L-I: The Argentinian perspective: a report (IN SPANISH)

Nestor Miguel Gorojovsky gorojovsky at SPAMinea.com.ar
Sat May 6 13:28:46 MDT 2000


Dear comrades and friends,
Queridos compañeros :


I am forwarding the main paragraphs of the report generated by the
Reexpido los principales párrafos del informe elevado por el último

last national meeting of militants of the Izquierda Nacional of
encuentro nacional de militantes de la Izquierda Nacional de la

Argentina.  They are in Spanish.
Argentina. Están en español.



El informe data del 20 / 21 de abril, por lo cual no toma en cuenta
The report dates back to April 20 / 21, thus it does not analyze

los últimos acontecimientos (y en especial el exitoso paro general de
the last events (particularly the succesful general strike: May 5th)

ayer). Sin embargo, a los que entiendan español les resultará,
It will however be of interest, certainly, for those who can read

seguramente, de interés. El informe fue preparado por mi compañero
Osvaldo Calello.
Spanish. The author of the report is my comrade Osvaldo Calello.



***********Forwarded message / Mensaje reexpedido *************

            LA LUCHA OBRERA DELIMITO LOS CAMPOS ANTAGONICOS


1. UN NUEVO EJE DE REALINEAMIENTO PARA LAS FUERZAS POPULARES

La lucha que se libra en torno al intento del gobierno de imponer por
ley la precarización laboral que impera de facto en las empresas, ha
trazado la línea de diferenciación entre dos campos antagónicos. La
ruptura de la unidad de la CGT y el reagrupamiento de un bloque
opositor organizado a partir de los sindicatos del MTA, la UOM, el
SMATA y la UOCRA, sacó a la luz un cambio en la relación de fuerzas
del movimiento obrero: la cúpula tradicional, integrada por la
fracción más corrompida de la burocracia, ha quedado descolocada,
tras haber pactado con el gobierno una "reforma" destinada a
consolidar los instrumentos de explotación que las patronales han
perfeccionado durante la década menemista, mientras que la emergencia
de la CGT rebelde, además de desequilibrar la situación, provocando
una crisis en la bancada de diputados justicialistas y poniendo entre
la espada y la pared a los senadores de ese mismo bando (y
posteriormente dejando al desnudo su connivencia con el oficialismo),
ha creado un campo de convergencia para las fracciones combativas del
sindicalismo.

Este deslinde tiene una importancia sustancial. Bajo el menemismo los
grandes aparatos gremiales que tenían peso decisivo en los órganos
dirigentes de la central obrera, obraron como un reaseguro para el
régimen, frenando o desviando a vía muerta las manifestaciones de
lucha y, en definitiva, impidiendo la organización de una línea de
resistencia de masas. El plan de reunificación de la CGT,
reintegrando a los dirigentes del MTA a los planos dirigentes, era
para la rosca de los Daer, West Ocampo y Cavalieri, la revalidación
de esa táctica. Desprestigiados ante los trabajadores por una
interminable lista de traiciones, sin autoridad moral ante un
gobierno aliancista de sesgo antisindical, los dirigentes de la CGT
creyeron poder usar a la fracción antimenemista del MTA para amenazar
con la acción de masas, mientras por debajo de la mesa hacían la
negociación más favorable a sus intereses.

La ruptura de la CGT y su reorganización en torno a un eje combativo,
hizo saltar por los aires los mecanismos de reaseguro que esa
burocracia había acordado con el gobierno de De la Rúa. Pero además,
puso en evidencia que el conflicto no sólo se extiende a los gremios
del transporte, a los empleados públicos provinciales y a los
desocupados que organizan los cortes de rutas, sino que
organizaciones decisivas del proletariado industrial como
metalúrgicos, mecánicos y obreros de la construcción realinean
fuerzas con ánimo de dar batalla. Este reagrupamiento tiene un
carácter defensivo, pero su importancia es notoria en la medida que
da expresión a la reacción de amplias capas de trabajadores contra la
política de contenido neoliberal que pretende seguir aplicando el
gobierno radical-frepasista. Es cierto que la movilización carece de
un programa en condiciones de establecer un principio hegemónico. Sin
embargo, en los límites de la lucha gremial se afirma la necesidad
cada vez más apremiante del programa que promueva a la clase
trabajadora a la jefatura de un amplio movimiento de carácter
nacional-popular.


2. CONTINUISMO PROGRESISTA

La confrontación que estalló en torno a la flexibilización laboral
despejó cualquier margen de duda sobre el carácter reaccionario del
gobierno. El proyecto de reforma fue impuesto por el Fondo Monetario
y el capital extranjero en alianza con la fracción más concentrada y
parasitaria de la burguesía local. Su objetivo principal es
consolidar un patrón de relaciones entre el capital y el trabajo en
el nivel más desfavorable para los asalariados. En esa dirección
apuntan especialmente, además de la descarada ampliación del período
de prueba, las claúsulas que hacen prevalecer el convenio de ámbito
menor (por empresa, región, etc) sobre el convenio por rama de
actividad, así como la caída del régimen de ultraactividad y el
arbitraje. La intención de los gestores de esta "muy pogresista" ley,
según la definió el Tartufo que ocupa la cartera laboral, está clara:
la multiplicación de los convenios no sólo debilita el poder de
negociación de las organizaciones sindicales, sino que al mismo
tiempo profundiza la diferenciación entre las distintas capas de la
clase trabajadora y ataca la unidad y la solidaridad de clase.

La continuidad de este modelo, más precisamente de este patrón de
acumulación de capital, se funda en una explotación creciente de la
clase trabajadora. Este aumento del nivel de explotación está
destinado a absorber el diferencial desfavorable originado en la
sobrevaluación del peso, el costo confiscatorio de los servicios
públicos privatizados y el nivel usurario de las tasas de interés.

¿Cómo explicar sino la desesperación del gobierno por sacar la
flexibilización luego de un período de diez años en los que los
salarios tendieron a la baja mientras la productividad del trabajo
aumentó significativamente?  Según las cifras del INDEC, entre 1993 y
1998 el empleo industrial cayó un 11,7% mientras que el volúmen
físico de la producción se incrementó 15%, por lo que la
productividad por obrero ocupado aumentó 30% promedio. En ese
período, mientras tanto, los salarios reales se depreciaron hasta un
23% (es el caso de los textiles) para el 80% de los obreros
industriales. En los dos años que sucedieron a ese período la
situación desmejoró aún más para los trabajadores.


"Vamos por más" dice esa dirigencia domesticada que cumple al pie de
la letra con las intrucciones recibidas: ahora la mira está puesta en
las obras sociales, el más preciado botín de los mercaderes de la
medicina prepaga. Tiene el apoyo del bloque de clases que respaldó
desde el poder al menemismo y de una clase media sustancialmente
conservadora, que en sus capas populares profesa una ideología
"progresista". A pesar de toda su devoción por el término, la
conciencia de esta fracción social tiene muy poco de transparente:
aquí la mediación ideológica opera a pleno opacando la contradicción
existente entre su situación social y el alineamiento político.  La
paradoja que de esto se deriva es ciertamente significativa. Lo es en
un doble sentido. El programa de gobierno que la pequeña burguesía
radical-frepasista hizo suyo no es otra cosa que el instrumento de un
formidable proceso de concentración y centralización del capital, que
además de condenar a la exclusión social a las capas más
desprotegidas, obra como una implacable trituradora para buena parte
de la clase medida. Pero además, a medida que este programa se
profundiza, la dirigencia que lo lleva adelante se vuelve cada vez
más dependiente de lo círculos dominantes por ella favorecidos, y por
consiguiente más distante de la base social sobre la que asentó su
victoria electoral.

3. ¿QUE QUEDO DEL PERONISMO?

En todo este período, el PJ confirmó una vez más la irremediable
descomposición de sus cuadros dirigentes. El fantasmal Consejo
Superior presidido por un Menem completamente desprestigiado y sin
mayores luces, apoyó decididamente la reforma laboral desde un
principio. La misma posición adoptaron los gobernadores De la Sota,
Ruckauf y de un modo menos ostensible Reutemann, a quienes De la Rúa
intentó consagrar como "interlocutores válidos" de la oposición. La
mayoría del bloque de senadores terminó negociando un poco más de
asistencialismo para sus provincias (que ahora el Ministerio de
Economía se niega a entregar) por una mayor desprotección laboral.

Por fin, la bancada de diputados entró en crisis cuando su conducción
intentó encolumnarla en dirección a la posición de los gobernadores
acuerdistas. El duhaldismo, por su parte, demostró no ser mejor que
el menemismo. El apoyo dado por su jefe (también por la mayor parte
de la dirigencia justicialista) a la candidatura de Cavallo en la
Capital terminó por arrojarlo junto a Menem al rincón de los trastos
inservibles del peronismo.

Más allá de de las finalidades tácticas (el justicialismo no tiene
cómo enfrentar a la Alianza en la Capital), el apoyo a la fórmula de
la derecha tiene una explicación de fondo: El justicialismo se ha
quedado sin programa peronista. Este vacío es la consecuencia del
agotamiento de las condiciones objetivas y subjetivas sobre las que
se apoyó el proyecto de capitalismo nacional de las décadas del 40' y
del 50'. El golpe cívico-militar de mediados de los 70' no sólo
instauró el terrorismo de Estado, sino que sentó los fundamentos de
la reconversión conservadora de la economía y la sociedad argentina,
que posteriormente el alfonsinismo se cuidó muy bien de revertir y el
menemismo profundizó decididamente. El desenvolvimiento de este
cuarto de siglo reaccionario está estrechamente ligado a los avances
de la llamada "globalización", y especialmente a su aspecto
sustancial: la quiebra de las viejas reglas keynesianas que regían la
relación capital-trabajo y el establecimiento de un nuevo patrón
mundial de acumulación. En Argentina el primer indicio de estos
cambios fue el golpe de Estado de 1976.

En un cierto sentido (estratégicamente definitorio) la dictadura que
sucedió al gobierno de Isabel Perón logró plenamente sus propósitos.
El programa de Martinez de Hoz, directamente encaminado a propiciar
una fuerte concentración y transnacionalización del capital, operó
una reorganización a fondo del bloque de clases dominantes,
clausurando las contradicciones que en las décadas del 50' y del 60'
y en los primeros años de los 70' diferenciaban al programa
tradicional de la oligarquía terrateniente, comercial y financiera,
de la plataforma de la burguesía industrial y especialmente de las
posiciones nacional burguesas que se expresaban a través del
peronismo, los sindicatos, el desarrollismo y el nacionalismo
militar. Desde entonces las diferencias quedaron reducidas a matices
y el capitalismo tuvo un sólo programa, cada vez más dependiente de
un proceso de acumulación con centro de gravedad en las metrópolis
imperialistas.

Esto es definitivo: en las condiciones de la "globalización" las tres
banderas históricas del peronismo  son irreablizables sin un gobierno
revolucionario con hegemonía obrera, y un programa de transición con
un marcado componente anticapitalista. Lejos de orientarse en esa
dirección, las mutaciones que sufrió el movimiento fundado hace más
de medio siglo por el coronel Perón siguieron la evolución del
capitalismo argentino, reflejo de las transformaciones experimentadas
por el capital a escala mundial. El resultado fue esa expresión
monstruosa, conocida como menemismo.

4. MAS A LA IZQUIERDA

Una de las consecuencias significativas de la reconversión
capitalista es la desaparición del justicialismo y del radicalismo
como expresiones reformistas, y su conversión en instrumentos
políticos del gran capital. El Frente Grande, eje del Frepaso, no
experimentó esa regresión simplemente porque no tiene historia.
Surgió como una suerte de ala izquierda del democratismo pequeño
burgués a consecuencia de la crisis del radicalismo, y su función
central es reciclar en favor del status quo los deprendimientos de
las franjas descontentas de la clase media.

Esta derivación, que tiene correlato con la suerte de otros
movimientos populares latinoamericanos (el Apra peruano y el MNR de
Bolivia, son los ejemplos más cercanos), es perfectamente entendible
a la luz del grado de centralización y homogenización que ha
alcanzado el bloque de clases dirigentes, articulado en los últimos
años en torno al capital extranjero. El peso del capital imperialista
en la economía argentina se ha acrecentado extraordinariamente en los
últimos años. Según las estadísticas oficiales, el 51% de los
depósitos bancarios está bajo contral de la banca extranjera. En 1995
ese porcentaje era de sólo 16%. Asimismo el 70% de las ventas de las
200 empresas líderes corresponde a firmas extranjeras. De ese núcleo
de grandes corporaciones dos tercios son de ese origen. En 1994 a
esas firmas correspondía el 43% de las ventas y 35% de la propiedad.

A esa concentración del poder corresponde, en contrapartida, una
marcada polarización social y por consiguiente una agudización de la
lucha de clases.Las cifras del INDEC, por ejemplo,  señalan que
Argentina el 10% más rico de la sociedad recibe el 36% de la renta
nacional, mientras que al 10% más pobre le toca apenas el 1,5%. Una
idea de como ha cambiado la situación en los últimos 25 años, la da
el hecho de que actualmente los ingresos del 10% de la franja
superior equivalen a 24 veces los que corresponden a la franja más
baja. En 1974 esa distancia era exactamente la mitad.

El aumento (a niveles no conocidos antes del menemismo) de la
desocupación, la subocupación, el trabajo en negro y la exclusión
social han quebrado definitivamente el equilibrio de clases
construido durante los dos primeros gobiernos de Perón y terminarán
por colocar en un nuevo nivel de radicalidad las reivindicaciones
populares. Al mismo tiempo, la extranjerización de la economía a
partir del control que ejerce el capital extranjero sobre sus ramas
fundamentales, otorga nueva actualidad al problema de la dependencia.

El campo de fuerzas populares se encuentra así frente a una
contradicción de clase, articulada a una contradicción de contenido
nacional, agudizadas respectivamente por la intensificación de la
explotación capitalista y la expoliación imperialista.

Esta comprobación tiene consecuencias de especial importancia en el
terreno de las luchas políticas. En efecto, por la misma razón que
las expresiones del reformismo partidario tienden a desplazarse hacia
la derecha, el eje del campo nacional-popular se ha corrido a la
izquierda, en correspondencia con los cambios de peso específico de
las clases que lo integran. Como nunca antes las banderas nacionales
dependen de la iniciativa del proletariado, y a la vez el programa
del frente de clases tiene en el nuevo período que se ha abierto con
el agotamiento del peronismo, componentes anticapitalistas más
definidos. Desaparecidas las condiciones que permitieron constituir
el equilibrio bonapartista del 45', el frente nacional tenderá a
reconstituirse a partir de su ala izquierda, según un programa que
radicaliza y a la vez supera en sentido socialista el contenido
original del movimiento obrero y popular que, a mediados de los 40',
se encolumnó tras la jefatura del coronel Perón.

Ese antiguo equilibrio policlasista fue posible en la medida que el
proletariado redefinió su identidad de clase en condiciones que lo
afirmaron en el terreno de un capitalismo con justicia social, en
oposición a la experiencia de explotación de la vieja Argentina
conservadora. Sobre esta base el discurso nacionalista-antiliberal,
que al mismo tiempo les hablaba a los obreros sobre la concilación de
clases y sobre la humanización del capital y los interpelaba como
sujetos sindicales, logró afianzarse como principio hegemónico de las
diversas identidades que conformaban el frente nacional. La evolución
del capitalismo en las últimas décadas ha dejado defintivamente en
claro que nada de eso ha quedado en pie. El programa histórico de
contenido nacional burgués ha dejado de constituir una mediación
aglutinante, y a su vez los trabajadores ya no pueden librar sus
batallas circunscritos a los límites de la acción gremial, por más
politizada que ésta sea.


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Osvaldo Calello
Partido de la Izquierda Nacional
Abril del 2000




Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky at inea.com.ar


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