(Spa) An interesting article on Chávez (reformatted)

Richard Fidler rfidler at cyberus.ca
Tue Aug 13 08:56:39 MDT 2002


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Subject:        [R-P] Respuesta a algunos historiadores//Roberto  López
Date sent:      Tue, 13 Aug 2002 05:38:28 -0300

V E N E Z U E L A

13 de agosto del 2002

 Respuesta a algunos historiadores Roberto López Rebelión

 En las páginas de Historia a Debate se han expresado diversas  opiniones
que valoran al proceso político que vive Venezuela. A continuación
puntualizaré algunas consideraciones al respecto.

En primer lugar, no hablo a nombre del gobierno, ya que no tengo  mayores
vínculos con los miembros del partido de gobierno ni he ocupado cargo
alguno en instituciones del estado. Acaso relaciones de amistad con uno que
otro funcionario de menor rango que, como yo, tienen una trayectoria en la
lucha social. Tampoco represento a organización política alguna. En cuanto
al marxismo, puedo decir que tengo profundas divergencias con el régimen
cubano, con lo que fue la URSS y con el llamado "marxismo-leninismo".
Particularmente, discrepo de las tesis de Lenin sobre el partido, así  como
del control del Estado sobre la economía, receta ejecutada por los
soviéticos y por todos los demás países socialistas. Agrego, suscribo  en
casi todos sus puntos lo que Marx valoró de la Comuna de París (véase  "La
guerra civil en Francia").

Creo que una sociedad superadora del capitalismo debe basarse en la
autogestión popular, en el cooperativismo económico, en la democracia
participativa, en la autodeterminación de los pueblos, en el  federalismo,
en la disolución de las fuerzas armadas profesionales, en el respeto a  la
diversidad étnica, en un sistema político que considere la rendición  de
cuentas, la delegación funcional del poder, la rotación en los cargos
públicos, la revocatoria del mandato, las asambleas como máximas  instancias
de discusión y decisión, que respete la libertad de discusión y de  crítica,
cuyos medios de comunicación estén al servicio de las comunidades
organizadas y no de intereses privados. No creo en las revoluciones  por
decreto, administrativas, en las cuales un grupo de audaces (el  partido de
vanguardia) toma el poder y procede a "transformar" ejecutivamente a  la
sociedad. Ese es el modelo leninista que fracasó en la URSS y el  resto de
países socialistas. Por supuesto esta es una reflexión mucha más  profunda
que aquí se abrevia al máximo por razones obvias.

Mi posición sobre el gobierno de Chávez se puede resumir en un "apoyo
crítico". Uno de los puntos principales del apoyo se centra en el  rechazo
absoluto a los intentos por derrocarlo que vienen haciendo diversos
sectores desde el mismo día del triunfo electoral en 1998. Desde el punto de
vista histórico, el gobierno de Chávez es el primer gobierno, desde la
caída del partido bolivariano en 1830, que se sustrae del control del
capital extranjero. Esto no quiere decir que Chávez haya formulado
propuestas "socialistas". Su discurso y su acción de gobierno no ha
trascendido  el nacionalismo burgués. Pero sucede que los poderes imperiales
nunca  han tolerado al nacionalismo burgués en América Latina. Figuras como
Getulio Vargas, Perón, Velasco Alvarado, Torrijos y otros que no pueden ser
calificados como marxistas, también sufrieron las arremetidas  conspirativas
del capital multinacional que no permite que su patio trasero se le  salga
fuera de su control.

En otro terreno, el discurso político de Chávez como gobernante, y  muchas
de sus acciones de tipo efectista, se ha acercado al sentir popular, tal
vez por primera vez en nuestra historia. Es indudable que el discurso
chavista ha levantado una conciencia popular que había permanecido dormida
desde la crisis del colonialismo español. Aunque sus acciones de gobierno
hayan favorecido poco a los humildes, el pueblo ha asumido que este
gobierno proviene de los suyos, representa a los suyos, y constituye una
esperanza para construir un futuro mejor. Si algo existe actualmente en
Venezuela es conciencia de clase, en el sentido marxista del término.
Particularmente jamás había presenciado las formas de organización y de
participación  que casi espontáneamente han asumido gruesos sectores
populares. Como  bien dijo alguien en estos días por la red, una
movilización que hace 20 años organizábamos con muchas semanas de esfuerzo y
que en el mejor de los  casos lograba incorporar a unas diez mil personas,
hoy se organiza sin que  nadie lo decida, casi de un día para otro, y medio
millón de venezolanos  salen a la calle, con una disposición que incluye la
posibilidad de dar la  vida en defensa de este proceso. Presencié algo de
esto, o más grande, en la movilización del 1° de mayo en Caracas. El pasado
sábado 29 se  duplicó este fenómeno con la concentración en la avenida
Bolívar.

En lo personal tengo muy pocos argumentos para sentirme liderado por
Chávez. Pero no puedo negar que centenares de miles, o millones de
venezolanos, reconocen y sienten que Chávez es su líder, que representa sus
intereses, enfrentados a los intereses de una oligarquía que en estos años
hemos  visto y palpado en su verdadera cara intolerante, antidemocrática,
manipuladora, militarista y fascista. Es cierto que el chavismo oficial
guarda poca relación con el chavismo popular. El mismo Chávez centró hasta
ahora  su gestión de gobierno en una alianza sociopolítica fundamentada en
los militares, los partidos reformistas (MVR, PPT, MAS) y sectores de la
burguesía; en esta alianza de clases, el pueblo no tuvo un espacio
específico antes del golpe de estado. Pero el 11 de abril echó por  tierra
los fundamentos de ese bloque social gobernante. Del mismo sólo  queda,
sumamente debilitado, el sector de los partidos políticos,  estremecidos
profundamente por las numerosas traiciones de un gran número de sus  líderes
más conocidos y representativos (los dos principales líderes del Mas,  uno
de los dos principales jefes del PPT, el jefe del MVR y otros de sus
líderes figuran entre los traidores). De los militares ni se diga: 80
generales involucrados en el golpe, y otro tanto de oficiales subalternos. Y
de  los sectores burgueses, desde finales del 2001 dijeron adiós a su luna
de  miel con Chávez.

El 11 de abril dejó ver una realidad que hasta ese momento pocos  habían
reconocido. El proceso de Chávez ha servido como potenciador  espontáneo de
una conciencia y una organización popular que subterráneamente se ha
expandido por todos los rincones del país. Y decimos que espontáneo,  porque
desde los partidos chavistas se han hecho todos los esfuerzos por  evitar
esa organización y participación popular. A pesar de que el chavismo
oficial ha repetido todos los errores del clientelismo y la corrupción
politiquera que heredamos de la cuarta república, en los barrios populares
ha crecido  una enorme tendencia que no sólo cuestiona profundamente ese
burocratismo oficial, sino que intenta insurgir como contralor de la acción
de  gobierno y en no pocos casos como ejecutor directo que sustituye la
inoperancia  de las instituciones del estado.

Obviamente, para el que no puede trascender el análisis simple del  blanco y
negro, de lo malo o lo bueno, puede hacerse difícil entender cómo a  pesar
de tantas manifestaciones negativas de la obra de gobierno chavista, el
mismo proceso de transformaciones sociopolíticas ha permitido que el
"clima" social evolucione significativamente hacia posiciones abiertamente
revolucionarias, aunque esta no haya sido la verdadera intención de  los
chavistas y tal vez ni del propio Chávez.

Creo que algunas ejecuciones del gobierno han contribuido a  fortalecer un
proceso de participación popular que se inició desde el 27 de febrero  de
1989. Una de ellas fue la Asamblea Constituyente de 1999, la cual a  pesar
de su concepción burocrática y reformista, desmontó el sistema político  que
por 40 años le había servido a la burguesía para controlar al país. AD y
COPEI fueron enterrados políticamente, y con ellos, la burguesía perdió a
sus representantes, cuestión que hasta el presente no ha logrado  sustituir.
Algunas otras acciones de gobierno, formuladas más que ejecutadas,  como
sucede con los 49 leyes aprobadas por la habilitante, sirvieron para
terminar de deslindar con el imperialismo y la burguesía, aunque esas  leyes
no impliquen transformaciones profundas. Como ya dijimos, el  imperialismo
no está dispuesto a permitir que las naciones latinoamericanas se
desprendan de su tutela económica. Mucho menos en el contexto actual en que
la  "guerra contra el terrorismo" sirve de pretexto a los Estados Unidos
para  fortalecer su dominio en el mundo globalizado.

La enorme presión que la burguesía ha realizado sobre Chávez,
principalmente a través de los medios de comunicación, y más recientemente
con la  etapa de huelgas y movilizaciones que iniciaron el 10 de diciembre
del 2001 y  que culminó en el golpe del 11 de abril, ha sido también una de
las  causantes de la radicalización que tanto el pueblo como Chávez y
algunos de los dirigentes gubernamentales se han visto obligados a asumir en
los  últimos meses.

La reinstalación de Chávez en el poder el 13 de abril es un fenómeno
inédito en nuestra historia, y tal vez nunca visto en el mundo. Chávez fue
objetivamente derrocado. Su gobierno cayó. Su regreso no fue producto  de
ningún plan preconcebido. Los centenares de miles de venezolanos que
tomaron las calles, y los oficiales y mandos medios que se insubordinaron,
hicieron posible ese milagro. En los hechos, los militares que contribuyeron
al regreso de Chávez lo hicieron por las mismas razones que nosotros  damos
nuestro apoyo crítico al proceso. La salida de Chávez del poder
significaría un enorme retroceso para los intereses del pueblo. Se perdería
la democracia, se perdería la organización popular, se perdería el
protagonismo de los humildes (aunque ese protagonismo sea hasta hoy poco
satisfactorio). Las 24 horas de la carmonada revelaron los enormes peligros
que  encierra  una eventual caída de Chávez. La eventual sustitución del
presidente debe planificarse de forma que quién lo sustituya fortalezca y
potencie  todos los logros populares alcanzados. Esa situación no existe
actualmente.  Chávez es el líder de este proceso, reconocido por millones de
venezolanos, y  el proceso mismo sólo puede continuar con él al frente.

Concebir siquiera la posible salida de Chávez del poder significa  colocarse
junto al imperio y sus representantes criollos. Quienes critican los
errores de Chávez lo hacen partiendo de esa visión burocrática sobre el
proceso revolucionario. Creen que es posible transformar mediante decretos
sabios una sociedad que posee desigualdades sociales construidas en los
últimos  500 años. Creen que una revolución es la toma del poder por unos
chicos  chéveres que inteligentemente van a conducir a la sociedad por el
camino del progreso. No conciben una revolución en la cual "la chusma
desdentada"  tenga una participación estelar. La razón debe estar siempre
del lado de  los "especialistas", de los líderes cuidadosamente formados, no
de parte  del populacho ignoro. (estas ideas no son exclusivas del
antichavismo;  muchos líderes chavistas piensan igual, estoy consciente de
ello).

Resulta que el 13 de abril toda la brillante sapiencia del imperio y  sus
múltiples agencias de inteligencia se estrellaron contra un muro de
concreto que los humildes de Venezuela levantaron sin mayores recursos
mediáticos y materiales. Pero un pueblo que ha estado sometido por siglos no
puede construir de la nada las herramientas que le permitan consolidar su
libertad. Creo que el proceso de cambios está obligado a determinar  los
caminos a recorrer por ese masivo movimiento popular que a partir del  10 de
diciembre del 2001 se levantó en todo el país para defender y  profundizar
la esperanza que nació con el triunfo de Chávez en el 98. Un nuevo poder
popular tiene que nacer de todo esto, para permitir que los cambios
históricos terminen de concretarse. Pero en ningún caso, las fuerzas
ultraconservadoras que desean salir de Chávez representan alternativa
válida alguna para el pueblo venezolano. Su dominio sería el dominio del
capital multinacional, significaría la hegemonía del racismo y el odio hacia
los sectores populares que pregonan todos los días los medios.

Finalmente, reitero mi apego por la autogestión popular, por la  verdadera
democracia de protagonismo ciudadano. Una sociedad de hombres libres  es
antagónica con una sociedad tecnócratica neoliberal. Nuestro futuro  está
en que todos participemos activamente, en igualdad de condiciones, en la
determinación del rumbo que tomen nuestras sociedades. A ello  apuesto. Y
creo que en Venezuela se han abierto caminos que si sabemos  transitarlos
nos pueden acercar a ese ideal.

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- ---- Roberto López. Universidad del Zulia. Maracaibo.



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