(Spa) Victory and defeat of Neoliberalism. Part I

Nestor Miguel Gorojovsky gorojovsky at arnet.com.ar
Mon Dec 3 06:27:19 MST 2001


A very good essay (looks like a lecture) by Atilio Borón, a renowned 
Argentinean sociologist, on neoliberalism, its ideological victory and its 
economic defeat.
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Subject:        	Atilio Borón: Grandeza y miseria del neoliberalismo
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El fracaso y el triunfo del neoliberalismo 

por Atilio Borón 

El neoliberalismo coloca a nuestra sociedad frente a una
gran paradoja. 

El neoliberalismo ha demostrado ser un rotundo fracaso en
materia económica, pero al mismo tiempo su triunfo
ideológico ha sido algo fenomenal, pocas veces visto en la
historia de nuestras sociedades. Y creo que esta paradoja,
esta combinación tan extraña entre fracaso económico y
triunfo ideológico es lo que le da al fenómeno esta
multiplicidad de características y sobretodo la dificultad
de desarrollar una estrategia efectiva de ataque por parte
de la de la izquierda. 

¿Por qué fracaso económico?. El neoliberalismo no es una
forma de desarrollo. No hay un sólo ejemplo en el mundo que
atestigüe que con la forma neoliberal se puede pasar del
subdesarrollo al desarrollo. 

Ningún país de los que hoy se han desarrollado lo hicieron
siguiendo el modelo neoliberal. 

Uno podría decir: «Pero, ¿ y en América Latina?» Bueno
tomemos en América Latina los tres o cuatro casos más
importantes. 

El primer ensayo es el que se hizo en Chile del cual voy a
hablar después; el segundo el de Bolivia, que ha fracasado
rotundamente; en tercer lugar el caso mexicano. El
presidente que fue el gran "modernizador" de ese México que
entraba al NAFTA y de la mano de todos los ideólogos
neoliberales proponía una reestructuración de la sociedad y
la economía mexicana, hoy en día es prófugo internacional de
la justicia, acusado por corrupción, y lo que es peor,
presidió el derrumbe de la economía mexicana, un derrumbe
calamitoso cuyo efectos, el famoso «efecto tequila»
reverberaron en América Latina. 

No hay un sólo economista riguroso y competente que pueda
afirmar hoy que la economía mexicana, después de doce años
de reestructuración neoliberal, es una economía más sólida,
más desarrollada, más competitiva, que produce mayores
bienes y que ha garantizado el bienestar colectivo de los
mexicanos. 

El experimento terminó en un fracaso rotundo. 

Recuerden que hace tres o cuatro años atrás las tapas de las
principales revistas de la llamada «Comunidad Económica
Internacional» frecuentemente mostraban el rostro sonriente
de Salinas de Gortari, del Secretario de Hacienda Pedro Azpe
como las grandes figuras del momento, los constructores del
nuevo México. Hoy a esas personas hay que buscarlas en las
páginas de Interpol y no por razones de corrupción sino
porque el modelo se vino abajo, se derrumbó el peso mexicano
y la economía mexicana está en una situación muy, muy mala. 

El caso argentino. 

Sabemos qué es lo que ha quedado de toda esta ilusión
vendida por Cavallo y compañía. Cavallo decía siempre a sus
críticos: «Estamos haciendo lo mismo que México», hasta que
llegó el efecto tequila y dijo: «Argentina no es México».
Hasta cinco minutos antes venía asegurando que él veraneaba
con Pedro Azpe, chequeaban las informaciones e iban
monitoreando el avance de estas economías hacia el
desarrollo. 

El fracaso del experimento argentino es impresionante. 

Quedó un sólo elemento en pie, que es la estabilidad
económica y el gran enigma es cuánto tiempo va a durar.
Todo el resto, deuda externa, déficit fiscal, situación del
empleo, aumento de la pobreza, superconcentración de
riqueza, vulnerabilidad financiera, desindustrialización,
desarticulación regional. No hay un sólo indicador
presentable. 

Cuando Cavallo se va lo echan porque ya era absolutamente
insostenible su situación. 

El gobierno tardó tres días en conseguir un sucesor; no
había quién tomara esa papa hirviente que era la economía
argentina siguiendo las recetas del neoliberalismo. Tanto es
así que el presidente argentino confesó que finalmente el
ministro actual es éste porque los otros no aceptaron. En un
país tan exitista como éste, donde la victoria tiene muchos
padres y la derrota es huérfana, es bastante sintomático que
el gobierno argentino haya demorado tres días en encontrar
tan brillante experimento económico. 

Quedaría el caso chileno que es un caso sui generis. 

Yo les voy a decir simplemente tres cosas sobre el caso de
Chile. Chile es, de todos los países que adoptaron el modelo
neoliberal, el menos neoliberal de todos, de lejos. 

En Chile la empresa del cobre, la corporación del cobre, que
fue estatizada por el gobierno de Salvador Allende, sigue
estando en manos del estado chileno a pesar de todo el
argumento neoliberal que han desarrollado los economistas.
Aquella empresa fundamental, ha seguido en manos del estado.


En la Argentina, el equivalente hubiera sido que no se
hubieran privatizado ni YPF ni las Telefónicas. 

En Chile no se privatizó, por muchas razones: primero porque
los aportes que ingresan al tesoro chileno por las
exportaciones del cobre rondan en torno a los 1700 millones
de dólares por año que van directo a la caja fiscal. Es una
suma mayor que los impuestos totales a las ganancias que
tributan todas las empresas en Chile. Ahí tenemos un caso
muy claro en donde el decálogo neoliberal del Banco Mundial,
según nos dice John Williamson, uno de los primeros
mandamientos privatizadores no se cumplió. 

Segundo elemento fundamental en el caso chileno: 

Chile es el único país en toda América Latina en el cual el
tamaño del estado lejos de disminuir fue creciendo. El
consenso de Washington dice que hay que achicar el estado,
bajar el gasto público, hacer menor la proporción del gasto
público sobre el total de la economía. Se cumplió al pie de
la letra en todos los países. Lo vemos en México, en
Bolivia, en Argentina. En Chile, no. 

Chile es el único país que hoy en día después de casi veinte
años de gobierno neoliberal tiene una proporción de estado
mayor que la que tenían antes en relación al conjunto de la
economía. La Argentina, para dar una cifra muy común, bajó
de un gasto público en relación al producto bruto en un
orden del 33% al 26%, y sigue bajando. 

Brasil ha seguido bajando, en México también. 

Para efectos comparativos, les digo que los países europeos
en su promedio, en un conjunto tienen una proporción de
gasto público que fluctúa en torno al 44%, y que los países
que tienen mayores servicios sociales, mayores prestaciones
sociales como Suecia, la proporción del gasto público sobre
el PBI es del 55%. En el otro extremo está el país más
desamparado del mundo, desde el punto de vista de la
prestación social, que es Gabón, en África, donde el tamaño
del estado es equivalente al 3.5%. 

La Argentina y todo América Latina salvo Chile han ido
moviéndose desde estar cerca por debajo del promedio europeo
en dirección a Gabón. A eso ellos le dicen que estamos
avanzando cerca del primer mundo. En realidad estamos yendo
en el camino contrario; la única excepción es el caso
chileno. 

Tercero: Chile es el único país de América Latina en donde
es ilegal entrar con una valija con un millón de dólares una
mañana, jugar a la Bolsa de Santiago de Chile al mediodía e
irse a la noche con las ganancias a Nueva York. ¿ Qué quiere
decir esto? Que tiene un mercado financiero relativamente
regulado. No tanto como en Europa pero mucho más que en
Argentina, donde como muchos de ustedes saben entrar con
valijas llena de dólares, en la aduana de Ezeiza. Es casi un
pasatiempo de la clase gobernante y es legal. También se
puede en Brasil y en México. 

En EE.UU. cualquiera de ustedes que viaje con más de 10 mil
dólares tiene que declarar eso y allí comienza la
fiscalización. ¿ Cuál fue el resultado de todo esto ? Que
debido a esa regulación que hace que ese flujo de capital
financiero tenga que permanecer un año por lo menos en Chile
y además que casi un tercio de ese flujo financiero
permanece durante el tiempo de la inversión en manos del
Banco Central, en Chile no hubo efecto tequila. Y no lo hubo
no porque Dios fuera chileno, que es una discusión que está
más allá de mi entendimiento, sino por una cuestión más
simple. Porque tienen una legislación sensata que impide la
locura que hay en Argentina, Brasil, México, Venezuela, etc.
que es que so pretexto de la globalización el capital
financiero entre en circulación sin ninguna clase de
control. Entonces se cae una Bolsa mañana en Singapur y
estos países caen uno tras otro siguiendo el efecto dominó. 

El caso chileno es uno de los casos que difícilmente pueda
adjudicarse al mérito del neoliberalismo, porque tiene tres
rasgos fundamentales, yo diría que son los tres mandamientos
más importantes que han sido violados, más allá de que este
gobierno, evidentemente, está muy lejos de haber producido
los bienes y la calidad de vida que propagandiza. Ni
hablemos del costo social. Pero se ve que, inclusive, en el
caso chileno, el problema que hay es que el neoliberalismo
como tal ha fracasado. 

Si esto es así, ¿cuáles son los ingredientes del triunfo? 

Como se decía antes yo creo que lo más importante es el
triunfo ideológico. El triunfo ideológico es lo más
importantes, y lo preocupante porque aún si el
neoliberalismo fracasa como proyecto económico, si la gente,
si la sociedad, si las clases populares, no tienen elementos
para descifrar ese fracaso, y esos elementos son provistos
por un discurso ideológico, una propuesta ideológica, un
conjunto de categorías que permitan descifrar ese resultado,
la gente va a seguir pensando que el neoliberalismo funciona
muy bien. Y yo creo que el triunfo del neoliberalismo
ideológicamente se verifica de manera bastante clara en los
siguientes aspectos. 

En primer lugar, en un proceso de creciente mercantilización
de derechos que han venido padeciendo las sociedades
latinoamericanas. Es decir, cuestiones que antes eran
consideradas derechos inalienables de nuestras sociedades,
de los sectores populares o de la población en general, por
ejemplo, el derecho a la educación. 

Hoy en día se ha creado un nuevo consenso, un nuevo sentido
común de que en realidad eso es un bien, no es un derecho.
Yo quiero llamar la atención de que este cambio de
terminología de derecho a bien no es un producto accidental,
no es un accidente del lenguaje. Es toda la prédica del
Banco Mundial que en los últimos veinte años ha insistido en
que hay que renombrar algunas cosas en materia económica
porque los nombres convencionales son nombres que confunden
a la gente y hace que piensen que tienen un derecho a la
educación. 

En realidad la educación es un bien; quien lo quiera
adquirir debe estar dispuesto a pagarlo, y un Estado
comprensivo estará dispuesto a decir: «Bueno, aquellos que
quieran una cantidad módica de este bien, totalmente
insuficiente como es la escuela primaria, el Estado se los
puede regalar aunque en realidad se los cobra en impuestos.
Pero los que quieran más, secundaria, universidad,
postgrados, tiene que pagar porque son bienes.
Como el que quiere cortarse el pelo, en una peluquería le
darán el servicio, el que quiere una ropa, se la compra . 

Esto ha ido metiéndose en América Latina, haciéndose carne
en materia de educación, de salud, de vivienda, de
recreación, es decir ha habido un retroceso enorme y esta es
la gran victoria del neoliberalismo: haber transformado los
derechos en bienes que son ahora bienes que deben
conseguirse en el mercado. 

En segundo lugar, la otra gran victoria ideológica ha sido
la satanización del Estado. 

El neoliberalismo ha tenido un éxito rotundo en convencer a
la gente de que el Estado es algo malo, intrínsecamente
perverso y que hay que destruirlo. 

Acá en Argentina es un caso maravilloso. Esto surgió como
producto de una campaña perfectamente orquestada por los
medios de comunicación de masas con un discurso permanente,
coherente, persistente, lanzado las 24 horas del día, y que
a la larga terminó de convencer a la gente de que el Estado
era el enemigo a destruir. Obviamente que para esto tenemos
que recordar que se contó con la inestimable colaboración de
una serie de gobiernos a cuál más corrupto, a cuál más
despótico, e importantes sectores de la burguesía que
hicieron todo lo posible para que este Estado funcionara
mal, dándole entonces pábulo a la crítica en contra del
Estado que se hacía y, además hay que decirlo, a la
inestimable colaboración de las camarillas sindicales que en
el seno del Estado o en un conjunto de sindicatos vinculados
a empresas estatales fueron copartícipes de este proceso de
destrucción del Estado que nos da entre otras
espectacularidades folklóricas el hecho de que cuando se
producen las privatizaciones en Argentina no son sólo los
burgueses los que se acercan a la mesa a comprar, también
vemos a dirigentes sindicales capaces de poner 20, 30, 40,
50 millones de dólares para comprar alguna parte de las
empresas privatizadas. Lo cual habla de un infinito nivel de
corrupción de esa camarilla sindical que lamentablemente
hemos padecido en este país. 

Tercer elemento, y yo creo que el más importante. 

Se ha dicho que el neoliberalismo se anotó un gran triunfo
al convencer prácticamente a todo el mundo de que no hay
otras alternativas. 

El neoliberalismo obtuvo un éxito rotundo en el momento que
impuso a la sociedad la ideología de que no hay
alternativas. Margaret Thatcher lo planteó en su primera
campaña: " No hay ninguna otra alternativa: esto o el
desastre; esto o el Apocalipsis". En este sentido, las
sociedades latinoamericanas, y el caso argentino es bien
interesante, han vivido permanentemente bajo la extorsión y
el chantaje. 

La extorsión y el chantaje del terrorismo de Estado en la
época de la dictadura y después la extorsión y el chantaje
de la hiperinflación. Y es muy interesante, hace dos años en
Río de Janeiro, contaba Perry Anderson que en una reunión de
técnicos y expertos un economista del Banco Mundial dijo:
todavía en Brasil no vamos a tener suerte en un programa de
ajuste. Anderson le preguntó por qué. Y los técnicos
respondieron: porque todavía el pueblo brasileño no ha
sentido en carne propia el dolor lacerante de la
hiperinflación. 

En Argentina se pudo hacer porque después de 5.000% de
inflación por año, la sociedad se entrega y acepta los
rigores de un programa neoliberal. Y en Brasil esto todavía
no sucede. Y fíjense que es interesante después ver qué pasó
con el plan real, la manera cómo el gobierno creó las
condiciones para que cuatro meses antes de las elecciones
presidenciales Fernando Henrique Cardoso apareciera como el
salvador, el mesías que puso fin a la amenaza de la
hiperinflación en Brasil. 

Recordemos nosotros que en el momento en que se lanza la
campaña presidencial en Brasil, Lula tenía más del
40% de intención de voto y Cardoso no llegaba al 15%.
Después de esta «hazaña» de derrota de la amenaza
hiperinflacionaria aparece la amenaza de «si quieren detener
este peligro, la única receta que hay es la receta
neoliberal. 

Yo creo que este es el punto fundamental que hay que salir a
discutir, porque si se acepta el punto de vista del
neoliberalismo, que a nivel de masas está muy instalado, es
evidente que no vamos a tener la capacidad de pensar en algo
distinto. 

En ese punto es fundamental decir: vamos a ver cuál es el
modelo de reemplazo, alguna propuesta para no tan sólo hacer
que el esclavo se rebele contra el amo, sino que el esclavo
vea que hay una cosa diferente a la esclavitud, que hay un
sistema, una forma de organización social que ser puede
diferente y superadora a todo aquello. De lo contrario nos
va a ocurrir lo que se nota en amplios sectores de la
oposición política argentina donde ante la total aceptación
de este modelo neoliberal se atribuyen los problemas
estructurales de este modelo a la soberbia de los
dirigentes; que ahora que la oposición está más fortalecida
hay que hacer que el presidente sea menos soberbio,
ignorando que aquí hay una lógica de desarrollo, que este
modelo está funcionando muy bien. 

[ end Part I ]


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