Fidel: No bajemos la guardia en caso Elián, Shaka Sank?==?iso-8859-1?Q?ofa murió como héroe

Jose G. Perez jg_perez at SPAMbellsouth.net
Sun Jun 25 13:46:01 MDT 2000


MENSAJE DE FIDEL A LOS HOLGUINEROS

* Noticias alentadoras sobre Elián
    - Mafia y ultraderecha aún tienen recursos
    - No bajemos la Guardia

* Ejecución de Shaka Sankofa
   - Un crimen incalificable
   - Cuba se conmovió de dolor
   - Sankofa murió como héroe

[A continuación el texto íntegro del mensaje de Fidel Castro al pueblo
de Holguín que el sábado se concentró masivamene para reclamar la
repatriación inmediata de Elián González y su familia y la derogación
de la Ley de Ajuste Cubano y demás leyes y disposiciones del bloqueo y
la política de agresión yanqui contra Cuba.

[El texto se encuentra en un sitio web del gobierno cubano con muchos
discursos y delcaraciones recientes de Fidel que tiene la siguiente
dirección:

http://www2.cuba.cu/gobierno/discursos/index.html

[Por lo general, los textos se encuentran en Español con traducciones
al inglés, francés, y portugués. y en muchos casos  al alemán,
italiano y ruso. La versión en inglés de este texto ya la envié a la
lista. --José]

* * *

En el momento de redactar estas líneas tengo la seguridad de que hoy
ustedes realizarán en nombre de toda Cuba uno de los actos más
grandiosos de la historia de nuestra Revolución.

Las noticias alentadoras recibidas ayer, en medio de la lucha que se
viene librando hace siete meses en circunstancias sumamente hostiles y
desfavorables contra una injusticia que nos hirió profundamente, no
darán lugar a que bajemos la guardia.

Ese proceso judicial nunca debió realizarse en Estados Unidos, cuyos
tribunales, de acuerdo a las normas internacionales y a las propias
leyes norteamericanas y cubanas, no tenían jurisdicción para ello.

Existen todavía riesgos latentes no subestimables. Bastaría con que un
miembro del Tribunal Supremo de aquel país, al cual corresponde en
este caso decidir, aceptara la solicitud ya anunciada de un
interdicto, y la permanencia del niño y su familia en los Estados
Unidos se prolongaría durante meses.

La mafia criminal de Miami y sus aliados de la extrema derecha en
Estados Unidos disponen todavía de poder y márgenes de maniobra. No
vacilarán un segundo en usarlos, ya que no existe por parte de ellos
el menor escrúpulo para seguir torturando a las víctimas de su odio y
vengándose rencorosamente del niño, su familia y su pueblo.

Ni aun cuando Elián y su valeroso padre regresen a Cuba con sus demás
familiares y compañeros cercanos nos tomaremos un minuto de descanso.
Tenemos el deber sagrado de impedir que las vidas de muchos niños,
madres y otros ciudadanos cubanos sean devoradas por la Ley asesina de
Ajuste Cubano. Nos queda además por delante la lucha sin tregua contra
las leyes Helms-Burton y Torricelli, las decenas de enmiendas del
Congreso de Estados Unidos para asfixiar a nuestro país, el criminal
bloqueo, la guerra económica, la incesante política de subversión y
desestabilización contra una revolución iniciada hace más de 130 años,
que en uso ya de nuestros irrenunciables derechos como pueblo
absolutamente soberano e independiente, hemos logrado hacer y enraizar
al costo de mucha sangre, sacrificio y heroísmo. ¡Así lo hemos jurado
y así lo cumpliremos!

Somos además profundamente internacionalistas. En los días más duros
de la lucha por la liberación de Elián el apoyo del pueblo
norteamericano se elevó en su conjunto a más del 70 por ciento, lo
cual no puede ser ni será olvidado. En ese decisivo y admirable apoyo
el 90 por ciento de los ciudadanos afroamericanos defendieron los
derechos del niño y del padre. Hace apenas 24 horas ellos, y también
la mayoría de los norteamericanos, recibieron un duro golpe en el
minuto infortunado en que Shaka Sankofa, como él decidió llamarse a
partir de su condena a muerte, fue asesinado. Nuestro pueblo también
se conmovió con similar dolor. El crimen fue incalificable.

Independientemente de las infracciones legales que con gran énfasis,
rencor y saña le atribuyen sus ejecutores a Shaka Sankofa, cuando era
un adolescente que vivía en condiciones de pobreza, marginalidad y
discriminación racial, lo cierto e incuestionable es que, cuando
todavía era menor de edad, fue sancionado a muerte sin consideración
ni piedad alguna, por un supuesto homicidio cuya culpabilidad no pudo
siquiera probársele. Todo lo que con él se hizo está en contradicción
con doctrinas y principios jurídicos universalmente aceptados. La
única prueba que alegaron fue el testimonio de una persona que,
ubicada a casi 40 pies, bastante distante para precisar los detalles,
mucho menos en horas de la noche, afirmó haber visto su rostro durante
breves segundos a través del cristal de su auto en las proximidades
del lugar donde ocurrió el hecho. Varios testigos que podían haber
demostrado lo contrario no fueron llamados al juicio, donde
adicionalmente no pudo contar, como pobre que era, con los servicios
de un defensor experimentado. Las pruebas balísticas demostraron que
los proyectiles que ocasionaron la muerte de la víctima no coincidían
con el arma que, según los propios acusadores, portaba el acusado.
Varios de los miembros del jurado que lo condenó han afirmado que, de
haber conocido estas circunstancias e irregularidades, nunca lo
habrían declarado culpable.

Durante la larga lucha de Shaka Sankofa por demostrar su inocencia, a
ninguno de los que lo conocieron y apoyaron lo abandonó jamás la
absoluta convicción de que era inocente y que la sanción establecida
constituía un repugnante asesinato. La resuelta energía, la elocuencia
y la dignidad con que se defendió transmiten esa misma impresión.

Es creencia generalizada en Estados Unidos y en el mundo que fue
sencillamente sancionado a la pena capital y ejecutado por ser negro.

Al crimen de condenar a la pena capital a un menor de edad, se añadió
el monstruoso hecho de someterlo durante 19 años a capilla ardiente o
al llamado, con más crudeza, corredor de la muerte. Pero eso no bastó
a calmar el rencor de los racistas a fin de que se le concediese una
moratoria para esclarecer lo que a todas luces constituía un proceso
lleno de anomalías y arbitrariedades. Cualquier autoridad facultada
para ello, con un mínimo de compasión, lo habría hecho.

Shaka Sankofa ha mostrado al mundo los frutos amargos de un sistema
social donde las diferencias entre los más ricos y los más pobres son
infinitas, y donde el individualismo, el egoísmo, el consumismo, el
uso generalizado de las armas de fuego y la violencia imperan como un
fundamento filosófico.

Lo admirable de aquel adolescente, pobre, marginado y negro, tal vez
por esto condenado a muerte sin prueba alguna, es cómo desarrolló a lo
largo de aquella interminable espera en el corredor de la muerte la
impresionante conciencia política y social que expresó en el momento
de su ejecución. No marchó como mansa oveja al cadalso. Resistió a la
fuerza y hasta la muerte, tal como había prometido, el proceso de
ejecución. Habló como un profeta. Arengó a seguir luchando contra lo
que calificó de holocausto o genocidio que sufren los afroamericanos.
Exigió la reivindicación de su inocencia. Murió como un héroe.

De ese modo, la opresión, la explotación, la desigualdad y la
injusticia crean hombres que en el duro momento de una injusta muerte
son capaces de conmover un imperio y concitar la admiración de todas
las personas honestas del mundo. ¿Acaso podría esto justificarse con
las faltas cometidas por un adolescente negro, pobre, discriminado y
marginado en el país más rico del mundo?

Constituye para nosotros no sólo un deber de gratitud, sino también un
gran deber internacionalista, sumarnos a la protesta enérgica de
millones de norteamericanos blancos y negros, indios, hispanos y
mestizos, que indignados condenan esta repudiable forma racista de
aplicar la justicia.

Estos hechos nos convencen más que nunca de que el futuro pertenece
por entero a nuestros sueños de igualdad y justicia para todos los
seres humanos.

¡Los pueblos vencerán!


Fidel Castro Ruz

24 de junio del 2000

12:42 a.m.







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