La Dictadura De Adentro Denuncia La Dictadura Desde Afuera

Tony Abdo aabdo at SPAMwebtv.net
Fri Jun 23 23:25:54 MDT 2000


Viernes 23 de Junio del 2000
La Legitimidad Desde Afuera
Amanecer del 3 de Julio
SALVADOR DEL RIO

Cuando el Presidente de Estados Unidos, William Clinton, decidió
retirar su apoyo a la candidatura del entonces ya ex mandatario de
México Carlos Salinas de Gortari para ocupar la dirigencia de la
Organización Mundial de Comercio, uno de los miembros de su gabinete,
Lloyd Bentsen, tomó una determinación poco usual en la política de
aquí, de allá y de cualquier parte: renunciar a la Secretaría del
Tesoro en la que había sido nombrado como titular por el propio
Clinton.

Poco antes, la señora Anne Richards, senadora a la sazón y quien
había sido gobernadora de Texas, se lamentaba en una reunión
celebrada para analizar junto con politólogos de diversas
universidades la democracia en México, del hecho de que aquí no
hubiera reelección, lo que impedía la continuación del gobierno de
Carlos Salinas de Gortari.

Hoy ambos personajes, activos aún en la política estadunidense y
ligados en diversos negocios con grupos empresariales mexicanos,
particularmente de Nonterrey, forman parte de los más de doscientos
observadores procedentes de EU que vendrán a presenciar el desarrollo
de las elecciones el próximo 2 de julio.

Seremos -ha dicho la ex gobernadora Richards- vigías internacionales
de la democracia, y al afirmarlo así precisa otras declaraciones de
representantes de agrupaciones e incluso de partidos políticos del
vecino país.

La integración de los grupos que han sido autorizados, de acuerdo con
la legislación mexicana en la materia, para cumplir funciones de
observación en los comicios, permite sin embargo dudar de que la
intención de muchos de ellos sea sólo satisfacer el propósito
altruista de vigilar que el ejercicio electoral en un país vecino no
vulnere los principios de la democracia. Más bien se puede tener la
sospecha de que en esa larga relación de testigos que serán de la
jornada del 2 de julio habrá no pocos de los promotores de injerencia
directa en los asuntos internos de ese vecino e incluso ligados a
patrocinadores económicos de la campaña de uno de los candidatos,
Vicente Vox, comprendidos en la lista que hace algunos días publicó
EXCELSIOR y algunas de cuyas evidencias fueron exhibidas, con documentos
probatorios, por el cohadinador de la bancada priísta en la Cámara
de Diputados, Enrique Jackson, desde la tribuna de la Comisión
Permanente de la Unión.

Los nombres de Richards y Bentsen son en realidad sólo una muestra de
la naturaleza de no pocas de las comisiones que enviarán observadores
a las elecciones. El ex presidente James Carter, hoy convertido en
censor de gobiernos a los que se considera no se ajustan al modelo
democrático norteamericano, encabezará al grupo del Partido
Demócrata. El ex senador John Bailey, quien será también
observador, apadrinó al fallido procurador priísta Antonio Lozano
Gracia para asistir como profesor invitado a la Universidad de
Georgetown, no obstante su absoluto desconocimiento del idioma inglés,
cuando el fallido procurador del inicio de la presente administración
fue destituido.

Entre los asistentes a la jornada electoral estarán también los
representantes de una de las organizaciones identificadas con la más
extrema derecha conservadora de Estados Unidos, la Fundación Eritage,
estrechamente vinculada al Centro de Inteligencia Estratégica (CSIS
según sus siglas en inglés) y a las estructuras de poder de la
Unión Americana, cuyo principal analista y vocero, Steve Johnson, ha
criticado "la manipulación de programas federales de asistencia
social", por parte del gobierno de México para orientar el voto en
favor de los candidatos del Partido Revolucionario Institucional.

Tanto los nombres de la mayoría de los observadores norteamericanos
como las organizaciones que representan, fortalecen la suposición de
que el criterio general de esos visitantes ya está prejuiciado
respecto a la limpieza de las elecciones del 2 de julio, y no
precisamente por un prurito en defensa de la democracia, sino más bien
como una forma de contribuir a una posible -y deseable para el concepto
de la democracia norteamericana- alternancia en el poder que crearía
en México el tan anhelado bipartidismo debidamente institucionalizado.

Denunciados apenas por el PRI, tanto en voz de su candidato a la
Presidencia de la República como por el coordinador de sus diputados,
tal vez los asesores de Francisco Labastida no hayan advertido la
magnitud del problema al que se enfrentaría el país de consumarse el
designio que parece conformarse en la opinión de los influyentes
observadores norteamericanos, cuando el 3 de julio declaren a los cuatro
vientos que las elecciones de México fueron fraudulentas.
Lo menos que podrá pasar entonces será la existencia de un gobierno
cuestionado desde el exterior como ilegítimo, lo cual no es poco para
desgracia de la democracia mexicana.














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