criadores
criollos de la frontera eran engordados en sitios especiales -como las
"estaciones de Tandil en la provincia de Buenos Aires, Cerro de los Viejos
en La Pampa, Malargue en Mendoza o Ruca Choroi en Neuquen- y luego
conducidos en grandes hatos por trayectos y rutas regulares hasta la
frontera con Chile, en donde eran vendidos(2). Los comerciantes, hacendados
y traficantes de armas y alcohol chilenos impulsban decididamente esta
actividad "delictiva-industrial" y el gobierno transandino la fomentaba con
su tolerancia complice, con vistas a su política expansionista sobre la
Patagonia argentina.
Esas tribus -y sus actuales representantes indigenistas- mal podian invocar
su carácter de "dueños de la tierra". Habian comenzado su penetración
organica y continuada a territorio argentino desde Chile a principios del
siglo XVIII, pero losn pobladores de la frontera y los soldados, oficiales y
jefes criollos de la Conquista del Desierto -con excepcion de Fotheringham
que era ingles y de Nicolas Levalle que era italiano y de algun otro- no
tenian menos titulos como argentinos. Sus ancestros se remontaban a la misma
o una mas antigua epoca.
Si pampas, ramqueles y manzaneros eran "dueños de la tierra " lo eran solo
en un sentido meramente metaforico, porque unos cuantos miles de indios
dispersos y errantes no podian tner un dominio efectivo y eficaz de la
pampa- teatro de sus correrias- ni tenian derecho a tenerlo, por que eran
como el perro del hortelano: ni hacian producir a la pampa ni dejaban que
otros lo hicieran.
La Pampa y la Patagonia no tenian como propietarios exclusivos a los
indigenes: ellas eran "de todos" los argentinos, indios y criollos o hijos
de inmigrantes, de los que la ocupaban y de los que esperaban. Los primeros
no podian excluir a los segundos del uso y explotación de una superficie
inmensa, que alcanzaba para todos.
La conquista del desierto era una necesidad historica. Las tentativas de una
accion civilizadora pacifica, en la que habian sacrificado sus vidas
jesuitas y franciscanos en los siglos anteriores, habian fracasado porque no
tenian en cuenta que los indios no sometidos aun estaban en otro estadio de
la organización social. Se encontraban en la etapa pre-agraria y
pre-alfarera, tronchados los germenes en un escaso desarrollo agrícola, al
nivel de cazadores-recolectores (incluyendo el robo de ganado como una
novísima forma de "caza") Desprovistos de habitos de trabajo, de disciplina
laboral y de conocimientos adecuados como los que tuvieron, por ejemplo
guaranies y comechingones, eran solo nomades y guerreros. Contra esa
naturaleza social de las tribus se estrellaban todos los esfuerzos por
inculcarles formas mas elevadas, que solo podian ser producto de una larga
evolucion que la nación no podia esperar sin el peligro cierto de
empobrecerse económicamente, perder la Patagonia a manos de Chile o ver
surgir asomados a su frontera nuevos Estados barbaros sometidos a la tutela
imperialista. Esto ultimo ya lo habia iantentado el frances Aurelio Antonio
Tounen, alias "Orllie-Antoine I", rey de Araucania y Patagonia, en 1860/70.
De alli que las expediciones de Roca y sus hombres se encuentren
historicamente justificadas. La Conquista era necesaria, No, por supuesto,
los abusos contra los vencidos que siguieron a ella. Muchos hombres de la
Generación del Ochenta, en la prensa y en el Parlamento -Aristobulo del
Valle, Juan Carballido, Mariano Demaria, Lucio V. Mansilla...- hicieron oir
sus voces contra tales abusos (3). No era necesario que los indígenas
derrotados fueran incorporados por la fuerza a las filas del Ejercito o de
la Marina, o enviados como peones serviles a los ingenios de Tucuman y los
quebrachales de Santiago, ni que las "chinas" capturadas se distribuyeran
como sirvientes entre las familias acomodadas de Buenos Aires o de Rio
Cuarto, o que los valerosos jefes indios fueran encerrados por años en
Martín Garcia, rodeados de agua en vez de pampa. No era necesario
despojarlos de las tierras que precisaban para desarrollar una vida digna ni
que se les considerara argentinos de segunda clase. La concepción pergeñada
en relacion al Paraguay vencido en 1869 por el canciller Mariano Varela -"La
victoria no da derechos"- si era aplicable a los paraguayos, lo era tambien
a los indígenas argentinos.
Pero, lamentablemente, "la historia avanza por su lado malo", como decia
Hegel. El progreso agropecuario se logro al precio de la derrota no solo de
los indios, sino del conjunto del pueblo argentino: de los ocupantes
criollos de la frontera y de los jefes, oficiales y soldados argentinos que
recibieron por su esfuerzo de guerra titulos al portador que la necesidad
les obligo a enajenar por monedas a acaparadores y latifundistas. Como bien
dice Luis V. Sommi, estudiando los titulos de propiedad de la tierra publica
no se ve que figuren entre ellos el legendario y valeroso coronel Conrado
Villegas, ni el humanitario Comandante Manuel Prado, partidario de la
conquista pacifica del Desierto, ni tantos otros apellidos que figuraron por
años en las listas de combatientes. Con razon escribio el mismo Prado:
"¡Pobres y buenos milicos! Habian conquistado 20.000 leguas de territorio y
mas tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador
que la adquirio sin mayor esfuerzo y trabajo, muchos de ellos no
hallaron -siquiera en el estercolero del hospital- rincón mezquino en que
exhalar el ultimo aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y verdadero
patriotismo" (4) Ellos no tuvieron ni aun el consuelo que los virtuosos
franciscanos brindaron a los indigenes despojados de todo. La oligarqui
argentina, casta parasitaria, codiciosa y cruel, habia triunfado en toda la
lineas y habia aprovechado los mejores frutos de la Conquista del Desierto.
Sin embargo, esta situación -que llega hasta hoy- no autoriza repudios
ridículos, como los propuestos por los indigenistas extremos, de voltear en
el Sur las estatuas de Roca -constructor del estado nacional y asegurador de
nuestro espacio soberano- o del Perito Moreno, defensor de sus fronteras,
descubridor de sus potencialidades naturales y amigo de Sayhueque. Es un
reduccionismo absurdo identificar a dirigentes, militares y científicos con
la clase social que se aprovecho sordidamente de sus esfuerzos, aunque
algunos de ellos hayan conseguido integrarse a ella.
Tampoco autoriza a tomar partido, retrospectivamente, por los salvajes
contra quienes nos dieron Patria y Cultura -la misma cultura que les permite
escribir contra ellos-. Si uno lle los juicios criticos de los
indigenistas -jhistoriadores, antropólogos y sus divulgadores- advierte la
carencia de sentido historico de sus afirmaciones y la naturaleza unilateral
y mezquina de las mismas. Antidialecticos, miopes, para estos ideólogos
gratos al establishment todo se reduce a un unico concepto explicativo:
"Genocidio". Es cierto, en el lapso que va de 1820 a 1882 murieron (fueron
"asesinados" marcan ellos) 7.598 indios, según el prolijo inventario de
Martinez Sarasolas, pero se olvida poner el mismo énfasis en señalar que, en
el mismo periodo, los malones causaron mas de 3.200 victimas entre la
población "blanca" (5). ¡No eran mancos los slavajes con chuza! Añadamos,
para ir reduciendo los mitos que adornan el tratamiento del asunto, que
tambien las tribus utilizaban en su resistencia el Remington, cuyo parque
iba creciendo merced al aprovisionamiento de hacendados y traficantes
chilenos. Todo con el agravante de que la mayor parte de los muertos
indígenas eran indios de pelea, mientras que entre los criollos lo eran
mujeres, niños y trabajadores pacificos de la Frontera. Recordemos que
durante la llamada "Invasión Grande" de Calfucura a la provincia de Buenos
Aires a fines de 1875, solamente "en Azul -dice Juan Carlos Walter- 400
vecinos fueron asesinados, 500 cautivados y los indios arrearon unos 300.000
animales" (6).
Y si uno lee con mas atención aun a los teóricos etnopopulistas, advierte
tras las lineas que escriben -vergonzante, reprimido pero palpable- el deseo
infantil de que los indios hubiesen vencido en su puja secular contra "los
malos" (paisanos y soldados criollos). ¿Acaso porque las poblaciones
indígenas de nuestras grandes llanuras eran pueblos sometidos o explotados,
que merecen solidaridad retrospectiva en su resistencia? Si este es el
motivo, estamos en presencia de un error romántico: araucanos, pampas,
manzaneros, ranqueles, no estaban sometidos a una opresión nacional ni a una
explotación de clase, que exigen -cualquiera de ellas- el control efectivo
de una estructura dominante sobre la población y/o las riquezas de otra. Los
salvajes estaban fuera de la estructura economica y política de la Argentina
criolla -aunque se contactaran con ella en la linea de Frontera- porque
tenian su propia estructura sopcial independiente, todo lo primitiva,
violenta y dispersa que se quiera, pero independiente de la otra. La
soberania argentina sobre las pamapas y las soledades patagonicas era
puramente nominal.










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