(Sp) Crisis fuels struggles for hegemony in the Arg. ruling classes

Nestor Miguel Gorojovsky gorojovsky at SPAMarnet.com.ar
Wed May 23 07:35:18 MDT 2001


Cavallo has wasted his small political capital in two months. Now, the
two branches of the ruling classes (those interested in free
remittance of utilities to the foreign banks and those still keeping
some touch with domestic market) clash in a nonconclussive war where
the former, of course, have the high hand. This is the basic scenario
of Cavallo's lines of policy.

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A TRAVES DE LOS "MERCADOS" LAS CLASES DOMINANTES PELEAN
POR IMPONER SU  HEGEMONIA

El país se encamina en línea recta y a paso acelerado en dirección a
una crisis de proporciones hasta hora nunca conocida. Las expectativas
que despertó en una parte de la sociedad la eyección de Domingo
Cavallo al primer plano del gobierno aliancista, se agotan con la
misma rapidez con que irrumpieron. El invicto gladiador, triunfante en
la "madre de todas las batallas" contra la hiperinflación; el
"hacedor" de la invulnerable "convertibilidad", bendición de
estabilidad por los tiempos de los tiempos; el intrépido que desafió a
los "mercados" como nunca antes nadie se había atrevido; ese
providencial "salvador", acaba de someterse a la presión de quienes
con tanta energía acababa de desafiar.

Aquellos oportunistas que desde la Alianza proclamaron que las medidas
anunciadas por Cavallo apenas asumió, estaban en línea con los
compromisos de la Carta a los Argentinos, recibieron bien pronto una
amarga decepción. A la promesa de que el crecimiento desplazaría por
fin los interminables ajustes fiscales, sucedió sin transición el
anuncio de un fenomenal ajuste por 4.000 millones pesos, y la puesta
en marcha de otro brutal aumento impositivo, nueva vuelta de tuerca en
la redistribución regresiva del ingreso.

Pero aún así el "mercado", es decir el capital parasitario que
especula alegremente en los circuitos del negocio financiero, siguió
presionando, fijando el "riesgo país" (diferencia entre las tasas que
paga Argentina por financiar su deuda respecto a las que paga Estados
Unidos), en niveles record del registro mundial. Resultado directo de
esta extorsión fue el último manotazo de ahogado de Cavallo: el
proyecto de hipotecar la recaudación impositiva para garantizarle a
los tenedores de títulos de la deuda externa que, en caso de cualquier
contingencia, serán los primeros en cobrar, aunque el Estado deje de
pagar sueldos, jubilaciones y de devolver impuestos que corresponden a
las provincias. ¿Para qué tanta infamia?  Simplemente, para hacer que
las tasas usurarias que el país paga por su deuda externa, deuda
fraudulenta en su origen e ilegítima en todos sus tramos, resulten
algo menos usurarias en el momento de firmar un canje de obligaciones
por 20 mil millones de dólares. Y todo esto sólo para que la crisis
del endeudamiento no estalle ahora sino dentro de unos años.  Pero
además, la presión de los "mercados", el chantaje de los abogados de
la usura titulados "calificadoras de riesgo", arroja luz sobre uno de
los aspectos significativos de la sorda lucha que se está
desarrollando en el bloque de las clases dominantes.  El verdadero
programa del capital financiero lo proclamó desde hace tiempo el jefe
de esa asociación ilícita conocida como menemismo: la
dolarización. Que un mercenario sin escrúpulos como Carlos Menem y
otro no menos corrupto como Pedro Pou, sean los portavoces más
entusiastas de la supresión del peso argentino, es suficiente dato
para descifrar la naturaleza de los intereses que se ocultan tras el
proyecto. En efecto, la dolarización es la garantía contra la
devaluación que tiene el "inversor" que especula en pesos con las
altas tasas del sistema financiero local y remiten al exterior sus
ganancias en dólares.  Este mismo interés es compartido el capital
monopólico, particularmente el que se apropió de las antiguas empresas
públicas y gira en divisas las rentas extraordinarias obtenidas en el
mercado local.

La campaña pro dolarización salió al cruce del proyecto de ampliar la
convertibilidad sumando al euro a una canasta de monedas con el dólar
y fijando el valor del peso como promedio de la cotización de las dos
divisas. Los acreedores externos no creyeron que la nueva mecánica
cambiaria se pusiera en práctica sólo cuando el euro alcanzara o
superara la paridad con el dólar, e intuyeron que la iniciativa
ocultaba la devaluación del peso, en favor de la burguesía
exportadora, asfixiada por el cepo de la convertibilidad.

¿Es Cavallo el representante de esa gran burguesía asociada al capital
imperialista, diferenciada a partir de la agudización de la crisis de
la convertibilidad y del agotamiento de la alianza afianzada en el
proceso de las privatizaciones, respecto de la comunidad de negocios
liderada por el capital financiero?  Aunque haga suyas algunas de las
demandas de los grupos económicos locales e incluso de la media y baja
burguesía ligada al mercado interno, el objetivo de Cavallo es ante
todo el de reequilibrar el balance de fuerzas dentro del bloque
dominante en una situación de crisis estructural, en la cual el peso
del capital parasitario se ha vuelto insoportable para una gran
mayoría de las clases poseedoras.

Cavallo hace suyos algunos planteos del Grupo Productivo constituido
por la Unión Industrial, la Cámara de la Construcción y los medianos
ganaderos de Carbap, pero en modo alguno está dispuesto a afectar lo
sustancial de los intereses del capital bancario y de las
corporaciones que controlan las empresas privatizadas. En consecuencia
el nuevo equilibrio que intenta fundar es necesariamente precario e
inestable: del botín por repartir queda poco y nada y, en cambio, lo
que predomina es una tensión de intereses cada vez más intensa.

Precisamente, son estas fricciones y enfrentamientos en el centro
mismo del poder lo que explica en sus rasgos más generales la crisis
de hegemonía que ha comenzado a corroer la consistencia de los
círculos dominantes. ¿Astucia de la historia? Lo cierto es que ninguna
otra elección podría haber igualado la que por obra de la providencia
recayó en Fernando de la Rúa, para encarnar este ocaso con presagios
de bancarrota. En sus vacilaciones, desconcierto, falta de autoridad y
estrechez de miras, se refleja plenamente la crisis política que se
desenvuelve en el centro mismo del poder de clase. Se refleja,
asimismo, el agotamiento de un ciclo histórico y los primeros signos
de una nueva época en la historia nacional.


Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky at arnet.com.ar







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