Wal-Mart Comes To The French Quarter

Tony Abdo aabdo at SPAMwebtv.net
Tue Aug 15 00:52:32 MDT 2000


No, Comrades, it's just a bad joke.       Wal-Mart is not going to
construct a new 'superstore' in the French Quarter of New Orleans.
That would be just plain irresponsible, and down right depraved.

Lucky for us, Wal-Mart has decided to head south to the historic city of
Merida in The Yucatan, instead.      No big deal, Mexico has all sorts
of historical places.      All we have in the US is the French Quarter,
and maybe downtown Kansas City.       So Wal-Mart, being the
All-American company that they are, has decided not to build
inappropriately next to Lafayette Square- New Orleans, but to construct
in some dump called 'el Paseo de Montejo'.      Thank God that Cancun is
safe.

To those unable to read Spanish, I will give you the highlight of the
article below.    That's the comparison of how Ceaucescu destroyed
national monuments in favor of his own personal style of architecture.
Sam Walton must be proud of this new accolade!     To be compared in the
same breath as Romania's favorite son!        Aw, he's probably used to
such praise by now?

Tony Abdo
---------------------------------------------------     Carlos Castillo
Peraza
Un llamado a Wal-Mart

Ceaucescu, el tirano que asoló a los rumanos durante tantos años y
acabó tan mal, dedicó no pocos esfuerzos y muchos recursos a
destruir, por arrasamiento, los monumentos y edificaciones que ayudaban
a constituir la memoria de sus compatriotas. Especialmente, su ferocidad
aniquiladora la emprendió contra las construcciones que evocaban el
cristianismo de su pueblo. En lugar de las venerables cúpulas, y no
siempre, puesto que no le alcanzaron el tiempo ni los recursos, hacía
alzar palacios sin gracia ni raíces.Algo semejante han venido haciendo
los turcos en la parte de la isla de Chipre que tienen ocupada manu
militari desde hace años. Para someter culturalmente a la población,
han derruido sus recuerdos bizantinos y ortodoxos como prólogo para
otomanizarla. Los ejemplos análogos, a lo largo de la historia, son
innumerables. Pueblo amnésico de sí mismo es pueblo a la merced de
cualquier moda que por allí pase, sobre todo si la efímera novedad
camina sobre el poder económico o político en turno.

Mérida, mi ciudad natal, es comunidad con probadas y queridas
raíces. Su sabor humano más que peculiar es mezcla de guisos,
árboles, melodías, edificios, calles, modales, tratos, costumbres y
prácticas arraigados en el pasado y en el recuerdo de éste, presente
en sus habitantes. Mérida, gracias a este patrimonio multifacético,
es una ciudad que civiliza, que enseña a vivir en ella misma, en tanto
que civis, de un modo respetuoso, romántico y hospitalario. Por eso,
en la actualidad florece allí un regionalismo especial, de reciente
cuño, frente a los mexicanos de otras latitudes que buscan ahora en
ella residencia tranquila y vida apacible, y que a veces violentan el
ritmo y el estilo de sus pobladores. No es un localismo "anti", sino
solamente a la defensiva, es decir, de preservación de lo propio,
porque quien renuncia a lo suyo no favorece la pluralidad: ésta no
existiría si cada singular abdica a su ser. Tampoco es impermeabilidad
a lo externo, a lo otro: es lucha serena por la complementariedad y
contra el avasallamiento.

Parte entrañable y medular de la memoria de los meridanos es el Paseo
de Montejo, inútilmente rebautizado hace bastantes lustros, en nombre
de cierto indigenismo entonces a la moda, como "Avenida Nachi Cocom". La
vía no llevaba a ningún lado: era un sitio, como lo indica su
nombre, para pasearse, como lo fue también el Paseo de las Bonitas o
Alameda, hoy devastado, sito en los alrededores del viejo edificio de
Correos.

Como otras veces antaño, el Paseo de Montejo corre el riesgo de ser
deformado con la erección, en una de sus más amplias glorietas, de
un supermercado. El extenso terreno sobre el que ya se alzan las
estructuras metálicas que darán abrigo a un establecimiento de la
firma Wal-Mart, es contiguo a uno de los más preciados edificios del
Paseo y de la ciudad: el de la Escuela Modelo, obra maestra del civismo
de la añorada Liga de Acción Social, vivero de maestros ejemplares y
semillero de ciudadanos y profesionales destacados.

No es la primera vez que se agravia al Paseo de Montejo. No han sido
pocos los dueños de casonas magníficas que las vendieron como
terrenos para la construcción, en lugar de aquéllas, de hoteles
horrendos y comederos de pésimo gusto arquitectónico. Propietarios y
autoridades meridanos llevarán sobre los hombros la vergüenza de
haber permitido, si es que no propiciado y hasta usufructuado,
semejantes delitos de lesas memoria, cultura y belleza. Lo peor es la
precaria legislación al respecto que ofrece el amparo de la ley a los
depredadores.

(Cabe aquí rendir homenaje a las familias y a las empresas que
quisieron proteger el carácter histórico y civilizatorio, hoy fuente
de atractivo turístico, de muchas casas señoriales: supieron
entender que, más allá de la ley escrita, hay valores superiores a
ésta, que no todo lo legal es justo ni necesariamente bueno.)
Extraña, en consecuencia, que una firma seria y cuidadosa como
Wal-Mart se acoja sólo a la ley para continuar el desfiguramiento del
Paseo de Montejo, máxime si se piensa —como han señalado
destacados empresarios yucatecos— que el predio de referencia queda
fuera del área de previsible crecimiento de la ciudad y, por tanto,
sin futuro comercial promisorio en el largo plazo. Extraña, así
mismo, que tal compañía ignore o soslaye el parecer y el sentimiento
de numerosos meridanos y no pocos mexicanos de otros estados, quienes
han hecho público el sentimiento de agravio que les genera la
instalación —cuya legalidad es casi inobjetable— del supermercado
en tal sitio. Esto no es entrar en Yucatán por la puerta grande. Es
asaltar a su capital con el ariete destructor, odioso, de quien cuenta
con ejército propio leal y quintas columnas interiores desarraigadas
de su propia tierra.

Nadie negará que las superficies y los volúmenes, en general, pueden
ser propiedad de particulares ni que éstos tienen derecho de hacer con
aquéllos, dentro de la ley, lo que mejor les parezca. Sin embargo, en
particular, hay espacios y masas que no son sólo eso, sino que, por su
pasado, su ubicación, su figura y su magnitud, adquieren
características de tiempo. Dicho de otro modo, forman parte del ayer
común a todos los habitantes de una ciudad, de la memoria de éstos,
del tejido de recuerdos que constituyen a la comunidad misma. Los
espacios y los volúmenes que son tiempo no pueden ni deben ser
propiedad privada, porque son patrimonio público, historia
comunitaria, raíces comunes, materia prima del ser-pueblo que, a su
vez, permite formular los proyectos y cuajar las esperanzas colectivas.
Nadie puede ser dueño del tiempo pretérito de todos. Es por esto que
muchos meridanos, unidos por nuestras raíces y nuestra voluntad de
ser, hemos pedido a Wal-Mart que, más allá del derecho que pueda
asistirle para instalar su tienda en el Paseo de Montejo, renuncie a
hacerlo: si persiste en su intento, nos privará de un tramo de nuestra
memoria, de nuestro ser, y hará menos civilizada y menos civilizadora
a nuestra ciudad, lo que podría llegar a ser malo también para
Wal-Mart.

Wal-Mart no es una empresa yucateca ni de yucatecos. Sí lo son, duele
decirlo, los dueños del terreno sobre el que ya crecen las naves
comerciales. Es una vergüenza tener que apelar a la conciencia de los
de fuera, visto el apetito voraz de los de adentro, insensibles al
pasado común, para salvar el Paseo de Montejo. A pesar de todo, es
preciso insistir para que, si el proyecto se detiene, no sea sólo por
la benevolencia de los foráneos: la familia Abraham tiene también
alguna palabra que decir al respecto, y los defensores del Paseo de
Montejo les repetimos: no atenten contra algo que es tan suyo, tan de
todos ni contra el tiempo de la comunidad entera a la cual pertenecen y
que ha querido y sabido acogerlos, respetarlos, aceptarlos, y sustentar
sin titubeos su innegable talento empresarial y su visible riqueza.
Mucho menos presionen, gracias a ésta, a los meridanos que han dado la
cara en contra del arrasamiento de los recuerdos compartidos: no todo
está en venta en nuestra ciudad, y los jóvenes que han protestado
públicamente contra lo que está en curso muestran que lo que ahora
es sólo manifestación de disgusto e invitación al actuar
consciente, podría transformarse en resistencia legal y pacífica
contra el atentado en germen.

La autoridad municipal se encuentra en un brete. Por un lado, está la
legalidad que debe respetar y los derechos que no puede violentar. Por
otro, sus deberes para con la historia y la cultura, precisamente este
año en que Mérida es capital americana de aquélla. Pero sin lugar
a dudas cuenta con instrumentos para evitar lo peor: el Instituto
Nacional de Bellas Artes ha expresado parecer en contrario —lo que es
honroso para éste y esperanzador para los meridanos— y algo es
todavía posible.

No es dable saber ahora si Wal-Mart será capaz de respetar a los
meridanos. Ojalá lo sea. Cada día que pasa parece menos posible que
los propietarios del terreno morigeren su apetito mercantil. No se ve
cómo las autoridades podrían detener legalmente la devastación del
paisaje urbano del Paseo de Montejo. Pero esta lucha hay que darla
aunque sea para que, mañana, no estemos entre los que serán
increpados por haber tolerado en silencio despropósitos de
comerciantes y tibiezas de autoridades.

Sobre todo, hay que hacerlo para que cambien las leyes y, aunque no
fuese así, para que cada día sea más difícil a cualquiera —con
dinero y poder— agraviar a la ciudad de Mérida y a sus habitantes.

Es penoso reconocerlo, pero éste es un llamado a una empresa
trasnacional para que haga lo que algunos meridanos no han podido o no
han querido hacer. De parte de Mérida, ciudad que se niega a ser
asfixiada por un "progreso" sin cuidado por ella, por sus habitantes,
por su historia.














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