L-I: El Conteo- Porque Una Victoria PRI-ista Faltara Toda Credibilidad

Tony Abdo aabdo at SPAMwebtv.net
Sun Jun 11 19:46:31 MDT 2000


Diccionario Electoral
Junio 5 del 2000
HORIZONTE POLITICO
Jose Antonio Crespo crespo at netservice.com.mx
PARA MANCHAR LA ELECCIÓN

Algunos especialistas nos advierten que incluso las encuestas más
confiables deben tomarse con reserva, pues existe una buena reserva de
sufragio priísta que – dicen – no siempre queda fielmente
reflejado; el famoso "voto verde". Podrían de pronto aparecer en los
resultados oficiales más votos priístas de los que detectan los
sondeos. Pero justamente ahí radica un espinoso problema para el PRI.
Si en verdad dicha franja oculta de electores es capaz de darle un
triunfo a Labastida ¿cómo hacerlo creíble a todos aquellos que
voten en su contra, si la diferencia respecto del segundo lugar es
reducida? 

La política en general, y las elecciones en particular, están
confeccionadas no sólo de realidades palpables, sino también de
percepciones y símbolos. De modo tal que, aunque pocos ponen en duda
la nueva autonomía y eficacia de las autoridades electorales, se sabe
que hay ámbitos en donde pueden todavía cometerse algunos
ilícitos, y que podrían ser suficientes para poner en entredicho un
veredicto cerrado. Pero la duda sobre la limpieza de la elección esta
siendo sembrada... por el PRI. 

Por ejemplo, Labastida puede integrar a su equipo de campaña a quienes
considere adecuado, así muchos de ellos se hayan ganado a pulso la
fama de alquimistas y defraudadores electorales. Tiene Labastida todo el
derecho a ello, pero debe afrontar las consecuencia en términos de
credibilidad. Manlio Fabio Beltrones, recién incorporado a la
campaña, advirtió sin tapujos: "En los dos meses que faltan para la
elección, vamos a echarles la maquinaria como nunca antes se ha
visto". Y Manuel Bartlett, por su parte, señaló hace pocos días:
"Por supuesto que usaremos el Progresa para ganar las elecciones". Tales
declaraciones, en una democracia sólida y probada, no tendrían
ninguna importancia, pero en una democracia incipiente e inacabada como
la mexicana sólo pueden oler a fraude... incluso si no lo hubiera.

Así, quizá ni Bartlett ni Beltrones aporten votos al PRI (por el
contrario, parecen alejarlos por donde pasan) pero en cambio están
quitando credibilidad a un eventual triunfo de Labastida. Tiene razón
Nguyen Dong - Coordinador de Naciones Unidas para apoyar la elección
presidencial en México - al advertir: "Aquí el problema es que en el
terreno electoral la percepción puede ser más importante que la
realidad" (28/V/00). Cierto, en política, la esposa del emperador no
sólo debe ser honesta sino también parecerlo. 
De ahí la importancia que en el proceso de observación electoral
tiene este problema. Tal y como lo plantea la "Guía de Observación
Electoral" elaborada por la ONU: "Una de las funciones de la
observación es la de contribuir a un clima ausente de violencia e
inspirar confianza tanto al electorado como a los candidatos
contendientes. El derecho al sufragio libre y universal puede cumplirse
únicamente en una atmósfera libre de presiones e intimidaciones."
Hoy, diversas instancias de observación empiezan a detectar los viejos
operativos de compra e inducción del voto; por ejemplo, Alianza
Cívica, junto con otros organismos cívicos y The Dallas Morning
News, ha encontrado que el 11 % de la población piensa que recibirá
represalias en caso de no votar por el partido oficial. El 40 % de la
ciudadanía cree que los programas sociales son del PRI, por lo que no
es casualidad que entre los beneficiarios del Progresa, la intención
del voto por el tricolor sea del 65 %, así como del 49 % entre quienes
se benefician del Procampo. Se podría aducir que esto no es culpa del
PRI actual, sino de su asociación histórica con el Estado. Pero
ahí están declaraciones como las de Bartlett que, por encima de lo
estipulado en la ley, alientan dicha creencia. 

También, la comisión especial del Congreso para prevenir el uso
electoral de los fondos públicos ha encontrado anomalías y recabado
testimonios que reflejan el estado de indefensión en que se hallan los
campesinos frente al aparato de Estado o del PRI (Milenio N. 142).

Nada de esto es un asunto menor, considerando que los beneficiarios del
Progresa, por ejemplo, se aproximan al 10 % del padrón electoral. El
PRI niega la validez de estas denuncias hechas por múltiples y
variados observadores y vigilantes. ¿A quién le creerá el grueso
de la ciudadanía? 

Cabe insistir que en todo esto el IFE nada tiene qué ver, pues
implemente computará los votos recibidos en las urnas, lo mismo los
libremente emitidos que los comprados o arrancados bajo coerción. No
tiene manera de discriminar entre unos y otros. Lo más que puede hacer
es una campaña mediática para disuadir a los electores de vender su
voto, o permitir que se ejerza coacción sobre su derecho al sufragio.
Conviene recordar igualmente que el Tribunal Electoral tampoco está
involucrado en estos ilícitos; los delitos electorales son competencia
de la Fiscalía Especial para Delitos Electorales, que depende de la
PGR. Por lo cual, siendo este un asunto de orden esencialmente
político – la falta de credibilidad – no tiene vía de solución
legal, pues no es una causal de nulidad. Es por ello que el Tribunal
nada tiene qué ver con la práctica de forzar o comprar el sufragio.
Nada puede hacer para prevenir estas prácticas, resarcir la
distorsión de la voluntad ciuadadana que suponen, ni para castigar el
delito correspondiente.  Y, sin embargo, el Tribunal califica la
elección presidencial. Así, cuestionar la transparencia de la
elección en este ámbito, no implica poner en duda la imparcialidad
del Tribunal, que es ajeno en todo sentido a la compra e inducción del
voto..

Desde luego, en muchas democracias también se observan tales
anomalías. Y nadie asegura que los ciudadanos presionados voten
necesariamente por el partido que se les impone; ahí están las
mamparas secretas (aunque hay formas legales de comprobar el sentido del
voto de los electores, fuera de la mampara). El problema radica en que
en una elección muy competida basta un nivel relativamente bajo de
votos ilícitos para modificar la voluntad ciudadana. 
Todos estos ilícitos quizá den algunos votos al PRI, o tal vez no le
reporten ninguno, pero lo que sí están haciendo es mermando la
credibilidad de un posible triunfo tricolor.¿Alguien va a creer en la
limpieza de esa victoria, después de conocer el tipo de operativos que
están en marcha para incrementar artificialmente el sufragio? El
presidente Zedillo insistió, en su momento, en la ilegalidad de tales
prácticas y la necesidad de denunciarlas: "Si alguien les dice que a
cambio de los apoyos tienen que votar por tal o cual partido– aclaró
en enero de este año -  denúncienlo porque ese es un delito".

Pero el presidente no parece disciplinar a las dependencias bajo su
mando, o a las redes de su partido, para que se cumpla estrictamente la
ley.

La poca credibilidad en un triunfo cerrado del PRI sería el precio de
una larga trayectoria de fraudes y artimañas, y de las prácticas que
con esa orientación vemos hoy en día, resulten o no eficaces. Por lo
cual, si bien no puede todavía descartarse una victoria del PRI, cada
vez se ve más difícil que – en caso de ocurrir – ésta sea
creíble. Y en ello la mayor responsabilidad no sería de la
oposición o de los observadores que denuncian tales amaños, sino del
propio PRI, que los alienta directa o indirectamente. Si el tricolor
siembra la duda, cosechará una absoluta falta de credibilidad en un
veredicto que pudiera favorecerle. Es cierto que la oposición debe
comprometerse con el resultado oficial, incluso uno cerrado, pero ello
exige como contraparte una elección nítida y transparente. Sin lo
segundo, lo primero es sumamente improbable. 

A Labastida le conviene pues, apostar a un triunfo creíble, ya que uno
equívoco difícilmente podrá sostenerse. ¿Podría resistir el
país otro presidente cuya victoria sea puesta en duda por la mayor
parte de la ciudadanía que no votará por él? No se ve fácil.
Pero es el propio PRI el que, en lugar de pulir desde ahora su eventual
victoria, se dedica a mancharla de lodo preelectoral que después
será muy difícil  - si no es que imposible - lavar ante la
ciudadanía opositora.











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