(Fwd) Sobre el carácter espontáneo del Cordobazo

Nestor Miguel Gorojovsky gorojovsky at arnet.com.ar
Tue May 29 07:00:33 MDT 2001


Dear cdes. and friends,

Today, May 29th, we the radicals in Argentina are commemorating a new
anniversary of the popular rebellion in the city of Córdoba, the
Cordobazo of May 1969. There will be some mobilizations in Córdoba
itself, as commented on the final lines of the second piece I am
posting here. But what I wanted to share with you was part of a debate
that raged in my country (and still has some importance) on the
spontaneity of the Cordobazo.

While most of the Left derided the upheaval because it had been
"spontaneous" and not "conscious", Peronists on the side of the unions
insisted in that there had been little spontaneity, that the strike
had been planned to the last comma, and that everybody felt that
"something big was going to happen".

What this debate misses is the fact that although the strike which led
to the upheaval had been planned, what had not been planned was the
materialization of a national-popular front with the leadership of the
workers on the blazing streets of Córdoba. What had been spontaneous
was not the strike, but the reversal of the positions of the up to
then staunchly anti-working class petty bourgeoisie, and the joint
action of workers and students on the streets against a Police which
had to retreat in disarray.

I am sending three pieces in Spanish: (1) a small intro by myself,
which in the main repeats what has been told above, (2) an article
that was published in an important newspaper of Córdoba by Garzón
Maceda, a labor lawyer who, as a student, was part of the Cordobazo,
and (3) an article by a journalist, Toledo, who covered the issue in
1969.

"Y luche, y luche, no deje de luchar
por un gobierno obrero
obrero y popular"

------- Forwarded message follows -------
From:           	Gorojovsky <Gorojovsky at arnet.com.ar>
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Subject:        	Sobre el carácter espontáneo del Cordobazo
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Date sent:      	Tue, 29 May 2001 08:54:06 -0300

1. Remito dos textos, difundidos hoy por la agencia P.S.I., donde se plantea 
que el Cordobazo no fue un alzamiento espontáneo, sino que hubo una cuidadosa
preparación. El primero es de Garzón Maceda, y el segundo de un periodista de
esos tiempos, Toledo.

Me parece oportuno señalar que el carácter espontáneo no se da sin una 
prolongada preparación. Lo "espontáneo" en el Cordobazo no fue el paro activo,
que por cierto muchos sectores de la izquierda (algunos de ellos, luego, se
dirían medularmente peronistas...) se negaron a ver, sino la adhesión masiva
concitada por el paro obrero en la población. Lo espontáneo fue la alianza
obrero-popular, y eso sí que no pudo ser preparado adecuadamente, ya que la
única preparación posible es un trabajo político de frente nacional con
dirección obrera que, en esos tiempos, no se había siquiera empezado a encarar.

De todos modos,los testimonios me parecen muy significativos.

2. CÓRDOBA, 29(PSI).- A 32 AÑOS DE LA GESTA OBRERA DEL 
"CORDOBAZO". 
Como un homenaje a la verdad histórica de aquel 29 de Mayo de 1969, 
hemos estimado conveniente reproducir la nota del doctor Lucio Garzón 
Maceda, abogado laboralista -que ya en aquel entonces participaba de la 
actividad sindical como profesional y militante de la causa popular-, 
publicada en la edición del pasado domingo en el matutino "La Voz del 
Interior".

"Sin perjuicio de los trabajos serios y fundados –que no son muchos-,
son múltiples las invenciones, falsificaciones, fantasías y
tergiversaciones, algunas intencionales, del Cordobazo, muchas hechas
desde Buenos Aires, con la tradicional visión de sus intelectuales
"progres" ajenos a los sucesos de mayo. Es oportuno ratificar el
trascendente papel cumplido por Torres, Tosco y López, liderando la
protesta de la maravillosa clase obrera industrial cordobesa,
organizada en sus sindicatos, titulares éstos últimos de la
acumulación político-social más importante, entre 1957 y 1969.

Fueron los sindicatos cordobeses los artífices de esa construcción
ejemplar representada en la alianza popular centrada en la CGT
Regional Córdoba, vanguardia de luchas políticas y sociales
imborrables y trascendentes. Experiencia ésta irreproducible, iniciada
en 1957, año cargado de históricos paros generales, plenarios de
delegaciones regionales del interior, el Programa de La Falda, que
culmina en 1969 y que se prolonga con menos vigor hasta el Viborazo en
1971.

El "bebe" John W. Cooke decía que esa alianza de trabajadores,
estudiantes, pueblo y tradición de rebeldía reformista, que lideraron
los sindicatos eran como un cóctel Molotov: simple en sus componentes
inofensivos, separados y fácilmente disponibles, y con efectos
devastadores cuando se conjugaban al unísono, bajo ciertas condiciones
y con una mano diestra dispuesta a utilizarlos.

En referencia al Tosco de aquel 29 de mayo de 1969, recuerdo un
episodio por él protagonizado. Se trata de las declaraciones que
Sergio Villarruel recoge de Tosco, a las 14 horas del mismo 29,
reproducidas fuera de contexto por una revista porteña. En esa
conversación al borde de la Cañada, en momentos dramáticos, Villarruel
le pregunta si lo que estaba ocurriendo –el estallido explosivo y
masivo de la tarde- en su magnitud y alcance, había estado
previsto. Tosco, preocupado por el curso de algunos episodios que se
comenzaban a vivir, a partir de la retirada de los efectivos
policiales, contesta que los hechos que estaba viendo superaban lo
previsto. A partir de esa frase transcripta al pie de una foto, con
una imagen del "gringo" muy tensa y hasta dramática, se alimentó la
tesis reaccionaria e interesada de que el Cordobazo había sido una
rebelión espontánea, no prevista ni organizada.

Esta tesis fue negada muchas veces por los principales actores y por
el propio Villarruel, quien conoció personalmente los preparativos y
alcances de la rebelión, de boca de uno de sus organizadores, en la
parrilla que regenteaba en la avenida Olmos. La tesis del
espontaneísmo interesaba a los grupos de basistas pequeños burgueses,
que en los días previos en asambleas universitarias se habían opuesto
a la movilización sindical, por considerarla una maniobra de
dirigentes; esos grupitos, cuando se produjo la rebelión, sorprendidos
in fraganti desearon quitarle a los sindicatos y a sus dirigentes el
indiscutible papel protagónico que tuvieron.

Lo que Tosco en realidad dijo a Villarruel fue que nunca los
organizadores previeron la derrota absoluta policial y la fuga total
de los efectivos del casco céntrico, refugiados en el Cabildo y las
consecuencias derivadas de la retirada policial. Tosco no estaba
sorprendido de la indignación violenta de los trabajadores como
reacción a la represión, ya que ello estaba previsto, sino del control
total de la ciudad logrado por los trabajadores y estudiantes.

La ejemplar preparación de los trabajadores, en especial del Smata,
hacía prever duros enfrentamientos contra la Policía. Recordemos las
hondas gigantes y la bulonería especial disparada por la gente de
Santa Isabel. Si se hubiese previsto esa posibilidad triunfalista, se
podría haber organizado la marcha hacia la Casa de Gobierno. Pero,
claro está, lo que organizaron Torres, Tosco y López fue la protesta
rebelde al avasallamiento, una rebelión popular democrática y no la
toma del Palacio de Invierno.

La rebelión obrera, tal como fue organizada, triunfó; Onganía quedó
herido de muerte y con él sus proyectos. Se previó todo, salvo la
derrota y la fuga de las fuerzas represoras. Es eso lo que sorprende a
Tosco y por eso sus palabras: "Esto nos supera... esto está fuera de
nuestras manos".

Siempre fui crítico de la forma, poco feliz y objetiva en que fue
transcripta esa frase de Tosco y sobre todo el sentido dado a una
frase suelta, descontextualizada, acompañada de una fotografía
dramática.  Algunos vieron allí una confirmación de que Tosco, Torres,
López y demás dirigentes habían sido superados por el espontaneísmo de
las masas, que era lo que ciertos sectores, por derecha y por
izquierda, deseaban vender para quitarle a la clase trabajadora
organizada y a los sindicatos cordobeses su condición de actores
colectivos de una epopeya inigualable. A partir de esa mala
transcripción, Lanusse comenzó a construir "la recuperación" del
Cordobazo, procurando servirse en su camino a la presidencia.

El Cordobazo no tuvo nada de espontáneo; pero la tesis del
espontaneísmo le venía bien al nuevo líder militar. Permitía
"devaluar" a Torres y Tosco, por un lado, y por el otro para que sus
camaradas de armas comprendieran que debía presionarse a Onganía,
modificando políticas reclamadas por el pueblo espontáneo, que debía
ser escuchado, al margen de sus sindicatos y de sus
dirigentes. Lanusse se equivocó y sus asesores también. El Cordobazo,
culminación de un proceso, era ante todo una expresión popular
democrática que se consagraría en 1973, aunque en un marco ya
diferente.

Fue una rebelión organizada, con nada de espontaneísmo contra la
autocracia de Onganía, que en ningún momento se fue de las manos de
sus organizadores, aunque sus alcances hayan sido mayores y más
trascendentes".- XXX

3. CÓRDOBA, 29(PSI).- "REBELIÓN POPULAR".  (Nota de Juan Carlos
Toledo, periodista que cubrió en 1969 los sucesos del 29 de mayo).  "A
32 años del Cordobazo, el debate sigue abierto y aún hoy subsiste la
postura de quienes pretenden polemizar sobre los orígenes y las causas
de esa rebelión popular a la que, los generales de turno, llegaron a
adjudicarle intereses políticos-militares. El 29 de mayo de 1969
estaba al frente del gobierno desde el 28 de junio de 1966, el general
Juan Carlos Onganía, quien con sus ideas neocorporativas impulsaba una
serie de acciones dirigidas a mantener cercenadas las libertades
políticas y sindicales. En la vereda de enfrente se ubicaba el general
Alejandro Agustín Lanusse, con una concepción más liberal, pero con
sus grandes aspiraciones presidenciales. Quienes pretenden echar
sombras sobre los episodios de mayo de 1969 y minimizar el valor
histórico del Cordobazo sostienen que fue el entonces titular del
Ejército, Lanusse, quien lo alentó demorando la salida de las tropas a
las calles una vez alcanzado su presunto objetivo de debilitar al
régimen de Onganía.

El propio Agustín Tosco, cuatro años después de esa demostración
popular y en declaraciones al periodista y escritor francés, Francois
Géze, defendió al Cordobazo como "una rebelión obrera y popular". "La
dictadura tenía un peso muy grande y nosotros teníamos planteado
resistir, demostrar la capacidad de lucha, dar un paso importante como
ejemplo, inclusive, para tirar abajo a la dictadura. En verdad, el
Cordobazo fue el comienzo del fin de la dictadura", opinaba el
sindicalista. Tosco formuló esta categórica afirmación avalado por la
autoridad que le confería su estratégica participación en todas las
jornadas de lucha contra el régimen de Onganía, desde el momento mismo
en que éste asumió el poder, tras derrocar al gobierno constitucional
de Arturo Illia (el 28 de junio de 1996) con la complicidad de la
burocracia sindical.

En esa ocasión, trazó sus grandes diferencias y tomó distancia de la
actitud de los líderes del gremialismo nacional cuando se pronunció
contra "las clases dominantes, ligadas a la oligarquía latifundista, a
la gran burguesía asociada al imperialismo y los demás sectores
reaccionarios nostálgicos del fascismo, que prepararon y llevaron a
término el golpe de Estado que derrocó a un gobierno constitucional
que había tomado las primeras medidas para la anulación de los
contratos petroleros con los monopolios yanquis", hecho que a su
juicio desencadenó esta ofensiva de los sectores antipopulares.

En las movilizaciones callejeras iniciadas en Córdoba, a menos de tres
meses del advenimiento de Onganía, Tosco se constituyó en el adalid de
la unión obrero-estudiantil, porque su carismática figura y su claro
discurso, más allá de su ideología que no todos compartían, sobrepasó
los muros del sindicalismo y se insertó en las filas
universitarias. Supo explicarle a los jóvenes que "nada podía ser peor
para el movimiento obrero-estudiantil y popular que la encarnación del
poder por los defensores de los intereses anti nacionales y
oscurantistas que tenían a la cabeza al general Onganía".

Tras el golpe, todos los derechos de los ciudadanos fueron
conculcados.  La Constitución fue prácticamente subordinada al
denominado Estatuto de la Revolución Argentina y, paralelamente, se
acentuó la persecución a obreros y estudiantes. El cierre de las
universidades fue el detonante para las protestas callejeras que se
quisieron apagar con mayor represión policial y de la que no quedaron
exentos los periodistas, atacados por las fuerzas del orden en la
noche del 22 de agosto de 1966, en pleno centro. A cada movilización
la Policía respondía con más represión y, en ese clima, se llegó al 12
de septiembre de ese mismo año cuando fue mortalmente herido el obrero
y estudiante de la "Tecnológica", Santiago Pampillón. Las protestas
aumentaron y se sucedieron las muertes de estudiantes y obreros que
pasaron a ser banderas del movimiento. A la muerte de Pampillón en
Córdoba, se sumaron las de Hilda Guerrero de Molina, en Tucumán; Juan
José Cabral, en Corrientes, y Adolfo Ramón Bello, en Rosario.

El año 1967 significó la continuidad del plan de lucha nacional, con
huelgas y movilizaciones que los dirigentes de Buenos Aires debieron
convocar presionados por las bases. En Córdoba, la situación era cada
día más tensa y al avance sobre las conquistas sindicales en el campo
metalmecánico, como la de abolir el sábado inglés, se añadían los
planes corporativistas del entonces gobernador Carlos Caballero,
decidido a crear un Consejo Económico y Social sin la participación de
los trabajadores. La lucha estaba en la calle, en los talleres y en
las aulas, generalizándose más allá de las diferencias ideológicas de
uno y otro sector. El movimiento obrero, con amplia mayoría peronista,
trasladaba a ese campo las naturales diferencias de los partidarios
del exiliado líder Juan Domingo Perón, que alentaba tanto a los de la
izquierda como a los de la derecha del justicialismo.

Las diferencias se dejaron a un lado a la hora de entrar en acción
contra el régimen y fueron también importantes en esas jornadas de
mayo de 1969 los dirigentes Atilio López (UTA); Elpidio Torres, de
mecánicos; Juan Malvar, gráficos, y Miguel Angel Correa, de la madera,
junto con otros. La participación del Smata en la iniciación de los
enfrentamientos en la mañana del 29 de mayo fue crucial para el
desarrollo posterior de los acontecimientos. La decisión de ese
gremio, al igual que la de otras columnas de trabajadores, de llegar
al centro de la ciudad, reafirmó el objetivo de cumplir lo acordado en
jornadas anteriores. Los mecánicos pagaron con la muerte de Máximo
Mena, el primer caído en los enfrentamientos, su aporte a la jornada
de protesta que habría de cerrar con un número de víctimas fatales y
un monto de daños que hasta hoy se discute.

A requerimiento del periodista francés que lo entrevistó en 1973,
sobre el papel del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Tosco
recordó: "Nuestro sindicato, del que yo era el delegado al plenario de
gremios, fue el que hizo la moción, la proposición del paro activo
para el 29 de mayo de 1969. Lo recuerdo bien, y no es sólo un aspecto
formal de la cuestión de haberse parado y hacer una moción.  Lo
importante fue la fundamentación de esa moción, en el sentido de
enfrentar a la dictadura militar; de enfrentar la experiencia
neocorporativista que se hacía en la Provincia de Córdoba; de
enfrentar la política económica de estabilización monetaria como la
llamaban y que tenía como referente al superministro Adalbert Krieger
Vasena y de trabajar con los demás sindicatos y con el estudiantado en
la organización de las concentraciones programadas en distintos puntos
de la ciudad". Resaltó entonces el dirigente que "Luz y Fuerza
participó en el comité de huelga que integraban otros cinco
sindicatos, y que tenía además un enlace con los compañeros
universitarios".

La espontaneidad del Cordobazo ha sido siempre un tema polémico y
mucho se habló sobre este punto, pero Tosco no tenía dudas en señalar
que "no hubo espontaneísmo en lo que hace a lo esencial, a lo
organizado y programado para el Cordobazo. Hubo espontaneidad en la
adhesión de la gente, en la militancia, en la solidaridad del pueblo
con los obreros y estudiantes que luchaban y eso se reiteró tanto en
el centro de la ciudad como en casi todos los barrios".

A 32 años de esos episodios, quienes debimos realizar la cobertura
periodística podemos afirmar que se tenía la seguridad de que "algo
muy grande iba a suceder". El paro y la movilización fueron
ratificados a pesar de las amenazas y los rumores de que el Ejército
iba a intervenir para garantizar el orden. Esa inquietud no era ajena
al gobernador Carlos Caballero, quien viajó el 27 de mayo a Buenos
Aires a informar sobre lo que pasaba en la provincia y a pedir ayuda
para enfrentar la situación, sin encontrar eco aparente en su
planteo. La noche en que Caballero viajó a la Capital, lo hizo en un
vuelo de línea, mientras que el avión de la Fuerza Aérea en que
presuntamente iba a realizarse ese viaje tuvo un accidente a poco de
despegar del aeropuerto de Córdoba y sus nueve ocupantes fallecieron
en un hecho con todas las características de atentado.

En las distintas redacciones de los diarios y las emisoras de
televisión y radio se manejaba la información de que en ese 29 de
mayo, Día del Ejército, algo grande iba a pasar, y de ahí la decisión
de acompañar a las columnas de trabajadores que, desde los cuatro
puntos cardinales de la ciudad, iban a converger al centro, luego de
iniciar su marcha desde los principales centros fabriles. Tenían la
intención de llegar al centro y de resistir a la represión policial,
que vanamente intentó evitar ese avance, sucediéndose enfrentamientos
inéditos hasta esa fecha, lo que provocó la masiva adhesión
popular. Los gremios lograron así su propósito de llegar al centro
pero, además, inscribieron para la historia la jornada más importante
de la rebelión popular en la Argentina".-

En homenaje a la verdad histórica debemos señalar que un gran sector
del sindicalismo se opuso al golpe militar contra el gobierno del
doctor Arturo Illía. El 28 de junio a las 22,30 y una vez confirmada
la noticia, en la ciudad de Posadas, Misiones, la totalidad de la
dirigencia de los gremios del transporte nucleadas en la Confederación
Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) que lideraba el
dirigente portuario Eustaquio Cecilio Tolosa, no solamente condenó el
golpe, sino que públicamente hicieron conocer su decisión de enfrentar
a los golpistas. Otro tanto ocurrió con los obreros navales, gráficos,
que para fin de ese año estaban motorizando la CGT de los Argentinos.-

Hoy a las 10 se inicia un paro activo hasta las 20 convocado por la
CGT Regional Rodríguez Peña, la Central de Trabajadores Argentinos
(CTA) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que realizarán un
acto recordatorio del Cordobazo a mediodía en la intersección de Colón
y General Paz, donde estarán presentes los dirigentes nacionales Hugo
Moyano titular de la CGT disidente, Víctor De Gennaro de la CTA, y
Carlos "Perro" Santillán de la CCC. Una de las banderas de lucha será
contra la privatización de EPEC que motorizará a los afiliados de Luz
y Fuerza.

Por su parte la CGT Regional Chacabuco que encabeza Omar Dragún se
limitará a realizar en su sede un acto recordatorio del Cordobazo con
un homenaje al obrero mecánico Máximo Mena asesinado por la represión
policial el 29 de mayo de 1969.

Organizaciones de Bases, de la Mesa de Desempleados de la Zona Oeste,
y de la Coordinadora de Desempleados y Desocupados de Córdoba
participarán del acto central.- XXX

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Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky at arnet.com.ar





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