(Spa) Toba Indians add to the mass of the urban poor in Rosario, Argentina

Gorojovsky Gorojovsky at arnet.com.ar
Sat Sep 29 09:33:32 MDT 2001


The English original of this article can be found in  "Development in 
practice", Volume 10, nr. 1, Oxfam (Oxford, UK), february 2000. 

23 de septiembre del 2001 


Los indios Tobas en Rosario, Argentina: Nuevos pobres urbanos 
Luis César Bou
Venceremos

Situación original

Los "tobas" pertenecen a un gran grupo de pueblos indígenas
denominados "guaycurúes". Originalmente habitaban una extensa
región del Norte argentino: la zona conocida como "Chaco",
término que en lengua aymará quiere decir "lugar de cacería".
Además de la provincia que lleva ese nombre, la región chaqueña
abarca total o parcialmente otras cuatro provincias argentinas
(Santa Fe, Santiago del Estero, Salta y Formosa), y se extiende
hacia el vecino Paraguay. En los orígenes, el Chaco estaba
cubierto por inmensos bosques de especies vegetales muy
valiosas, como el "quebracho". Los tobas eran un grupo nómade,
que como tal vivía de la caza, la pesca y la recolección; si
bien, por irradiación desde la región andina, habían adoptado
algunos elementos culturales más avanzados, tales como la
cerámica, el tejido con fibras vegetales y la cestería. (1)

A partir de 1880 comenzó la ocupación sistemática de los
territorios indígenas por parte del Gobierno Nacional. En el
Chaco esta campaña se extendió hasta 1919, año en que se produjo
el último gran enfrentamiento entre grupos guaycurúes y el
ejército. Los fusiles a repetición y, sobre todo, el alcohol
diezmaron a los indígenas. Sus territorios ancestrales de caza
se convirtieron en inmensos latifundios dedicados, en primer
término, a la explotación maderera. 

Una sola empresa, con directorio en Londres, "La Forestal",
llegó a acaparar más de dos millones de hectáreas sólo en una
provincia de la región chaqueña. (2) La producción de tanino o
extracto de quebracho, durmientes para loa ferrocarriles y
postes para cercos, convirtió en pocas décadas el inmenso bosque
en un inmenso páramo. Un árbol de quebracho tarda cien años en
crecer, y a. nadie le interesaba esperar tanto tiempo... Con
grandes dificultades, los tobas se adaptaron a una nueva
situación mucho más opresiva. Muy pocos trabajaron en la
industria maderera: en su cosmovisión los árboles de quebracho
eran sagrados, y gran parte de sus discordias con el blanco
tuvieren en su origen la depredación del bosque. Pudieron
continuar pescando en el río Bermejito, que atraviesa la región
de la provincia del Chaco en donde se asentaron en su mayoría.
Eventualmente, podían vender sus artesanías, pero no es mucho el
turismo en esa región que pueda comprarlas; y también realizar
tareas rurales o domésticas, en el caso de las mujeres, al
servicio de los colonizadores blancos. Pero, sobre todo, fue a
partir de la orientación de la región chaqueña hacia la
producción algodonera, cuando tuvieron mejores posibilidades de
subsistencia. Una vez al año participaban masivamente en la
cosecha de algodón, lo que les permitía hacerse con una buena
suma de dinero en efectivo. Administrado por las mujeres, ese
dinero podía alcanzar para cubrir las necesidades más
imperiosas, hasta la próxima cosecha. 

El problema serio será cuando, en principio por causas
climáticas, la cosecha fracase. La provincia del Chaco es una de
las más pobres de la región, los recursos para la asistencia
social son escasos. Y, aún cuando no lo fueran, difícilmente se
asignarían a comunidades indígenas. De forma tal que la sequía,
el exceso de lluvias, o cualquier causa que disminuyera la
producción de algodón tenía efectos irreparables en la vida de
estas comunidades. Al no haber alternativas económicas, la única
posibilidad era la emigración. Y la emigración sólo podía ser
hacia el Sur, hacia las regiones más ricas y desarrolladas de la
"Pampa Húmeda". Estas emigraciones, periódicas y limitadas,
cobraron una agudeza inusual a partir de 1982, cuando el Chaco
fue afectado por inundaciones sin precedentes. A. la clase
política que gobierna el Chaco no le interesa asistir a los
tobas ni brindarles posibilidades de desarrollo autónomo. La
única posibilidad de supervivencia en el Chaco pasa por la
agricultura, y esto implica conceder tierras a los indios: el
mayor de los disparates en la mente de los terratenientes. El
problema indio se resolvió de una manera mucho más simple y
económica: pagándoles el pasaje a todos los que quisieran irse
hacia el Sur. 

La situación, ya crítica, de los indios chaqueños sufrió un
deterioro terminal en los años 90: En primer lugar, el avance de
las roturaciones hizo que se los expulse de mucha de la poca
tierra de que aún disponían. En segundo lugar, y mucho más
importante, la difusión del uso de cosechadoras mecánicas los
hizo totalmente prescindibles para la agricultura. 

Durante mucho tiempo no fue rentable para los terratenientes el
uso de cosechadoras mecánicas. Las que existían, además de ser
mucho más caras que la mano de obra india, no eran apropiadas
para las variedades de algodón que se cultivan en el Chaco. Las
políticas neoliberales aplicadas a la economía y la integración
del Mercosur posibilitaron la importación de maquinarias y de
tecnología, desde Brasil, a muy bajo precio. Para mediados de la
década toda la recolección estuvo mecanizada. 

Para las comunidades indígenas esto significó el Holocausto.
Sería una tarea interminable la de describir todas las
violencias, atropellos y engaños que utilizaron los
terratenientes que gobiernan el Chaco a fin de "sacarse de
encima" a los indios, cuyas tierras usurpaban y que hasta
entonces los habían enriquecido. Todo esto, por supuesto,
justificado ideológicamente en el más crudo e inconfesado
racismo. 

Pero si a la violencia lisa y llana siempre se puede oponer
algún tipo de resistencia (y los indios llevan muchos siglos
resistiendo), es muy difícil resistir el hambre. Y es más
difícil aún que los hambrientos puedan, por sí solos, salir del
marasmo. Las comunidades indígenas fueron cercadas por el
hambre, y la única salida que se les ofreció fue la de la
emigración. Si algún día llega a escribirse la historia de los
indios del Chaco, los años que van de 1990 a 1995 serán llamados
los del "Gran Exodo" hacia el Sur. 

A pié, en ómnibus, en camiones, en trenes de carga, y también en
vagones para ganado, arrendados a tal efecto por los gobernantes
chaqueños, llegaron los indios a las grandes ciudades del Sur.
Del Chaco pudieron traer solamente la tuberculosis crónica, la
desnutrición de los niños, la escabiosis, el dengue y otros
bienes por el estilo. 




En Rosario

El hecho de que los tobas eligieran a la ciudad de Rosario, como
uno de los principales lugares de asentamiento, se debe
principalmente a dos razones: En principio, se trata de la gran
ciudad más cercana a la región chaqueña, y posee una estructura
social lo suficientemente abierta como para no rechazar
frontalmente a los recién llegados. En otros pueblos y ciudades
no se les permitió asentarse o, directamente, se los expulsó
embarcándolos de nuevo hacia el Chaco. En Rosario, donde el 100%
de la población desciende de inmigrantes de diversos orígenes,
llegados en épocas relativamente recientes, los tobas no serán
bien recibidos pero tampoco son expulsados. Por otra parte,
existía ya un antecedente de población toba asentada aquí desde
bastante antes. En las décadas del 50 y 60 un núcleo importante
de indios chaqueños llegó a Rosario atraído por la prosperidad
industrial que la ciudad tenía en ese entonces. Se ubicaron en
el barrio "San Francisquito", en los márgenes de la ciudad. Si
bien este grupo logró en gran medida integrarse al resto de la
población, no por eso perdió su identidad étnica, ni su relación
con el lugar de origen. Como es sabido, los lazos de parentesco
son muy firmes entre las poblaciones indias. Esto se debe a que
originariamente, en las sociedades aborígenes sin estado, todo
el sistema político de control social y de redistribución
económica tenía como base la estructura parental. Las redes
familiares entre los tobas de Rosario y los del Chaco
permanecieron vigentes y, en los momentos de catástrofe
económica, actuaron como redes de solidaridad social elemental.
Los recién llegados pudieron así contar con un mínimo de ayuda
de parte de los afincados en Rosario 30 o 40 años antes. 

Cuando, a partir de 1982, y como consecuencia de la depredación
de los bosques, se inicia un período de grandes inundaciones en
el Chaco, los tobas llegaron masivamente a Rosario. No lo
hicieron en busca de trabajo ni para una instalación permanente,
sino simplemente en busca del refugio y la asistencia que en su
lugar de origen se les negaba. Muchos retornaron al Chaco cuando
mejoraron las condiciones climáticas. Otros se quedaron,
ubicándose en terrenos baldíos de la ciudad. En el barrio
"Empalme Graneros", uno de los más pobres, se instaló el núcleo
principal. En Rosario, los tobas pudieron acceder a algún grado
de asistencia médica en los hospitales públicos; sus hijos
pudieron obtener una comida diaria en los comedores escolares; y
también pudieron acceder a alguna ración de comida otorgada por
el gobierno municipal. Más que asistencia social esto es una
miserable limosna, pero es mucho más de lo que estaban
acostumbrados a recibir en el Chaco. De forma tal que el acceso
a estos "bienes" favoreció su instalación permanente en el
lugar. 

Como consecuencia de todo lo anterior, Rosario resultó ser uno
de los lugares preferidos para la nueva radicación, luego del
Gran Exodo de los años 90. la difusión de la mecanización
agrícola en el Chaco hizo que, en muy poco tiempo, surgieran en
Rosario grandes campamentos de refugiados. Es difícil estimar el
número exacto de tobas que llegaron en total, ya que muchos se
separaron de sus comunidades y optaron por vías individuales
para la subsistencia. En estos casos es frecuente que se niegue
la propia condición de indios, como si se tratara de un estigma
vergonzoso. Como fuere, podemos estimar en por lo menos 10.000
los tobas que, viviendo en comunidad, hoy están radicados en
Rosario. Número significativo en una ciudad de algo más de un
millón de habitantes. 

Estrategias de supervivencia en el nuevo hábitat

En las décadas del 80 y del 90, Rosario está bien lejos de ser
el gran centro industrial y comercial de veinte años antes. Las
políticas neoliberales y conservadoras, vigentes en Argentina
desde hace tanto tiempo, han transformado a esta ciudad en algo
muy distinto. Las poco confiables estadísticas oficiales nos dan
casi un 24% de desocupados. Si a ello agregamos un número
similar de subocupados y trabajadores temporarios, la
consecuencia es que al menos un 50% de la población tiene
grandes dificultades a la hora de satisfacer sus necesidades Más
elementales. En este contexto, los indios recién llegados no
tuvieron muchas alternativas económicas disponibles. Los
primeros en llegar recurrieron en alguna medida a la mendicidad.
El hecho de haber emigrado como consecuencia de las inundaciones
favoreció su acceso a cierto grado de simpatía y solidaridad por
parte del resto de la población. Pero esto duró lo que duró el
fenómeno meteorológico, y los recién llegados, si querían
permanecer, se vieron obligados a buscar nuevas alternativas. Es
de notar que solamente algunas mujeres terminaron en una
mendicidad crónica, y siempre es el caso de individuos sin
demasiada relación con el grueso de la comunidad. Los niños,
esporádicamente, también pueden mendigar, pero los adultos
tienen demasiado orgullo como para pedir nada. 

Otro recurso de subsistencia fue y es la venta de artesanías:
cerámica, cestería y algunos textiles. En Rosario, los tobas van
a tener para estos productos un mercado mucho mayor que el que
tenían en el Chaco. Pero, este recurso tiene varias
limitaciones: En primer lugar, las artesanías indígenas han sido
despreciadas durante siglos por los dominadores blancos del
Chaco, lo cual ha tenido como consecuencia la infravaloración de
este recurso por parte de los propios indios. A su vez, esto
produjo una gran limitación en cuanto a la variedad y calidad
estética de la producción, lo que contribuye a que el nuevo
mercado no pueda ser tampoco muy amplio. En segundo lugar, está
el tema de que no siempre pueden los indios vender directamente
su producción. Las mejores piezas suelen caer en manos de
intermediarios, entre los cuales lamentablemente hay que contar
a algunos asistentes sociales y etnógrafos, que se quedan con la
parte más sustancial del negocio. 

En el largo plazo, el recurso fundamental terminó siendo la
basura. Por un lado, en los desechos domiciliarios los tobas van
a encontrar sobras y restos de alimentos que a veces se
convierten en la principal comida diaria. Todas las noches puede
verse el triste espectáculo de familias enteras que recorren el
centro de la ciudad, comiendo allí donde encuentran restos de
comida. Por otro lado, la basura también los va a proveer de
vestimenta, calzado y de un ingreso monetario regular. En
efecto, los cartones y envases de vidrio y aluminio,
recolectados pacientemente y vendidos a precio vil para su
reciclado, posibilitan un aporte económico que reemplaza al que
antiguamente proveía la cosecha de algodón. El problema aquí,
además de la explotación de los revendedores, va a estar en la
dura competencia en torno a la apropiación de la basura. El
empobrecimiento de los últimos años ha hecho que la basura sea
para muchos un objeto precioso. En torno a ella han surgido
"mafias" que se disputan feroz mente su recolección y
comercialización. Los tobas, con su carácter pacífico y
resignado, llevan las de perder en esta lucha, frecuentemente
deben conformarse con los residuos menos "ricos" y
aprovechables. 

La asistencia social para este grupo

La asistencia social en Argentina ha estado siempre ligada a
favores políticos. Más que a prevenir problemas sociales, el
interés ha estado centrado siempre en paliarlos mucho después de
que se producen. Prevenir un problema otorga muy poco rédito
político. En cambio, distribuir paliativos y limosnas puede
generar una clientela electoral que sume muchos votos. De esta
forma, es muy poco lo que los tobas pueden obtener, a nivel
oficial, como iniciativas para un desarrollo autónomo. Además,
muchos de ellos no votan, sea por estar indocumentados o por
tener su domicilio legal en otra provincia. Al no votar, no
revisten importancia tampoco a la hora de distribuir las
limosnas. 

Otra cuestión que dificulta a los tobas el acceso a la
asistencia social es la incomprensión religiosa. En efecto, la
Iglesia Católica, y sus organismos colaterales, es en Argentina
el principal organismo de asistencia social. Pero esa
asistencia, tampoco muy abundante y también dirigida a crear un
clientelismo, es fundamentalmente para los fieles católicos, y
los tobas en su mayoría no son católicos. Los intentos de
catequizar a los indios guaycurúes fracasaron miserablemente ya
en la época colonial: el ritual católico de la misa era
fácilmente asociado a la antropofagia, practicada por los
vecinos guaraníes y objeto de un fuerte tabú para los indios del
Chaco. Ya en el siglo XX, las iglesias evangelistas
pentecostales hicieron su prédica entre los tobas: el éxito fue
rotundo. El mensaje milenarista de los pentecostales encuentra
muy buena acogida entre los marginados.(3) Además, las iglesias
pentecostales toleran un mayor grado de sincretismo con las
creencias tradicionales. Esto alejó definitivamente a los tobas
de la Iglesia católica, y los aproximó a una actitud pasiva y
contemplativa ante la realidad: las injusticias y la miseria son
reconocidas y criticadas, pero su solución, que no está al
alcance de loe hombres, recién podrá producirse luego de un
cambio apocalíptico. 

Recientemente, y en forma individual, algunos fieles católicos
liderados por una monja franciscana, se han acercado a los tobas
para realizar entre ellos una asistencia social primaria. Esto
marca un cambio de actitud por parte de algunos sectores de la
Iglesia Católica. Pero, en lo institucional, les diferencias
religiosas siguen trabando y dificultando la asistencia social a
los tobas. 

El otro gran problema es que la asistencia social y la educación
entre los pueblos indígenas ha estado siempre, directa o
indirectamente, explícita o implícitamente, dirigida hacia la
aculturación. Esto tiene que ver con la historia de un país en
donde la masa de la población desciende de inmigrantes de los
más diversos orígenes, en donde el indio es considerado, en el
mejor de los casos, un extranjero más. El objetivo del Estado
fue, desde los inicios, el de integrar a esa diversidad en una
identidad nacional nueva. La diversidad cultural se aceptaba en
el extranjero recién llegado, pero no en sus hijos nacidos en el
país. La misión de aculturarlos estaba a cargo de las
instituciones del. Estado, sobre todo el sistema educativo y las
Fuerzas Armadas, a través del Servicio Militar Obligatorio.
Estas instituciones también proporcionaban un control médico y
sanitario y asistencia alimentaria en casos de necesidad. Por
fortuna, el Servicio Militar ya no existe, pero el sistema
educativo mantiene en gran medida sus características
originales. Como consecuencia, los indígenas argentinos no
pueden acceder a una educación en su lengua materna. Esto
implica una dificultad tremenda para los niños que inician su
educación primaria a los cinco o seis años. Esta diversidad
provoca, en el mejor de los casos, un retraso escolar y, muy
frecuentemente, el abandono de todo intento de escolarización.
Si se supera el escollo del idioma, de acuerdo a los planes de
estudio vigentes, los niños indígenas deben aprender que los
indios argentinos eran salvajes sin cultura y que los generales
que conquistaron sus territorios y masacraron a sus ancestros
son héroes a los que hay que venerar. En los últimos años, el
único avance que se ha logrado es la introducción de maestros
bilingües en las escuelas con mucha cantidad de niños indios.
Pero esto sólo sirve para facilitar la educación en otra cultura
que no es la indígena. Y todos sabemos que la aculturación es a
la larga sinónimo de etnocidio. 

¿Qué hacer?

Quien haya llegado hasta aquí en la lectura se hará la misma
pregunta que muchos se hacen respecto a las más pobres
comunidades del Tercer Mundo: ¿Cómo es que aún sobreviven? O,
mejor, ¿cómo es que aún tienen la energía para seguir viviendo?
El asombro es mayor cuando se comprueba que, para los miembros
de este grupo de humillados y ofendidos la existencia no es
concebida como algo penoso. Hay en ellos más optimismo y ganas
de vivir que entre los opulentos y poderosos. Esto tiene su
explicación en la fortaleza cultural de estas comunidades. La
transmisión y el ejercicio práctico de valores culturales que
implican una solidaridad activa dentro del grupo y la familia
extensa han sido y son un elemento indispensable para la
supervivencia. (4) Esta conducta solidaria ha sido la única
"Seguridad Social" permanente a la que ha podido recurrir el
grupo. De ahí lo pernicioso de la educación escolar y de la
absorción acrítica de los mensajes que transmiten los medios de
comunicación masivos. Estos valores culturales son, a nuestro
juicio, no solamente los que han permitido la supervivencia,
sino también la piedra firme a partir de la cual el grupo puede
desarrollarse y superar su situación actual. La acción en este
sentido debería encararse desde al menos dos niveles en forma
simultánea: 

1) En el ámbito educativo, por supuesto, debería lograrse una
instrucción en los propios valores, que impida o bloquee la
aculturación del grupo. Esto, en el contexto argentino, parece
muy difícil de lograr, pero no lo es: basta con facilitar que
esos valores sigan siendo transmitidos en la forma tradicional,
muy eficiente por cierto, en que han sido transmitidos hasta
hoy. Desde afuera, lo mejor que se puede aportar es una acción
educativa que tienda a un mayor conocimiento crítico de la
sociedad occidental. Pero no hay mejor enseñanza que aquella que
parte de la realidad concrete del individuo: lo más importante
sería la creación y puesta en marcha de talleres que funcionen
por fuera de la estructura educativa formal. Estos talleres,
centrados en el apoyo a determinados proyectos concretos de
desarrollo, podrían implementarse con relativa facilidad y un
mínimo de infraestructura. En principio, creemos que las
iniciativas educativas deben acompañar a iniciativas económicas
urgentes. Volveremos sobre esto en el último punto. 

2) En el ámbito económico es urgente una acción. que tienda a
incentivar emprendimientos comunitarios que, en muchos casos, se
encuentran ya en germen: 

a) Existen en Rosario experiencias exitosas de cooperativas de
"cirujas"(5) Esta cooperativización permitiría a los tobas
negociar con mucha más ventaja los productos que recolectan
(sabemos que pueden lograrse precios hasta un 100% superiores),
y también defender mejor sus "territorios" de recolección dentro
de la ciudad. Algunos trabajadores sociales han realizado
intentos en este sentido, pero no han tenido demasiado éxito. A
nuestro juicio, este fracaso se debe a la adopción mecánica del
modelo cooperativo occidental, al que siglos de etnocentrismo
nos hacen considerar universal. La cooperativa indígena debería
ser diseñada siguiendo las redes tradicionales de redistribución
económica, que son también las líneas de parentesco. Esto es
perfectamente viable, en tanto la estructura tradicional
permanece intacta.
b) Las familias extensas pueden convertirse en unidades de
producción muy eficientes, reelaborando parte de los productos
hallados en la basura. Al respecto, conocemos una experiencia
exitosa: A partir del acceso a una tecnología más avanzada (una
vieja máquina de tejer) una familia se organizó para la
producción y venta callejera de gorros. La materia prima está
constituida por distintas fibras textiles, recuperadas de la
basura y debidamente acondicionadas y teñidas. La producción de
gorros con los colores de distintos equipos de fútbol, que son
vendidos por los hombres en las cercanías de los estadios,
permite a este grupo tener un ingreso muy superior a la media.
Este modelo podría perfectamente extenderse y ampliarse: cada
familia podría reciclar un producto distinto (papel, metal,
madera, plástico, etc.) a partir del acceso y el entrenamiento
en la tecnología apropiada. La recolección de los productos
podría muy bien ser cooperativa, luego se los clasificaría para
su venta o redistribución a las familias para el reciclado.
c) En el largo plazo, las artesanías tradicionales pueden llegar
a ocupar un importante lugar económico y cultural. Aquí la
acción educativa puede contribuir en mucho en lo que se refiere
a la transmisión y depuración de los valores estéticos
indígenas, así como en la incorporación de nuevos materiales y
tecnologías a la elaboración tradicional. Es necesaria y urgente
la capacitación de los jóvenes en la producción de la cerámica,
tejido y cestería, y pensamos que esto puede resolverse:
Primero, integrando estas actividades en la educación formal. En
este sentido, sería posible formar rápidamente maestros
indígenas de actividades prácticas, que se integren a las
escuelas públicas. Segundo, organizando talleres en los que
específicamente se transmitan estos conocimientos de una
generación a otra. 

Los abusos que existen en la comercialización de las artesanías
pueden resolverse también con una organización cooperativa que,
en este caso, se ocupe ante todo de la venta y distribución de
la producción. Esto sería bastante fácil de organizar, a partir
de algún mínimo de capital. Eliminando la intermediación es
factible la participación en distintas ferias artesanales, y
también se puede obtener un lugar para su comercialización
permanente en Rosario. Creemos que existe también un buen
mercado exterior para estos productos, en la medida en que se
perfeccione su calidad material y estética. 

¿Cómo?

Por lo que esbozamos en el punto anterior, puede verse que
existen ricas posibilidades para el desarrollo de los tobas en
su nuevo hábitat urbano. Pero para llevarlas adelante se
necesitan: 

1) Recursos: es muy difícil lograr que se invierta para el logro
de un desarrollo autónomo. Como ya señalamos, eso no produce
clientelismo ni rédito político inmediato. En cuanto a los
organismos internacionales y ONG, es tal el grado de corrupción
de sus representantes en Argentina que, muy difícilmente llega a
las comunidades de base un mínimo porcentaje del dinero que
aportan para estos fines. Pero no creemos que esto sea un
obstáculo insuperable: los aportes concretos de dinero
necesarios son ínfimos, y pueden llegar a obtenerse por
suscripción. En algunos casos no hace falta dinero en absoluto:
como vimos, una vieja máquina de tejer, encontrada en la basura,
pudo servir de base a una próspera industria doméstica. Lo
indispensable en ese caso fue que alguien, con los conocimientos
adecuados, explicara a los indios qué era ese aparato que habían
encontrado y cómo se utilizaba. Y esto nos lleva a la última
cuestión. 

2) El trabajo social: A nuestro juicio, para el desarrollo
autónomo de este grupo es imprescindible el apoyo, en la fase
inicial, de diversos especialistas (asistentes sociales,
educadores, antropólogos, técnicos, artistas, periodistas,
etc.). Ninguna institución en Argentina está en condiciones de
proveer esos especialistas ni de motorizar proyectos de esta
índole en el largo plazo. Por lo tanto, consideramos que, la
única posibilidad que queda, es la creación de una red
extrainstitucional que una a los intelectuales dispuestos a
realizar un trabajo social concreto. En todas partes hay gente
honesta y dolorida por el cuadro de deterioro social en que
vivimos. Muchas veces las maquinarias institucionales de las que
forman parte (sistema educativo, universidad, salud pública,
ministerios) no actúan o actúan mal en relación con los fines
que debieran tener. Otras veces los fines institucionales
altruistas son bastardeados por la corrupción o por la
manipulación política de la ayuda social. Pero los individuos
que son la base de estas instituciones suelen ser los
principales críticos de estas situaciones. Nuestro propósito
actual es intentar agruparlos en torno a una acción concreta a
la que puedan aportar con. sus conocimientos, desde dentro o
desde fuera de las instituciones a las que pertenecen. Una red
de esta índole podría también ser un importante grupo de presión
y de denuncia, indispensable en este momento en que la moda
neoliberal pregona el individualismo y la indiferencia ante los
problemas sociales. 

Notas

1) Canals Frau, Salvador, Culturas indígenas argentinas.
Hyspamérica, Buenos Aires, 1987.
2) Gori, Gastón, La Forestal. Colmegna, Santa Fe, 1983. 
3) Bou, Luis César, El milenio termina otra vez, las nuevas
religiones de pobres en la periferia de Rosario, en Firpo,
Arturo (Comp.) Nuestra Pobreza. Ross, Rosario, 1997. 
4) Ziegler, Jean, La victoria de los vencidos. Ediciones B,
Barcelona, 1989. 
5) Término que en Argentina designa a quienes viven de la
recuperación de productos de la basura. 




Publicado originariamente en inglés en "Development in
practice", Volumen 10, número 1, Oxfam (Oxford, Gran Bretaña),
febrero del 2000 

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Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky at arnet.com.ar
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