(Spanish) The political police of the State of Israel,.against jews

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Tue Mar 27 14:52:42 MST 2001


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Del estado del Estado de Israel
Por Juan Gelman


Escribo estas líneas desde el dolor y la tristeza.

El viernes 2 de marzo mi mujer Mara La Madrid y yo llegamos a
Israel. Era la 1.30 de la madrugada y a las10 tenía lugar el entierro
de mi hermana Teodora, muerta repentinamente en Jerusalén. Conozco
varias clases de muertes: la del padre y la madre, la del hijo, pero
todavía estoy recorriendo el doloroso territorio de la muerte de una
hermana. Seguramente distinto a todos los demás.  Mara y yo
desembarcamos de un vuelo de la British Airways y fuimos detenidos por
la policía en el aeropuerto Ben Gurión. Los hechos son como siguen.

Delante nuestro se sentó en el vuelo un señor de 28 o 30 años, alto,
moreno, de pelo corto y modales autoritarios, que conversaba
amigablemente con una azafata en hebreo. Bien. Ocurre.

Por razones de seguridad, algún agente ¿del Mossad? viaja en todo
vuelo que llega a Tel Aviv en compañías extranjeras que no son
El-Al. Mara y yo conversábamos sobre las declaraciones del jefe de
Estado Mayor del ejército israelí -un general de cuyo nombre no quiero
acordarme- publicadas en el Herald Tribune: afirmaba que la Autoridad
Palestina era "una entidad terrorista" y que el Estado de Israel
estaba pensando en la posibilidad de reocupar las pocas zonas
palestinas a las que había otorgado autonomía.

Mara se preguntó: "¿Qué van a hacer, van a ocupar El Líbano?" En ese
momento el señor de pelo corto se dio vuelta furioso y nos ladró un
"enough" ("basta") que cortó nuestra conversación, personal, de a dos
y en español. Mister Enough no se limitó al ladrido. Cuando
descendimos del autobús que nos trasladó del avión a la terminal del
aeropuerto, me señaló con el dedo a un señor de uniforme que se
abalanzó sobre mí y, sin identificarse, pidió nuestros pasaportes. Le
dije que, a 30 metros del mostrador en que los pasaportes se revisan,
allí los iba a presentar porque no explicaba la razón de su exigencia.

Mara se puso en fila,pasaportes en mano, y cuando la seguí el señor de
uniforme quiso retenerme con un abrazo de oso del que me desprendí
-debo confesarlo- rojo de ira. Soy un ciudadano argentino y no admito
esa clase de comportamiento de parte de ningún uniformado. Tal vez
porque tengo una experiencia traumática -vuelvo a confesar- con los
señores de uniforme.

Afuera nos esperaba mi sobrina, que había retrasado el entierro de su
madre hasta mi llegada. Explicamos la circunstancia, pero al señor de
uniforme poco le importaban fallecimientos y entierros ajenos. Sólo
después de una hora y media dejó entrar a mi sobrina, a pesar de mis
reclamos. El señor de uniforme, que se negó a dar su nombre, nos tuvo
hasta las 5 de la mañana redactando lentamente un acta en que nos
endilgaba los siguientes "delitos": tumulto a bordo del avión de
British Airways, desacato a la autoridad, ofensa a un funcionario
público en el ejercicio de sus funciones.

Fue inútil que preguntara quién había hecho la denuncia y en qué
consistía.  "Tumulto", en el hebreo del Estado de Israel, es una
palabra muy pesada. Sirve, por ejemplo, para calificar la actitud de
un niño palestino que arroja piedras a un tanque israelí. El único
"tumulto" en que debo haber incurrido fue la exigencia prostática de
ir al baño cuando el avión comenzaba su descenso. La presunta denuncia
de una azafata de British Airways a la que el acta se remitía fue
solicitada reiteradamente por el consulado argentino en Tel Aviv y
nunca apareció.

El hecho -grave- es que Mara y yo estuvimos detenidos más de tres
horas en el aeropuerto de Tel Aviv. El señor de uniforme escribía sus
acusaciones y yo sufría a mi hermana, su muerte, el destino de morir
en Jerusalén que le decretó la dictadura militar. Salimos bajo
caución: mi sobrina tuvo que firmar dos actas ­una contra mí, otra
contra Mara, que ciertamente no fue atacada por urgencias diuréticas
como yo- por las que se obligaba a pagar 2500 dólares por cada uno si
el lunes siguiente no asistíamos a una presunta audiencia de
conciliación.

En ese interín, el señor de uniforme que nos detuvo me mostró
amenazadoramente un par de esposas hablando en hebreo. Usaba el inglés
cuando le convenía, el hebreo cuando no. Sus compañeros lo llamaban
Danny y, según el "policía bueno" que apareció cuando las cosas se
pusieron muy calientes, su nombre es Daniel Yehud. A saber.

No me parece mal que viajen agentes ¿del Mossad? en los vuelos que
llegan a Israel, vista la situación. Lo que no entiendo es que esos
agentes de seguridad exclusivamente de seguridad, según se dice- se
conviertan en una policía política que nada tiene que envidiar a la de
Hitler o Stalin. ¿En qué estamos?  Israel es una democracia o qué?
¿Puede ser democrático un Estado que somete a cerco a un millón de
palestinos por la fuerza de las armas? ¿Y cómo es posible que ahora
sean sitiadores de todo un pueblo los hijos, los nietos, los biznietos
de quienes, como mi madre y sus hermanos y su padre rabino, padecieron
el cerco zarista en los ghettos, y luego, como mis primos, el encierro
en los campos de concentración nazis?

A los 8 años de edad mi madre presenció cómo los cosacos incendiaban
la vivienda familiar y cómo mi abuela iba sacando a sus hijos de las
llamas, menos a una hermanita de 2 años que murió abrasada. ¿Y ahora
esos descendientes de la persecución crean ghettos para los
palestinos, dinamitan sus casas, los sitian por hambre, abaten
susolivos y arrasan sus cultivos cuando molestan proyectos edilicios,
usurpan sus tierras aplicando esa razón de las bestias que es la
fuerza? ¿Y qué tienen que ver con el judaísmo esas políticas de
Israel? Los judíos siempre fuimos perseguidos, nunca perseguidores;
discriminados, nunca discriminadores; marginalizados, nunca
marginadores; sitiados, nunca sitiadores. Nada tiene que ver a estas
alturas el Estado de Israel con la tradición judía, la más democrática
del mundo, creada desde abajo en la diáspora y conservada a lo largo
de los siglos.

Sé que estas opiniones serán calificadas de antisemitas por quienes no
quieren oír, ni ver, ni hablar, como los tres monos de la India. La
táctica de confundir las críticas al Estado de Israel con el
antisemitismo me recuerda la pretensión de la más reciente dictadura
militar argentina, que llamó "campaña antiargentina" a toda denuncia
de sus crímenes. Sólo me explico la tristeza particular que las
políticas genocidas del Estado de Israel me causan porque soy
verdaderamente judío. Porque una vez, de niño y con fiebre altísima,
mi padre se sentó junto a mi cama para leerme en idish un cuento de
Sholem Aleijem. Se llamaba "Das messerl" El cuchillito) y hablaba de
los dolores del ghetto.


Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky at arnet.com.ar







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