Forwarded from Nestor (Adolfo Gilly)

Louis Proyect lnp3 at SPAMpanix.com
Fri Mar 30 08:26:38 MST 2001


Hi, Lou, could you please post this? The basic idea in this article by
Adolfo  Gilly is that power in Argentina has been transferred to the man
who most  obviously lost the 1999 presidential elections. Although there
are parts of  his text with which I do not agree, it is a fairly reasonable
description of  the political kidnapping of our people by Domingo Cavallo.
On further posting  will make some comments of my own, because Cavallo is a
beast, but an  intelligent one.

23/03/01 por Adolfo Gilly

"Fernando de la Rúa ganó la elección presidencial de 1999 como candidato de
la  Alianza, cuyas fuerzas constituyentes eran su propio partido, la Unión
Cívica  Radical (UCR), y el Frepaso, cuyo dirigente Carlos Chacho Alvarez
fue electo  vicepresidente. Ambos tomaron posesión el 10 de diciembre de
ese año.

En esa elección también se presentó Domingo Cavallo, que había sido
presidente  del Banco Central durante la dictadura militar y ministro de
Economía de  Carlos Menem entre 1991 y 1996. Obtuvo menos del 10 por ciento
de la votación.  De la Rúa y su coalición ganaron con un programa en
principio contrario a la  política neoliberal de Menem (y de Cavallo),
aunque no demasiado preciso en  sus términos. El voto fue, ante todo, un
voto contra Menem y esa política.  Hace unos meses, en desacuerdo con
Fernando de la Rúa, renunció a su cargo el  vicepresidente Chacho Alvarez.

Ahora, después de un terremoto político de casi dos semanas, la cartera de
Economía quedó ocupada por Domingo Cavallo con una situación de
superministro  y con pedido al Congreso de poderes especiales para llevar
adelante sus  planes. El Frepaso y una fracción de la UCR quedaron fuera
del gabinete, y el  presidente de la Rúa, que inició la semana convocando a
un gobierno de "unidad  nacional", ha entregado el lugar de las decisiones
al hombre del 10 por ciento  de los votos, con el apoyo de sólo una
fracción de su partido y la anuencia de  los centros financieros del país,
del FMI y del Banco Mundial. La "unidad  nacional" parece haber quedado
reducida al ultimátum del nuevo superministro  al Congreso: o apoyan mi
plan económico y el Congreso me da poderes especiales  para llevarlo
adelante, o renuncio y se las arreglan. Tanto los justicialistas  de Menem
como la mayoría del Frepaso parecen dispuestos a ceder.

Esta voltereta de la política estatal argentina estuvo precedida de casi
una  semana de golpes de escena. El viernes 16 a la noche, el apenas
nombrado  ministro de Economía Miguel López Murphy había presentado un plan
de choque,  según él para evitar el inminente cese de pagos de la deuda
externa en una  economía que desde hace tres años tiene una tasa cero de
crecimiento.

Su propuesta era privatizar lo último que le quedaba al Estado: la Lotería
Nacional y la aseguradora del Banco de la Nación (en Argentina en la década
 precedente se privatizaron el petróleo, la electricidad, el gas, las
líneas  aéreas, los ferrocarriles, los puertos, el correo, los teléfonos,
los canales  de TV, las carreteras, en una palabra prácticamente toda la
propiedad  estatal); recortar drásticamente los recursos para la educación
pública,  despedir empleados del gobierno y reducir los ingresos de otros,
para obtener  un ahorro de 2 mil millones de dólares que permitiera cumplir
con el servicio  de la deuda externa.

Mientras daba a conocer su plan, varios ministros renunciaron a sus cargos,
 entre ellos el de Educación y el del Interior. Al otro día la protesta era
 generalizada desde todos los frentes políticos y sociales y se había
convocado  una manifestación de desocupados para el martes 19 (unas 20 mil
personas  asistieron), un paro de maestros para el 19 y el 20 y una huelga
general para  el 21 de marzo. Desde el lunes 18 los estudiantes y
profesores universitarios  empezaron a cortar las calles y a dar las clases
con sus bancas y asientos en  medio de las avenidas aledañas a las
facultades. Entre las diversas propuestas  de los adversarios del plan
--sindicalistas, educadores, políticos,  economistas, periodistas-- hubo
una casi unánime: la evasión fiscal anual en  Argentina ronda los 20 mil
millones de dólares, diez veces más de lo que se  iba a obtener con los
recortes presupuestales. Es uno de los fondos adonde  están los fondos.

Una sola excepción a este repudio universal: al día siguiente de anunciado
el  plan, el ministro se reunió en la Bolsa de Comercio con 600
representantes de  las finanzas locales, quienes apoyaron su propuesta, lo
aplaudieron varias  veces y los despidieron con una ovación de pie. No
compartieron ese aplauso  sectores como la Unión Industrial Argentina, más
ligados al aparato productivo  pero hoy mucho menos cercanos al poder que
los financistas.

Con todo y todo, no se pudo. Ante la crisis política y la protesta social,
López Murphy debió renunciar. En estas condiciones se hizo cargo del mando
Domingo Cavallo, el artífice de la política económica neoliberal de Menem,
que  acabó peleado con éste y no logró llegar al 10 por ciento de los votos.

En esta peculiar pero difundida concepción de la democracia (uno vota a un
señor para que éste después haga la política contra la cual uno votó y
entregue el mando a los políticos a quienes uno no votó), el nuevo
conductor  de la economía argentina parece tener su carta clave en un
crédito-puente por  2 mil 800 millones de dólares que le concedería Estados
Unidos para hacer  frente a las obligaciones externas. No insiste en los
recortes al presupuesto  educativo. Promete mantener la paridad cambiaria
establecida por ley: un peso  por un dólar.

Propone en cambio una serie de medidas en apariencia dirigidas a elevar la
recaudación impositiva: privatización de la Dirección General Impositiva
(es  decir, recaudación de impuestos por una empresa privada); pagos sólo a
través  de cheque o tarjeta a partir de ciertas sumas, para evitar la
evasión y  retener los impuestos a través de los bancos; pago de los
sueldos de las  empresas a través de los bancos, con retención de impuestos
a cargo del  sistema bancario; mayor afluencia así de recursos al sistema
bancario, en el  supuesto de que esto flexibilizará el crédito. Además,
propone una reducción  de aranceles para bienes de capital no producidos en
el Mercosur, para  reactivar las inversiones; y pide al Congreso
"facultades especiales" para  adoptar, sin aprobación legislativa previa,
medidas para "reformar el Estado"  y lograr un ahorro de 3 mil millones
combatiendo "la burocracia excesiva, la  corrupción, la evasión y el
despilfarro".

El conjunto de las medidas está en una Ley de Competitividad que el
ministro  de Economía envía al Congreso en la cual pide, según informó al
país, "una  delegación de funciones legislativas hacia el Poder Ejecutivo",
para tomar  medidas relativas a la restructuración del Estado, eliminar y
crear exenciones  impositivas o crear nuevos impuestos, con todo lo cual
promete "rebajar un 20  por ciento los costos de producción" y, en
consecuencia, "recuperar un 20 por  ciento de competitividad sin devaluación".

Una de las claves de las facultades que el Congreso debe ceder está, sin
embargo, en otra parte. El superministro tendría poderes extraordinarios
por  un año para reformar, sin pasar por el Congreso, disposiciones legales
sobre  relaciones laborales, jubilaciones, asistencia social, seguridad
social y  todos aquellos "dominios que afecten la actividad económica".
Esta es la  verdadera reforma de la relación estatal que el representante
del capital  financiero se propone llevar adelante expropiando sus
facultades al Congreso y  a los políticos.

Lo hará, siempre que la resistencia social no lo impida. Esta resistencia
se  manifiesta hoy en organizaciones como la Central de Trabajadores
Argentinos,  la Central de Trabajadores de la Educación de la República
Argentina, algunas  organizaciones estudiantiles y diversos movimientos
sociales locales. Para ir  más allá, sin embargo, necesitaría formas de
articulación con la política que  en estos momentos no están a la vista,
sobre todo ante la rendición  generalizada de las banderas de casi todos
los políticos existentes.

No golpe de Estado, sino "golpe de mercado" le llaman a este cambio cupular
 con concentración del mando en Argentina. Es una expropiación de la
política,  una privatización de la democracia. Es también una crisis de
esto que se llama  "democracia representativa" donde los elegidos dejan de
representar a sus  electores desde que asumen sus cargos y donde la gran
mayoría de los políticos  que no ingresan al nuevo círculo de poder del
capital financiero, tampoco  convocan a una oposición abierta y movilizada
para recuperar el sentido del  voto y la democracia.

Esta tarea ha quedado a cargo de las diversas organizaciones sociales y de
algunos dirigentes políticos en ruptura, pero el puente entre una y otra
actividad --la política y la social-- no parece fácil de recomponer en el
plazo cercano. El movimiento social en la calle, sin referente político en
las  alturas, obligó a renunciar al ministro de Economía precedente. Pero
todo está  sucediendo como si el nombramiento de este personaje con su
drástico plan  hubiera sido una maniobra de choque, destinada a preparar el
terreno al  nombramiento del verdadero elegido, Domingo Cavallo, como el
hombre fuerte de  la economía argentina. "Yo fui sólo un mensajero",
declaró López Murphy al  renunciar a su cargo, tal vez por no decir "yo fui
sólo un chivo emisario".

Guillermo O'Donnell, argentino, profesor de ciencia política en la
Universidad  de Notre Dame, Estados Unidos, y autor de varios libros
notables (El Estado  burocrático autoritario, entre ellos), en un extenso
ensayo en el periódico  Página/12 se refiere al "riesgo de muerte lenta de
nuestra democracia", en lo  que llama "esta perversa estructuración de la
dominación del capital  financiero". No se trataría, escribe, "de un
abrupto golpe militar sino de la  progresiva corrosión de libertades
básicas, la creciente lejanía de la  política en relación con el conjunto
del país y la reducción de la política al  estrecho escenario de las
intrigas de palacio".

"El futuro de un país cada vez más esquilmado y gobiernos cada vez más
autoritarios --continúa O'Donnell-- sólo puede ser evitado mediante una
gran  tarea política: promover una alianza productiva fundada en valores de
equidad  social y de vigorización democrática que a su vez sustenten la
decisión de  reconstituir una nación contra la mera aglomeración de
individuos, además cada  vez más desigual, a que nos conduce [este] proceso".

Su conclusión: "Los detalles de este camino no pueden ser prescritos a
priori.  Pero la voraz dominación del capital financiero nos ha hecho, al
menos, el  favor de hacer clara la dirección general de ese camino. En
diversos espacios  de la sociedad argentina hay personas y liderazgos que
acompañarían este  intento. Pero ellos no pueden hacerlo solos. Hacen falta
también liderazgos  políticos que los convoquen y articulen, aceptando
sufrir, lejos del palacio,  los fríos vientos y las duras luchas contra
grandes poderes. Si estos  liderazgos existen, o si van a emerger antes de
que sea demasiado tarde, es la  gran cuestión que plantea el momento
actual". (fin)

Lic. Néstor M. Gorojovsky


Louis Proyect
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