(Spanish) The working class and the strategic leadership of the National Front

Nestor Miguel Gorojovsky Gorojovsky at SPAMarnet.com.ar
Thu Dec 21 05:16:27 MST 2000


Comrades,

Please find below what IMHO is a very important document by my cde. Osvaldo
Calello, which I am sure those who read Spanish and want to be in tune with
what is going on here at the South of the South will find interesting.

Maybe someone would dare to do a translation?

LA CLASE TRABAJADORA Y EL PROBLEMA DE LA
JEFATURA ESTRATEGICA DEL FRENTE NACIONAL


El actual modelo capitalista, cuyos orígenes se remontan
al programa impuesto por la dictadura de Videla y
Martínez de Hoz tras el golpe de Estado de 1976, y cuya
consolidación fue alcanzada durante el decenio
menemista, ha entrando en crisis durante el gobierno de
la Alianza. La política de este gobierno es la
convalidación plena del régimen de enfeudamiento
nacional y brutal explotación de clase.

La inminencia del crac se ha presentado esta vez como
una crisis originada en el mecanismo de pagos de una
deuda externa, fraudulenta en sus orígenes e ilegítima
en todo momento por el carácter usurario de sus
intereses. Esa deuda ya ha sido pagada ampliamente y,
sin embargo, se sigue acumulando a una velocidad tal que
ha terminado por tornar imposible su refinanciación a
través del circuito habitual de los llamados "mercados".

En definitiva, el "blindaje" piloteado por el FMI y el
Departamento del Tesoro norteamericano, además de
constituir un salvavidas de plomo, ha servido para poner
en evidencia la imposibilidad de seguir sosteniendo los
costos de una estructura económica organizada en función
de los intereses de las fracciones menos productivas o
simplemente parasitarias del gran capital.

La transferencia incesante del excedente económico
generado por el trabajo local, apropiado por los
monopolios extranjeros en el circuito de la especulación
financiera y en las áreas de los servicios públicos
privatizados y algunas industrias extractivas, y
derivado hacia las metrópolis imperialistas, han llevado
a la economía argentina al borde del colapso. La
sobreexplotación de las masas trabajadoras a través de
la depreciación del salario en condiciones de aumento de
la productividad, de la precarización de las condiciones
laborales, de la degradación de las jubilaciones, así
como de las condiciones de salud, vivienda y educación,
que ha impuesto el menemismo y trata de profundizar la
Alianza, no alcanza para sostener ese enorme lastre que
impide, no sólo la reproducción ampliada, sino la mera
reproducción simple del sistema económico. Lo que
durante décadas fue la economía de la dependencia ha
pasado a ser, sin transición, la economía del saqueo.


LA BANCARROTA DEL PROGRESISMO
También el gobierno de la Alianza está en crisis. El
oportunismo político de la dirigencia pequeñoburguesa,
que aceptó todo tipo de condicionamiento para ganarse la
confianza de los círculos tradicionales del poder, se ha
estrellado contra una realidad sombría. Apenas diez
meses bastaron para que los vencedores de octubre de
1999 quedaran sumergidos en una sorda disputa palaciega
que terminó con la salida del gobierno del líder de la
fracción "progresista", agitando las banderas de la
moralidad pública y la transparencia administrativa. Ese
mismo personaje fue el que abogó por una reforma
impositiva contra la clase media y una parte de los
trabajadores, dejando a salvo las ganancias
extraordinarias originadas en la especulación financiera
y en la explotación de las empresas públicas
privatizadas; el que respaldó la precarización laboral
ordenada por el FMI y aprobada mediante la corrupción de
varios senadores; el que avaló la rebaja de los salarios
de los trabajadores del Estado; el que, ocupando la
presidencia, firmó del decreto de apertura de las obras
sociales en beneficio del negocio financiero de las
multinacionales de la medicina privada;  y el que,
erigido nuevamente en tribuno de Palermo viejo trabaja
en favor de la entente entre el gobierno y la derecha
cavallista. A través del discurso y en cada gesto
mediático del Chacho Alvarez, se transparenta toda la
hipocresía y el carácter capitulador de esa dirigencia
de pequeña burguesía, que ha hecho de la divisa del
"progresismo" un simple recurso para enmascarar su
subordinación, sin condiciones, a los dictados de hierro
de un modelo capitalista que tiene por resorte central
la concentración-centralización-extranjerización del
capital y, como contrapartida, la explotación y la
exclusión de capas cada vez más numerosas de la
sociedad.

El empantanamiento del gobierno, la deserción de su
vicepresidente, la crisis de la Alianza, son el
resultado de una marcada impotencia política para
administrar una crisis económica que tiene carácter
estructural. Esta crisis envuelve al conjunto del
sistema partidario-institucional y se ha afirmado como
crisis de representatividad, anticipo de una futura
crisis de hegemonía en el seno del bloque de clases
dominantes. La pérdida de significado del voto a través
de las viejos (y nuevos) partidos tradicionales, el
vaciamiento de todo contenido de soberanía popular de
las instituciones políticas, la reducción del régimen
democrático a mero conjunto de procedimientos rituales,
destinados a enmascarar la reproducción de los intereses
de clase prevalecientes en la sociedad capitalista, todo
eso ha hundido al conjunto de la dirigencia política en
un nivel de desprestigio casi sin precedentes.


EL EJE OBRERO DEL CAMPO NACIONAL
En oposición a las traiciones y el oportunismo del
sistema partidario surgido del campo popular, se erige
la voluntad política de la clase trabajadora. Las
huelgas generales, las movilizaciones, los cortes de
rutas, las tomas de municipios... son la evidencia de
que las líneas de resistencia al modelo se consolidan
desde lo más profundo de la sociedad argentina. Aquí
hablamos de la acción de masas que impulsan la CGT
opositora, la CCC y la CTA, y también de las iniciativas
que llevan adelante las fracciones de autoconvocados. En
esa dirección se inscribe la ruptura de la central
obrera mayoritaria, la configuración de una central
sindical combativa, organizada en torno a los gremios
del transporte, la UOM y el SMATA, y su consecuencia
directa: la articulación de un polo obrero diferenciado
de la burocracia acuerdista de los grandes aparatos
gremiales, y en línea de acuerdos tácticos con las otras
dos corrientes, la CTA y la CCC.

Esa acción de masas es el punto de partida para la
reconstrucción de un Frente Nacional de marcado sesgo
antiimperialista y antimonopolista. En esa dirección
convergen los intereses de las grandes masas
trabajadoras, de los contingentes de desocupados y
marginalizados, de la pequeña burguesía urbana y rural,
cuyos hijos han sido transformados abruptamente en los
"nuevos pobres" del sistema, de la baja burguesía
arruinada por presión brutal del proceso de
concentración económica en favor del capital
monopolista. Una inmensa mayoría de la sociedad
argentina está en abierta contradicción con el modelo
construido según las exigencias de hierro de la banca
imperialista y la gran burguesía local.

Pero esa reconstrucción, que ha adquirido una
importancia decisiva para salir al cruce de la crisis,
es una tarea de orden estratégico: incluye y al mismo
tiempo trasciende los límites de la lucha sindical, aún
de la lucha sindical que hace punta en el
cuestionamiento del modelo y en la denuncia de la
fraudulenta deuda externa. Se trata de algo más que de
la politización de las reivindicaciones económicas. Se
trata, antes que nada, de una formulación política desde
una posición obrera independiente, es decir en oposición
a los partidos del régimen, incluidas las variantes
continuistas de la dirigencia del PJ. En este sentido,
la suerte de un realineamiento de las fuerzas nacionales
y populares está vinculada con los avances que registre
la organización de un sistema de cuadros políticos con
centro de gravedad en la clase trabajadora, incluidas
las amplias capas de desocupados cuyas líneas avanzadas
se reagrupan según una experiencia de clase que perdura.

La promoción de una representación obrera a la jefatura
del Frente Nacional tiene que ver con el sesgo que la
lucha de clases ha adquirido en el presente período.
Esto es así porque la contradicción de naturaleza
nacional que enfrenta al conjunto del pueblo con el
imperialismo y sus socios nativos, está cada vez más
estrechamente articulada a una contradicción de clase,
agudizada como nunca por las brutales formas de
explotación que practica el capital monopolista. Bajo
estas condiciones un programa de contenido nacional-
democrático no puede sino ser formulado en abierto
desafío a la garantía de "seguridad jurídica" para las
corporaciones imperialistas que asfixian a la economía
argentina, es decir al régimen de propiedad.


LAS VERDADES DE LA GLOBALIZACION
Este entrelazamiento de las tareas de la revolución
nacional con las de la revolución social establece un
nuevo balance de fuerzas en el campo popular.
La burguesía nacional, comprendidas todas las variantes
políticas de nacionalismo burgués, no tiene programa
para afrontar la crisis capitalista que sacude a la
sociedad argentina y, por lo tanto, no alcanza a definir
una política para aglutinar el conjunto de las clases
expoliadas por sistema de la globalización imperialista.
Sus posibilidades quedaron clausuradas definitivamente
tras el golpe de Estado de marzo de 1976. La irrupción
político-militar que derrocó al gobierno peronista fijó
los cimientos de un nuevo patrón de acumulación del
capital, y procedió a reorganizar el bloque de clases
dominantes, saldando las diferencias internas de las
décadas de los 50', 60' y parte de los 70', bajo la
hegemonía del capital monopolista.

El inicio del desmantelamiento de la estructura
económica del Estado, consumada plenamente durante la
década infame menemista, de la liquidación de segmentos
enteros de las ramas industriales, y la subsiguiente
desproletarización y erosión de las organizaciones
sindicales, fueron la manifestación local de un proceso
que transformó el funcionamiento del capitalismo a
escala mundial. La liquidación del patrón laboral en el
cual el keynesianismo inscribió la relación
capital/trabajo, y su sustitución por las formas más
salvajes de explotación, llamadas "flexibilización"; la
nueva fase en la exportación de capital que reorganizó
líneas centrales del proceso productivo e integró aún
más a una parte de las burguesías de los países
dependientes al ciclo metropolitano de acumulación del
capital, y la apertura comercial y financiera
irrestricta de las economías atrasadas al capital
monopolista de los países centrales, transformaron la
relación de fuerzas en la periferia del sistema, al
punto de dejar sin margen de maniobra a las
tradicionales políticas reformistas.

Las condiciones objetivas favorables al mantenimiento de
un equilibrio político (inestable) entre los intereses
de la burguesía nacional, y en sentido más amplio entre
los intereses de todas las expresiones orientadas en el
sentido de un capitalismo independiente, y el bloque
oligárquico-imperialista, presentes en el período que va
de mediados de la década del 40' a mediados de los años
70', han desaparecido en la etapa iniciada por los
golpistas del 76', y continuada por el alfonsinismo, el
menemismo y el aliancismo. Respecto al cerrado giro de
la situación en la última década, basta señalar el
control alcanzado por parte del capital extranjero en el
sistema bancario, su predominio en  reas claves de la
rama de servicios e infraestructura, así como en la
industria de la alimentación y en las ramas extractivas,
para comprender el pronunciado desnivel que se ha
producido en el balance del poder. Sustancialmente,
concentración y centralización del capital han resultado
equivalentes de extranjerización de las palancas de
mando de la economía argentina.


LA DIRECCION DEL FRENTE DE CLASES
Bajo otras circunstancias, remontar este cuadro de
situación sería una misión que debería afrontar el
capitalismo nacional con sus propias fuerzas. En el
período actual el problema se plantea en otros términos.
Aún un programa burgués avanzado, en presencia de la más
férrea dominación imperialista, exige de métodos
revolucionarios y de una clase social decidida a
imponerlos. Por ejemplo, salir de la convertibilidad,
que no es en sí una tarea revolucionaria aunque sí
imperiosa, es altamente improbable sin medidas tales
como el control de cambios, el pasaje de una parte de la
deuda interna en dólares a pesos, la nacionalización de
la banca extranjera y del comercio exterior, etc.;
medidas que ponen en cuestión la "seguridad jurídica"
del capital imperialista y afectan el sistema de
relaciones de propiedad consolidado. Pero sin dar ese
paso, no hay manera de quebrar la relación de fuerzas.

Sin embargo, más allá de cualquier circusntancia
táctica, en el plano estratégico una perspectiva
semejante supera el horizonte ideológico de la burguesía
nacional. Su expresión más influyente, el Grupo
Productivo, integrado por la UIA, la Cámara de la
Construcción y Confederaciones Rurales, apenas si
sostiene un programa destinado a equilibrar las cargas
dentro del modelo, intentando cobrarle parte de los
costos a las fracciones del capital improductivo
radicado en el circuito financiero de los bancos y la
Bolsa, y en las empresas de servicios privatizados. Pero
al mismo tiempo, coincide  con esas fracciones en un
interés de clase fundamental respecto a la clase
trabajadora. No es casual, por ejemplo, que la UIA
conserve como principal asesor laboral a Daniel Funes de
Rioja, el mismo que argumentó durante años en favor de
las exigencias del Grupo de los Ocho, campeón de la
"flexibilización" a ultranza en las relaciones entre el
capital y el trabajo.

Fuera de ese círculo de industriales, constructores y
medianos ganaderos, organizado en torno al gran capital
local, el campo de la burguesía nacional se extiende
entre las capas bajas de un empresariado triturado en el
brutal proceso de concentración, sin capacidad política
para levantar un programa propio.
En consecuencia, el presente encuentra a la clase
trabajadora, como nunca antes, en el centro de gravedad
de un amplio frente de clases. La formidable presión de
la crisis más profunda que ha conocido la Argentina
contemporánea ha hecho su trabajo, provocando
reacomodamientos moleculares en la base de la sociedad.
Sin embargo, la articulación en el plano de la lucha
política de un frente de esa naturaleza depende, en
grado decisivo, de la iniciativa que los cuadros
avanzados de la clase trabajadora, organizados
políticamente con total independencia de los partidos
enfeudados al sistema de la dependencia, logren
desplegar.

Patria y Pueblo
Diciembre del 2000




Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky at arnet.com.ar





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