Nezavisnost (Spanish), Part I

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Thu Dec 14 08:40:13 MST 2000


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INFORME SOBRE SERBIA Y EL SINDICALISMO INDEPENDIENTE

Introducción

Este informe corresponde al viaje realizado a Belgrado y otras ciudades
del sudoeste de Serbia, durante los días 7 al 14 de noviembre de 2000,
invitado por el sindicato independiente del Metal Nezavisnost a través
de su presidente Milan Nikolic.

En este viaje pude visitar cinco fábricas (Valjaonica Bakra, de metales
de color; FAP, de cambios de camiones, tractores y buses; Vatrosprem,
material antiincendios; IKL, rodamientos; FSU, señalizaciones de tráfico
y trenes) y asistir en ellas a reuniones del sindicato y también de los
trabajadores. En la mayoría de ellas después de la visita y entrevistas
con miembros del sindicato hubo también una entrevista con el director
de la fábrica. Además de las reuniones de fábricas y sindicalistas del
metal, tuve la ocasión de entrevistarme con sindicalistas de las ramas
de transporte, de correos y telecomunicaciones, y de la alimentación. En
el último día de mi estancia tuve asimismo una entrevista con los
dirigentes del Sindicato oficial de la rama del metal.

Aparte de las visitas y entrevistas sindicales, tuve también la ocasión
de entrevistarme con algunas importantes organizaciones que cuentan hoy
con un peso en Serbia. Así me entrevisté con uno de los dirigentes de
una de las ONG más reconocidas, que cuenta con años de experiencia,
Civic Iniciatives; también me entrevisté por dos veces con portavoces
del movimiento más importante de juventud de Serbia, que fue decisivo en
las movilizaciones que desenlazaron en la caída de Milosevic, OTPOR (que
quiere decir Resistencia); también con dirigentes del Partido y de la
Juventud Socialdemócrata; finalmente pude tener una breve entrevista
telefónica con una de las portavoces de Mujeres de Negro debido a que
estuvieron de gira por el interior de Serbia.

La situación social y económica de Serbia

Antes de entrar en la situación política, muy agitada en estos momentos,
y en la propia situación sindical, creo conveniente dar unas pinceladas
sobre el conjunto de la situación económica que observé y la consecuente
situación social que de ella se desprende.

Serbia es una nación rica, industrializada, bañada por ríos caudalosos
como son el Danubio y su afluente el Sava. Tiene no sólo industria, sino
también agricultura, en particular en la autonomía de Voivodina,
considerada como el granero de Serbia. La capital Belgrado es una ciudad
con concepción moderna, con gente muy abierta, y carácter parecido al
mediterráneo. El cruce de culturas en la propia capital es algo
inherente que se ve en las comidas, las canciones. La llegada forzada de
inmigrantes serbios de otras regiones a la capital (más de un tercio),
producto de las guerras, ha creado un poco de desequilibrio.

Sin embargo la economía de Serbia estaba integrada dentro de las demás
de la antigua Yugoslavia. Mucha parte del mercado y de la propia
producción ha quedado cercenada a partir de las guerras. Estas han
afectado la planificación industrial, el declive de la proyección que
tenían hacia otros mercados foráneos y, por supuesto, el intercambio
entre las antiguas repúblicas. Baste ver cómo muchas relaciones
familiares y de amistad entre serbios, croatas, bosnios, albaneses, han
quedado prácticamente cortadas por imposibilidad de viajar de unas
naciones a otras. O el turismo interior, de las playas hacia las
montañas y viceversa, también.

Otro elemento importante, señalado en todas las entrevistas y reuniones
realizadas con los sindicalistas, son las sanciones económicas
occidentales hacia Serbia. La mayoría de los sindicalistas empiezan su
discurso por "antes de las sanciones teníamos una producción de tanto,
pero después hemos caído a la mitad o menos..." Ni que decir tiene que
los directores de fábrica coinciden con esa parte del discurso.

La población asalariada es la gran mayoría. Formalmente nadie o casi
nadie está parado. Sin embargo en la mayoría de las fábricas sólo
trabaja la mitad o hasta un 60% de los obreros como máximo. Los que
trabajan ganan hoy entre 100 y 150 marcos alemanes por mes ( un marco=85
pesetas). Los que no trabajan cobran una especie de subsidio miserable
que oscila entre los 10 y los 50 marcos mensuales. Hace diez años esos
mismos obreros cobraban 1.000 o 1.500 marcos al mes, diez veces
más. Iban de vacaciones al mar Adriático, en la costa croata o
montenegrina. Ahora las vacaciones se hacen en casa, se visten los
trajes de antaño y se hacen las reparaciones de casa más urgentes y
menos costosas, el resto se deja para más tarde.

La sensación de que se retrocedió en el tiempo, en el progreso, es
palpable.  La pérdida de Yugoslavia produce en el ciudadano serbio un
amargo sentimiento de fracaso y derrota respecto a esperanzas sociales
más avanzadas. En las conversaciones, el declive y ruina económica van
unidos al hecho de que Serbia se ha ido quedando cada vez más sola, con
el resto de repúblicas girándole las espaldas. Muchos de los que viven
en Serbia son, sin embargo, de origen croata, montenegrino,
bosnio. Están casados y casadas con hombres y mujeres de otras
nacionalidades. Por ello mismo un 30% renunciaron a su antigua
nacionalidad originaria y tienen en su pasaporte "nacionalidad:
Yugoslavo".

Pero si la situación social y económica se ha deteriorado para la enorme
mayoría, también es una evidencia insultante que a una pequeña minoría
les ha ido de maravillas. Precisamente los años de privaciones, de
sanciones y casi bloqueo económico, de que el país estaba en guerra, ha
permitido a una élite aprovecharse de su lugar en el poder o cercano a
los círculos de la familia Milosevic, para hacer fortunas. Marko, el
hijo de Milosevic, controlaba una de las redes de estraperlo de
gasolina; y hay quien añade que también de la droga. El ministro de
aduanas, amigo de Milosevic, realizaba fabulosos negocios de
contrabando. Revistas de Belgrado están destapando cada día nuevos casos
de corrupción, como el de una red que introducía medicamentos en mal
estado desde China, que han causado la muerte de varios enfermos,
mientras las empresas estatales farmacéuticas tenían que enviar obreros
a su casa por falta de trabajo. Un paseo por el barrio donde vive
Milosevic es un viaje al lujo: casas enormes con jardín cuidado al
detalle, con vallas y cámaras de video en muchas de ellas, y un coche de
policía cada dos manzanas. Ese conjunto de factores convive hoy en la
revuelta contra el régimen de Milosevic. No es de extrañar que, junto al
Parlamento, la Radio y Televisión, y los cuarteles de policía, la masa
de manifestantes destrozara la céntrica tienda de perfumes de lujo de
Marko.

Los partidos políticos

En Serbia hay en estos momentos una multitud de partidos políticos. La
coalición DOS constaba de dieciocho partidos. La coalición que gobernó
hasta el 5 de octubre pasado contaba a su vez con tres partidos: el
Partido Socialista, de Slobodan Milosevic; la Izquierda Unida Yugoslava
(JUL), de su esposa Mira Markovic; y el Partido Radical, del fascista
Seselj.  En la llamada oposición democrática, DOS, hay viejos líderes de
hace diez años como el promonárquico Vuk Drasgovic, o el representante
más liberal Zoran Djinjic; también hay viejos generales metidos en
política a partir de su depuración por Milosevic hace tres años, con
tendencia socialdemócrata; y hay los que se denominan abiertamente
socialdemócratas: Partido Socialdemócrata, Unión de socialdemócratas,
coalición progresista de la autonomía de Voivodina.

Sin embargo la denominación "partidos" no tiene aún el mismo significado
y carácter que en occidente, por ejemplo. Para empezar, si bien el
mandato de Milosevic no era una dictadura en el sentido clásico, puesto
que concurrían otros partidos, había elecciones (con trampa, pero las
había) e incluso los líderes podían hablar de vez en cuando en los
medios, la propia afiliación y funcionamiento democrático de un partido
era inexistente. Más aún los partidos que han existido hasta hoy no
representan exactamente diferentes clases sociales. Así es posible que
Drasgovic haya pasado de encabezar manifestaciones masivas contra el
régimen a formar parte del gobierno de Milosevic, y luego a criticarle y
salir del gobierno cuando vio que perdía ante la OTAN. Poco después de
salir del gobierno fue objeto de un atentado del que salvó
milagrosamente la vida.

En casi cada partido actualmente hay pues obreros, clase media y
funcionarios partidarios del régimen. En la izquierda socialdemócrata y
progresista predomina lo típico: obreros, estudiantes e
intelectuales. Sólo recién ahora se van dibujando tres grandes
tendencias: la de derecha, en la que estarían Kostunica, Drasgovic, y en
su lado extremo Seselj; la de centro, en la que estaría Djinjic y una
parte del PS de Milosevic; y la de izquierda en la que estarían los
diversos grupos socialdemócratas y una parte del PS (se acaba de
escindir un grupo que se llama a sí mismo también partido
socialdemócrata). Hay quien dice que también hay un espacio para la
extrema izquierda. Con respecto a la antigua coalición gobernante se
aventura que el PS de Milosevic sufrirá un bajón, además de la pugna de
la escisión, que JUL desaparecerá prácticamente, y que el Partido
Radical que agrupa la extrema derecha pasará a ser extraparlamentario.

La mayoría de tendencias señalan que las elecciones del 23 de diciembre
simplificarán y clarificarán el panorama político. Dentro del sindicato
independiente Nezavisnost la mayoría de sindicalistas se declaran "de
izquierda", en general próximos a los socialdemócratas, pero sin tener
una adscripción a un grupo determinado. Otros son partidarios de
Kostunica.  Últimamente, tras el cinco de octubre, empezaban a entrar
afiliados al PS que rompían con Milosevic y con el sindicato del
régimen. Para hacerse una idea, un dirigente de Nezavisnost señalaba que
"en el sindicato tenemos más afiliados que entre todos los partidos de
la oposición juntos".

El sindicato independiente "Nezavisnost"

El primer día, en cuanto aterrizo, voy a la sede del sindicato en
Belgrado.  Me recogen del aeropuerto Aleksandar Todic, secretario del
metal, hombre de unos treinta y cinco años, muy activo y decidido, y
también la secretaria, Vesna. La primera imagen de la sede del sindicato
es de una gran actividad.  Está en el quinto piso de una céntrica calle,
justo detrás de la sede de los sindicatos oficiales. Mientras llega el
presidente del sindicato del Metal veo una frenética actividad: el
teléfono no para, hay reuniones diversas, entran y salen militantes del
sindicato. Hay obreros también que acuden por primera vez, van a
informarse y afiliarse. También hay mujeres, un poco más tímidas, que
van en grupo.

En un primer momento se me pasa por la cabeza que tienen un montón de
miembros del sindicato liberados. La actividad lo justifica, pero ¿de
dónde sale tanto dinero? No concuerda mucho las oficinas, limpias,
organizadas, pero con solo un ordenador y más bien austeras, con tanta
gente liberada. Al final del día, cuando pregunto por el número de
liberados que tienen, me llevo una sorpresa: sólo Vesna, la secretaria,
es pagada como una profesional. Aleksandar recibe una ayuda de unos 65
marcos por mes, pues su mujer trabaja. Ni siquiera el presidente recibe
nada. Es la familia quien le ayuda. ¿Y el resto de gente? Son obreros
afiliados que no tienen trabajo en su fábrica, o delegados del sindicato
que tienen permiso para asistir a reuniones, o gente que va para
explicar sus problemas y afiliarse. El misterio se me aclara.

Nezavisnost es un sindicato que nació en el año 1991, independiente del
poder y de los partidos del poder. Su nacimiento se produce después de
haber intentado los obreros del metal reformar el sistema anterior de
los sindicatos, de intentar que la constitución les reconociera un papel
económico y llegaron a la conclusión de que debían constituirse como un
sindicato independiente del poder. Paradójicamente del ascenso del
movimiento obrero entre los años 88 y 91 se aprovechó un burócrata
desconocido por aquel entonces, quien lo canalizó hacia promesas y luego
hacia la guerra. Era Slobodan Milosevic. En esos años consiguió ser un
dios para los obreros. Los obreros del metal conocieron a otros
represaliados: los periodistas de la Radio y Televisión de Belgrado y
otros medios. 1.100 periodistas fueron despedidos después de las
movilizaciones estudiantiles y de oposición del año 91. Fue entonces
cuando Nikolic, ingeniero metalúrgico, y Canak, periodista de la TV,
decidieron constituir el sindicato "Nezavisnost", que quiere decir
"Independencia". Hoy Canak es el presidente de la Confederación y Milan
Nikolic el vicepresidente, reelegidos en sus cargos por el último
Congreso celebrado el año 99.

Los últimos censos del sindicato, antes de los acontecimientos que
provocaron la caída de Milosevic, daban a Nezavisnost 200.000 afiliados.
Esta afiliación es voluntaria y la debe firmar el trabajador o
trabajadora personalmente, a diferencia de la afiliación con los
sindicatos oficiales, que es una afiliación automática desde que entras
a trabajar en una fábrica o empresa. Pero la situación de Nezavisnost es
ahora de plena efervescencia, de boom del sindicalismo independiente. No
sólo acuden a la sede del sindicato centenares de trabajadores al cabo
del día sino que son llamados los líderes para que vayan a las fábricas,
expliquen en qué consiste el sindicato, den respuesta a sus
preguntas. Yo pude asistir a uno de esas charlas-debate y puedo asegurar
que los obreros y obreras hacían muchas preguntas, a veces por
intermedio de algún abogado de confianza que trabajaba en temas sociales
con ellos. Había otros de los sindicatos oficiales que intentaban
desprestigiar el nuevo sindicato pero al fin eran acallados por los
propios trabajadores y se iba el pequeño grupo. Después de esas charlas
normalmente suele ocurrir que los obreros se reúnen con el promotor o
promotora del sindicato en la fábrica y luego se afilian individualmente
y eligen una comisión de dirección. Los dirigentes de Nezavisnost creían
que el sindicato ya había doblado sus miembros, es decir que serían unos
400.000, pero consideraban que los próximos meses, entre tres y seis
meses, el crecimiento iba a seguir un ritmo muy fuerte.  Los dirigentes
que conozco en los días que estoy, básicamente del metal, pero también
alguno de alimentación y de comunicaciones, me parecen casi todos gente
experimentada. Hay otros que no tanto, que tienen que coger las riendas
del sindicato sobre la marcha. Uno de una fábrica, tornero, recibe
amenazas telefónicas, le han roto el cristal de una puerta del coche, y
su familia está inquieta. Las sospechas recaen hacia un miembro de los
otros sindicatos oficiales. El presidente del metal comenta que esto
ocurre a muchos de los sindicalistas independientes, pero que a este no
le había ocurrido nunca. Sin embargo no se asustan, lo tratan en una
reunión, toman medidas, y siguen. A los dos días visito la fábrica de
este compañero y nadie menciona nada de los incidentes.

Pregunto por los objetivos del sindicato ahora que Milosevic ha
caído. Me cuentan que Nezavisnost participó junto a otras organizaciones
para favorecer la participación en las últimas elecciones y facilitó
militantes para organizar el recuento paralelo. Participaron en todas
las movilizaciones que hubo contra Milosevic desde hace años. Por tanto
su compromiso con el cambio de régimen es claro. En cambio muchos de los
líderes de la oposición democrática no hicieron lo propio pues se
escondían detrás de Milosevic. Lo criticaban por que no ganaba las
guerras, no por que las hiciera.

Nezavisnost es un sindicato ya grande, importante. Posiblemente tenga
tantos o más militantes reales que el sindicato oficial. Sin embargo no
tiene apenas medios. Comentando con Milan Nikolic cuáles eran sus
necesidades acordamos que formalizará una petición expresa, pero me
adelantó: falta de locales (en el local central resulta que hay tres o
cuatro ramas, todas en un mismo piso); falta de formación sindical;
falta de dinero para editar las revistas de rama; falta de móviles... Y
yo añado: falta de ordenadores, pues sólo vi uno, y líneas de
teléfono. Un ejemplo de la precariedad fue que no pudieron darme más de
tres chapas del sindicato pues se les habían terminado. Y diferentes.

La prueba de las guerras

Los peores momentos los pasaron durante las guerras, a las que siempre
se opusieron públicamente. Hay anécdotas que me explican de situaciones
muy delicadas, como cuando firmaron en Zagreb un manifiesto con los
sindicatos croatas diciendo que Croacia tenía derecho a defenderse
cuando Milosevic intentaba arrebatarle la región Krajina, mayoritaria de
serbios. Cuando volvieron a Serbia lo pasaron mal. O cuando llamaron a
boicotear el referéndum sobre Kosova en la primavera del 98 con el que
Milosevic quería justificar su posterior guerra de limpieza étnica. El
lema era aproximadamente: "Serbia es una prisión. Queremos derechos y
trabajo para los obreros y no un referéndum sobre Kosovo". En la
manifestación que convocaron eran unos trescientos y había unos mil
policías rodeándolos, "como en la prisión", me comentaba Aleksandar.

En una entrevista Milan Nikolic cuenta cómo su oposición a las guerras
no fue meramente propagandística. Antes de que estallara la guerra con
Eslovenia trataron de organizar un encuentro con obreros eslovenos y
para ello organizaron varios autobuses para desplazarse allí, pero la
policía lo impidió. Tener una posición beligerante contra las guerras no
fue fácil. El régimen había creado un clima de persecución en el que
todo quien se manifestaba crítico a las guerras era considerado como un
traidor al país, o como un "agente de la OTAN". Todas las organizaciones
que han llevado esta batalla han tenido represaliados: desde las
organizaciones de derechos humanos, las ONG o los movimientos de
juventud por la objeción de conciencia. No es de extrañar pues que el
líder del fascista Partido Radical, Vojilav Seselj, atacara en sus
discursos particularmente a Milan Nikolic y lo señalara como un objetivo
para sus huestes. Milan sufrió un atentado al sabotearle los frenos de
su vehículo que le costó un accidente.  Al final de una bajada se
empotró contra un autobús pero por suerte salió con sólo heridas. En
otras dos ocasiones también le intentaron secuestrar bandas
parapoliciales o la propia policía.

Los obreros y la oposición política

La relación entre la clase obrera y la oposición política ha sido muy
diferente según las situaciones. En general la mayoría de los líderes de
oposición, y en particular los más conocidos, como Drasgovic y Djindic, no
han tenido casi nunca una gran aceptación entre la clase trabajadora ni la
juventud estudiantil.

Varios de estos líderes, como los mencionados, aparecieron ya en las
primeras movilizaciones estudiantiles y populares del 91. Y
constantemente han reaparecido en las siguientes movilizaciones. Pero
las marchas diarias que se hicieron en el otoño-invierno del 96/97
mostraron a los trabajadores y estudiantes que no se podía contar con
tales dirigentes. En efecto, tras un fraude electoral de Milosevic, los
estudiantes se echaron a la calle en pacíficas manifestaciones, pero
masivas y diarias, que iban ganando en amplitud y arrastraban a los
trabajadores. En ese momento los líderes de la oposición no sólo no
animaron a sumarse al pueblo a las manifestaciones, sino que dejaron de
participar en ellas. En los hechos dejaron que el movimiento estudiantil
se consumiera en meses de manifestaciones y el movimiento fuera
decayendo, sin luchar por los resultados que habían conseguido.

La mayoría de observadores sindicales y políticos coincide en que tal
comportamiento de la oposición fue en realidad un reparto más o menos
tácito del poder: la oposición se quedó con el poder de algunas de las
principales ciudades del país, en tanto que Milosevic mantenía el poder
central de la República.

Como consecuencia de esta situación y de la decepción creada por la
oposición a partir del movimiento estudiantil del 96/97 se crea el
movimiento OTPOR (Resistencia). Los líderes de este movimiento luchan
por el cambio de régimen "y del sistema", dicen algunos de ellos, pero
no lo quieren hacer como partido político, sino como movimiento, como
sociedad civil. Es un movimiento joven, que pone su fuerza e ímpetu, a
la vez que se mantiene independiente de la oposición, a la que trata de
"controlar" o de vigilar, a la que le exige que se una frente a
Milosevic, y con la que mantiene una relación de colaboración /
desconfianza.

El sindicato Nezavisnost ha mantenido una excelente relación con OTPOR
desde su inicio, prestándole su ayuda para su constitución y formalmente
sus miembros forman parte de este movimiento.

El 23 de diciembre de 1996 se produjo un cambio importante. Hubo ese día
la confluencia de tres manifestaciones en el centro de Belgrado. De un
lado los partidarios del Partido Socialista de Milosevic, venidos desde
los cuatro puntos cardinales de Serbia, organizados y llevados en
autobuses, para defender la permanencia en el poder de Milosevic. Del
otro la manifestación del sindicato independiente Nezavisnost convocada
para exigir las reivindicaciones mínimas obreras en contra de un
gobierno que mantenía en una situación miserable a la clase obrera con
sus guerras y aislamiento. Y por último la manifestación de los partidos
de la oposición a la que se sumaron los manifestantes de Nezavisnost.

Esta triple manifestación fue, según Milan Nikolic, el principio del fin
de Milosevic. Tras meses de manifestaciones estudiantiles, fue la
expresión pública de que la clase obrera pasaba a manifestarse
políticamente contra el régimen. Un video del sindicato muestra las
caras de asombro de los obreros partidarios de Milosevic al ver cómo los
obreros de Belgrado se oponían a su dios. La manifestación y los
enfrentamientos que hubo ese día causaron más efecto que meses de
programas de televisión y periódicos con información manipulada por
Milosevic. Muchos de los que asistían venían de Kosovo, de ciudades como
Pec, y se encontraron con que obreros y estudiantes, serbios como ellos,
estaban contra lo que se estaba haciendo en Kosovo, contra las guerras,
que defendían los derechos obreros contra la política de Milosevic en su
conjunto. No eran ni espías, ni agentes, ni mafias, sino gente como
ellos. Resultó un shock para los obreros del régimen venidos desde las
provincias.

Las últimas elecciones del 24 de febrero del 2000, en contra de lo que
podría parecer a partir del resultado electoral, no fueron un camino de
rosas para la oposición. Hubo como mínimo dos hechos que contribuyeron a
la victoria de Kostunica. De entrada la clase obrera tenía grandes
reticencias a votar los mismos líderes que ya habían cosechado varios
fracasos y que jamás se mostraban dispuestos a unir sus fuerzas para
hacer frente al enemigo común. Este hecho obligó a buscar a Kostunica,
un líder menos conocido, menos comprometido en anteriores
tentativas. Sin duda era un nacionalista serbio pero no desprestigiado
por la corrupción y los dieciocho partidos que abarcan el abanico que va
desde la izquierda hasta la derecha, aceptaron presentar Kostunica como
signo de unidad. El otro hecho fue que Nezavisnost y la gran mayoría de
organizaciones civiles se decidieron a utilizar las elecciones para
deshacerse de Milosevic. No tanto porque consideraran a Kostunica como
un buen líder sino como la alternativa más realista al más que posible
horizonte de una nueva guerra con Montenegro, y a la guerra civil en la
misma Serbia. La victoria de la oposición en las elecciones era la
posible vía pacífica que quedaba para desalojar a Milosevic del
poder. La oposición firmó un protocolo con las organizaciones sociales
respetando principios democráticos y hubo una plataforma que impulsó la
participación.

Una vez se produjo la campaña a favor de la participación y el pueblo se
orientó finalmente a ir a votar masivamente, las cosas cambiaron.
Inmediatamente Milosevic y todos los dirigentes del régimen se pusieron
a la defensiva, en la propia campaña y tras la votación. A final del día
24 de septiembre alargaba el recuento y no daba datos. Luego aparecieron
datos a todas luces fraudulentos; las organizaciones sociales y la
oposición habían organizado un sistema de recuento paralelo que daba
datos muy fiables y rápidos. Las manifestaciones salieron a la calle
desde esa misma noche y empezaron a mostrar que el clima era esta vez
diferente al invierno del 97: esta vez salían a la calle no sólo los
estudiantes y jóvenes, sino también los obreros, las madres de familia y
mujeres, los ciudadanos en general.  La clase obrera, que había estado
más dividida en anteriores elecciones, esta vez se decantaba masivamente
por el cambio de régimen. La huelga de los mineros de Kolubara fue la
señal de ese cambio. Y tras ellos fueron yendo las demás capas de la
clase trabajadora: los obreros de fábricas, los periodistas, los
maestros junto a los estudiantes, los trabajadores municipales. Todo
ello confluyó con la juventud y con las organizaciones sociales, OTPOR,
Nezavisnost, los jóvenes estudiantes, los objetores, los ciudadanos, en
la concentración del 5 de octubre ante el Parlamento y su toma. Si las
propias organizaciones sociales estaban desbordadas, la oposición
política iba a remolque de los acontecimientos e incluso temerosa de que
aquella revuelta popular se convirtiera en una verdadera revolución sin
control. Milosevic cayó, tuvo que reconocer su derrota finalmente,
después que le fallaron las unidades de policía y el ejército, que no
quisieron el derramamiento de sangre que le pedía su jefe.  La situación
desde ese cinco de octubre está estacionaria. La oposición sigue más o
menos unida para tratar de presentar un frente común contra los restos
de los partidos del viejo régimen. El pronóstico general es que la
antigua oposición va a ganar ampliamente. Los partidos régimen caído,
muy debilitados y divididos interiormente, se debaten entre su reciclaje
o su desaparición. De ellos el que tiene más posibilidades es
precisamente el Partido Socialista de Milosevic ya que era el más
numeroso, el que más obreros tenía y de donde surgen ahora más voces de
gente presta al cambio.  Quieren cambiar el traje de un nacionalismo
gran-serbio, disfrazado con un lenguaje "socialista", por un traje
socialdemócrata de corte occidental.  Como ya se ha dicho, las
elecciones del 23 de diciembre clarificarán el panorama y tanto la clase
obrera como las capas medias empezarán a definir el abanico político más
nítidamente.






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