MERCOSUR

Julio Fernández Baraibar julfb at SPAMsinectis.com.ar
Sat Jun 17 05:51:18 MDT 2000


The author is the Arg embassador in Peru, and a well known novelist. During
the lasts years he has been one of the main ideologist and propagandist of
the Mercosur, conceived as a estrategical, political, economical, scientific
and technologic continental unity.
Excuse me the non spanish speaking ones. Im sure the article will be of
great interest to Brazilian comrades.
A hug.

Julio FB


Argentina / Mercosur / Brasil



Por Abel Posse*

Nuestra posición ante y en el mundo

Estamos, un poco perplejos, en el bunker a oscuras. La mítica
convertibilidad nos protege como protege una cárcel. Tememos que de un
momento a otro se nos caiga encima el gigantesco ombú del Mercosur.

Sin embargo este es el momento de una gran diplomacia con Brasil. No
podríamos ya imaginar un futuro sin ese centro de gravedad continental.
Argentina, el "enclave austral" debe encontrar el camino para una verdadera
integración tendiente a crear el polo cultural-político-económico que hasta
ahora no ha sabido imaginar nuestra clase política inepta.

El ciclo de la diplomacia mercantil se acabó. Entramos en un nuevo ritmo. La
tentación de encerrarnos en el "enclave" sería muy grande, pero sería
suicida.

Urge rediseñar una nueva política con Brasil. Nuestros políticos han
traicionado al proyecto nacional. Ahora sólo nos salvaremos en el gran
proyecto continental, en el nacional-continentalismo.

La crisis tal vez sacuda a esos políticos que todavía se cuelgan de los
faldones de los economicistas balbucientes.

Hay que reconstruir el Estado y pensar una política grande: educacional,
social, de salud y de defensa.

Nada podremos hacer mientras sigamos adheridos a un cálculo dependiente y
errado acerca de las fuerzas e intenciones con que se mueve el mundo
internacional.

Sólo desde un consolidado polo de poder político regional, podremos
enfrentar este nuevo siglo.

La implosión occidental nos alcanzará, aunque tengamos la tentación de
iluminar el bunker con la última vela de sebo.

El mundo del mercantilismo crea inseguridad para todos, es tiempo de nuevas
fundaciones para la vida comunitaria. Urge librarse de una filosofía de vida
equivocada.

En este momento de turbulencia mundial del absurdo Sistema mercantil, obliga
a que nuestros grandes partidos nacionales decidan con todo empeño el paso a
la prioridad política y a la reconstrucción imprescindible del Estado. Estos
partidos se creen en vida y hasta en el gobierno. No gobiernan y están en
agonía.

La globalización como nueva forma de dominación Norte-Sur demuestra en estos
dos últimos años su verdadero rostro de poder neoimperial: estabilidad en el
Norte, inseguridad en el Sur.

Mercosur, entendido por los argentinos como un instrumento económico, entra
en conflicto y sufre la mayor prueba de su breve y brillante historia. La
clase dirigente argentina, en todos sus sectores de decisión y opinión fue
ciega ante los peligros de la exclusivización economicista. Creyeron en un
"automatismo benefactor" del mercado, y del orden macroeconómico y
mercantilista. A diez años de aquél 1989, nos encontramos encerrados en el
búnker de la convertibilidad, pero amenazado de vernos de nuevo devueltos a
un insignificante mercadito de 36 millones de excelentes personas, pero un
grupo irrelevante en tiempos de consolidación de polos supranacionales,
regionales, con voluntad política y perfil cultural definido.

Nosotros y Brasil

La relación con Brasil fue siempre remota y difícil. A partir de los
acuerdos de la Cuenca del Plata, de la gestión de Oscar Camilión y de una
nueva corriente de intercambio turísticos, se posibilitó el gran encuentro
de Mercosur. Pero después de estos años de extraordinario crecimiento y
afirmación, algunas diferencias esenciales asoman en el momento de crisis:

- Los argentinos (llamemos así a esa breve Argentina del poder, de la
oposición y de la opinión cotidiana y superficial del periodismo comercial)
se inclinaron por creer que la "globalización" —entendida como hegemonía del
Norte tecnológico-militar-económico— era una fatalidad insuperable, una
epifanía laica. A esa Argentina le pareció que ubicarse dócilmente en la
corriente hegemónica, era una forma de sabiduría, llamada aquí
"pragmatismo". Rompimos con toda una tradición que se remontaba desde el
siglo pasado y que se consolidaría con Roca, Irigoyen, Perón, Illia y que
llegaría a todos nuestros gobernantes civiles y militares anteriores a 1989,
aunque fuera como un tic de orgullo.

Por razones puramente economicistas, más que económicas, nos zambullimos en
"el globalismo" como en una insuperable fatalidad. La formidable Argentina
legendaria, basada en la autonomía de ser aventura de independencia, quedó
como olvidada por sus dirigentes y la opinión. Nos trasformaron en un país
adhesivo, seguidor de propuestas y de intereses de otros, a veces tan
remotos y absurdos como el de movilizar naves para atacar a Irak!

Y pagamos el mayor precio: renunciar al poderío militar autónomo, asegurado
por nuestra capacitación nuclear, por nuestros misiles y por cierta digna
reserva ante las presiones de desarme unilateral de los desarmados o
relativamente débiles, esta sinrazón que el Norte impuso al Sur con su
"discurso único", como lo califican los pensadores franceses.

La clase dirigente argentina -gobierno y oposición- traicionó el mandato y
el legado de autonomía de la Argentina legendaria de Roca, Irigoyen y Perón,
en nombre de un "economicismo pragmático" que, como hoy se ve con la crisis
actual, encubría un formidable asalto de Norte a Sur, un nuevo imperialismo
revestido de razón universal, con los modestos dioses del mercado y de la
democracia entronizados como el Espíritu Absoluto de un Hegel texano. (Hegel
fue secuestrado por Marx a fines del siglo XIX; en las postrimerías del
presente, son los mercaderes mundiales los que abusan y se apropian de su
pasión totalizadora.)

Lo cierto es que los dirigentes argentinos se manejaron como si tuviesen
entre manos un país inviable, esos países tullidos cultural y
económicamente, que no pueden imaginarse como protagonistas de primera. Y no
imaginaron que el objetivo principal de una alianza con Brasil debía superar
el plano mercantil.

Esta autodescalificación de los argentinos podría tener diversos orígenes,
pero el principal estaría en la guerra de Malvinas y en una transformación
traumática y equivocada de valores. Lo cierto es que los argentinos de la
política actúan con complejo de culpa, como si "la grande Argentina" ya
hubiera sido. Ven en el Estado un peligro y entienden la democracia como
permisividad y expresión administrativa de una razón mundial, general, que
no admite lo nacional sino condicionadamente.

Los brasileños por su parte, que vivieron buena parte del siglo cobijados en
su relación con los anglosajones, viraron en sentido distinto. Brasileños y
argentinos nos desfasamos, justamente cuando consolidábamos el Mercosur
económico.

A diferencia de los argentinos, los brasileños se mueven desde un postulado
previo, irracional, indiscutible e innegociable, de grandeza. Grandeza de
gran país y de país grande, de país-continente. Creen en esa Gran Política
de la que hablaba Nietzsche, como proyección ambiciosa a las grandes
realizaciones. Los brasileños quieren afirmar su entusiasmo nacional
desbordante, transformado en conciencia de nación vencedora pese a cualquier
traumatismo inmediato.

Creen en su destino mundial. Quieren protagonizar este Continente como
país-potencia. Quieren proyectarse, protagonizar y estar prioritariamente
presentes en el Atlántico como en una gran "Zona de paz y seguridad" que
incluye a los ribereños de África. Piensan en la necesidad de una fuerza
militar disuasiva (Proyecto Atlántico o Solimoes) desde una convicción
similar a la que tuvo Roca y los argentinos antes del acomplejado desarme
unilateral y alebrador que hoy padecen nuestras Fuerzas Armadas. (Los
argentinos no hemos sabido poner en valor -ni siquiera frente a Brasil- las
ventajas científicas y técnicas en el campo nuclear, en la experiencia
aeronaval de Malvinas y en la tecnología misilística y submarinista).

— Las diferencias son graves y previas al Mercosur. Argentina no pensó (ni
el Gobierno ni esa silente y acomplejada oposición ante los decisivos temas
nacionales) que Brasil la convocaba a trascender el Mercosur mercantil para
asociarnos a la gran política de crear un centro de poder cultural-regional
que sería el eje de esa Unión Latinoamericana que esperamos desde los
tiempos de Bolívar (del "falso parto" de nuestra primera independencia).

La crisis actual

El fin de siglo señala el fin de una década de ilusiones. Nuestro
continente, nuestro Sur, muestra en que medida se consolidaron las
"potencias centrales": los anglosajones, Europa Occidental y China/Japón,
como zonas estables y fuertes, capaces de asimilar en su beneficio las
tormentas financieras.

La crisis puede ayudarnos a una toma de conciencia sobre nuestra posición
ante y en el mundo. Reflexión ésta que se torna imprescindible después de
estos diez años de ilusiones economicistas perdidas.

Podríamos sintetizar en estos puntos la gran tarea inmediata a realizar con
Brasil, con nuestros socios de Mercosur y el continente latinoamericano:

— Brasil, Argentina y esa eventual Unión Latinoamericana, tienen que encarar
con urgencia la oportunidad de consolidarse como un poder regional-cultural
de importancia mundial. Serían la primera potencia del Hemisferio Sur -el
hemisferio preservado- y la cuarta región de mayor potencial mundial. En la
medida en que sepan consolidar sus economías en relación al escenario
mundial y en relación al desarrollo regional, adaptando las conductas del
capitalismo actual a la realidad cultural, mediante una sabia dialéctica de
aperturas y necesarias defensas.

— Para ello es imprescindible propiciar una reorientación de los criterios
de producción y consumo, preservar nuestra relación con la naturaleza y las
exigencias ecológicas y crear los ritmos de desarrollo regional en relación
a las culturas y necesidades auténticas.

Esta gran reflexión que nos adeudamos tendería a adaptar la economía (fugada
hacia los criterios globales) a las culturas, y a nuestra propia visión de
desarrollo y de calidad de vida.

— La misma adaptación a la realidad debemos efectuar para responder a las
exigencias de nuestros espacios territoriales integrados y la presencia en
los grandes espacios marítimos, para asegurar nuestro protagonismo en este
cuarto de globo terrestre que todavía muchos politiqueros siguen creyendo
que debe ser desarrollado, usado o gozado según los criterios de los otros,
la gente seria e inventiva del Norte...

Debemos crear nuestro lenguaje de control, prevención y uso de la
tecnología; con desarrollos ajustados a nuestra necesidad de afirmación
militar, espacial, marítima, industrial, científica, educacional, etc.

Este salto significaría el nacimiento de nuestro Continente vicario,
imitador, para definirnos como una gran región de naciones. Sería pasar del
eterno y simpático nasciturus al ser.

Argentina es el único país socialmente integrado de nuestro Continente,
merced básicamente a la educación sarmientina y al revolucionario
igualitarismo de posibilidades propiciado por Perón. Sus datos étnicos y de
calidad de vida son opuestos a los de casi todos los países de nuestra
América. Pero es precisamente desde esta ventaja que debe saber acompañar y
compartir la creación de una nueva socialidad que pueda ser la base de
integración de toda una sumergida América Latina. Para esto debemos afrontar
con coraje la necesidad de propiciar diversas formas de vida y desarrollo, a
veces dentro de un mismo país; y saber alternar la prioridad del desarrollo
protagonizado por el individuo o, a veces por la comunidad, abandonando los
criterios excluyentes y "monoteístas" de las políticas pensadas en el siglo
XIX.

Los partidos nacionales deben dar una respuesta urgente. El peronismo de
mercado demostró que más que una táctica temporaria, surgida de ese 1989 de
hiperinflación nacional y de colapso mundial del sistema socialista, se
transformó en una estrategia externa y opuesta a la doctrina central del
justicialismo.

En este momento de fin de un ciclo corresponde delinear con coraje el perfil
de una política nacional-continentalista que de respuesta a nuestros
intereses y acorde con nuestra realidad cultural. Tenemos que pensarnos el
mundo de nuestro bienestar y crearnos una vida acorde con una dimensión
espiritual y con particularidades de estilo que no podemos seguir
desconociendo.

Como vemos, la crisis podría ser el origen de esa gran apuesta que venimos
rehuyendo: la de nacer y ser. Nacer y ser cómo queremos y en nuestro espacio
cultural y soberano.

* Abel Posse es escritor y diplomático.





BEGIN:VCARD
VERSION:2.1
N:Fernández Baraibar;Julio
FN:Fernández Baraibar Julio
TEL;HOME;VOICE:54 11 4342-3793
TEL;CELL;VOICE:54 11 15 4043-3016
TEL;HOME;FAX:54 11 4331-6881
ADR;HOME:;;Tacuarí 471, 2º B;Buenos Aires;;1071;Argentina
LABEL;HOME;ENCODING=QUOTED-PRINTABLE:Tacuar=ED 471, 2=BA B=0D=0ABuenos Aires 1071=0D=0AArgentina
EMAIL;INTERNET:julfb at starmedia.com
EMAIL;INTERNET:julfb at hotmail.com
EMAIL;PREF;INTERNET:julfb at sinectis.com.ar
REV:20000617T113250Z
END:VCARD





More information about the Marxism mailing list