(Spa) A Che Guevara unknown for most...

Nestor Gorojovsky nestorgoro at fibertel.com.ar
Wed Jan 1 10:39:05 MST 2003


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...tan argentino que le decían "Che"....(01/01/2003)






"La Argentina sigue siendo generosa; antes dio al mundo al Che, ahora
da todo un plan de acción mundial. Porque ese '¡Que se vayan todos!'
no es sólo una consigna. ¡Viva la rebeldía Argentina!" (Subcomandante
Marcos, mensaje de año nuevo, diciembre 2002).





 En una entrevista editada en Cuba, hace poco tiempo, el general
cubano Harry Villegas ("Pombo", en la guerrilla del Che en Bolivia),
dijo que "...en Bolivia, el Che había vuelto a ser argentino". En
realidad, nunca había dejado de serlo. No por casualidad, una de las
más conocidas anécdotas de la Revolución Cubana, contada por el
propio Fidel Castro, es que, como condición para sumarse a la
expedición del Granma, el Che le hizo prometer a Fidel que lo dejaría
ir cuando quisiera regresar a la Argentina. Cuando el momento llegó,
el líder cubano cumplió su palabra y el Che dejó constancia en su
famosa carta de despedida.

 A través de los años, muchos expresaron su sorpresa por el hecho de
que Guevara dejara su "lugar seguro" en la Revolución Cubana; sin
embargo, se encuentra en su conducta el ideal típicamente
sanmartiniano que la inmensa mayoría de los argentinos hemos
recogido. En su momento, también José de San Martín había dejado el
"lugar seguro" de su carrera militar para sumarse a la Revolución de
Mayo y fue en el marco de ésta que luchó en distintas regiones del
continente hasta convertirse en Libertador americano.

 José de San Martín fue el máximo Jefe del Ejército Libertador
argentino; fue nombrado Capitán General de la República de Chile,
Generalísimo de los Ejércitos del Perú y ciudadano de Colombia y de
México. Cuando el Che sale desde la Argentina, su recorrido reproduce
el mismo itinerario que ya habían trazado antes los ejércitos de José
de San Martín; también él fue adoptado por los pueblos del continente
y recibió de los cubanos la condición de ciudadano.

 El Gran Capitán de los Andes marcó el camino americanista de
generaciones de argentinos: políticos, escritores, artistas y
exponentes de las más diversas disciplinas han expresado
permanentemente la identificación de los argentinos con la Causa del
continente americano: los cubanos no olvidan la figura de José
Antonio Miralla comprometido con la gesta independentista del siglo
XIX, como los dominicanos recuerdan la intervención resuelta de
Hipólito Yrigoyen frente a la ocupación norteamericana, y los
nicaragûenses tienen presente la figura entrañable de nuestro Julio
Cortázar, siempre solidario con la Revolución Popular Sandinista.

 Hay una constante entre los argentinos, y es que cuando viajamos al
exterior nunca dejamos de prestar atención a lo que ocurre en nuestro
país: estamos allá, pero miramos para acá. Siempre, entre mate y
mate, buscamos noticias acerca de cómo están las cosas, sobre qué es
lo que ocurre y cómo está la gente. Es que la inmensa mayoría de los
argentinos, más allá de las diferencias que podamos tener entre
nosotros, queremos mucho a nuestro país. Esto es así, y no importa
donde nos encontremos, sabemos muy bien que nuestro destino siempre
es regresar. Es una fibra muy íntima, muy nuestra, que viene desde el
corazón.

 Hilda Gadea (primera esposa del Che) escribió un libro titulado "Che
Guevara, años decisivos", donde dejó constancia sobre como Guevara
participaba de nuestra condición. Recordando su estancia en México,
refirió lo siguiente:



"Era septiembre de 1955, los cables traían las noticias de la posible
caída de Perón...Dolorosamente vimos que el general Perón se vio
obligado a renunciar al poder para evitar mayor derramamiento de
sangre, debido a la confabulación de parte de las fuerzas armadas con
los intereses yanquis, que deseaban concesiones petroleras, con el
apoyo de la oligarquía ganadera y latifundista, y también de la
iglesia católica...Todos sentíamos lo mismo: pesadumbre porque no se
recurrió al pueblo para defender un régimen que había dado muchas
reivindicaciones a los trabajadores.

Para Ernesto fue un fuerte golpe la caída de Perón; se convenció una
vez más de que el imperialismo norteamericano intervenía
descaradamente en nuestro continente y que era necesario luchar
contra él, con la ayuda del pueblo...". (Hilda Gadea).

El 6 de octubre del año 2002, el diario Clarín publicó una nota de
Rogelio García Lupo sobre el Che Guevara. El título de la misma es
"Un mate en La Habana, y la Argentina en los sueños. Su proyecto tras
la Revolución cubana", y su contenido es el siguiente:


"Vale la pena contarlo: el mismo día que llegué a Cuba conocí al Che.


Fue a principios de setiembre de 1959, en vísperas de la designación
de Ernesto Guevara como director del Departamento de
Industrialización del Instituto Nacional de la Reforma Agraria
(INRA), el organismo que debía pensar y ejecutar los cambios
revolucionarios en la economía cubana.

Unas tres semanas antes, Guevara había regresado de un largo viaje
por España, Egipto, India, Indonesia, Yugoslavia, Ceilán y Japón,
entre otros países.

El viaje del Che había comenzado en Madrid y lo convirtió en el
agente viajero de los ideales revolucionarios en catorce países en
total. En su mayoría formaban parte del grupo de 29 Estados
nacionales que en 1955 se habían reunido en Bandung, Indonesia, para
afirmar su neutralidad con relación al bloque soviético y a los
Estados Unidos enfrentados por la Guerra Fría, al tiempo que
proclamaron su respaldo a los movimientos anticolonialistas en Africa
y Asia.

Antes de esta gira, Guevara había atravesado un período de mala
salud, probablemente a causa de la humedad de su despacho en la
fortaleza del Morro, a la entrada de La Habana. Pero casi tres meses
por el mundo lo habían mejorado de sus ataques de asma (que lo
perseguían desde chico) y ahora se preparaba para conducir al pequeño
equipo de economistas que debía diseñar el programa para la reforma
agraria y la industrialización de la isla.

En la antesala de su explosiva designación, Guevara no concedía
entrevistas de prensa. Pero esta vez no se trataba de eso: el abogado
argentino Carlos Infante, entonces director de Radio Rivadavia y
hermano de la médica psiquiatra Tita Infante, amiga y corresponsal de
Guevara, había llegado a La Habana con 5 kilos de yerba mate. Habían
viajado con Infante desde Buenos Aires, junto con los directores de
dos radios de provincia, con una escala imprevista en Nueva York.
Infante fue quien me dio la noticia:

- El Che nos espera a medianoche.

La medianoche del Che fue a la una de la madrugada. Ahora su oficina
estaba en un edificio sin terminar, de catorce pisos, que el dictador
Fulgencio Batista había imaginado como sede del Ayuntamiento de La
Habana, al costado de un espacio vacío donde después fue trazada la
Plaza de la Revolución cubana.

Las paredes de cemento desnudo transpiraban copiosamente a esa hora y
el encuentro transcurrió en un clima de intimidad que sólo podía
explicarse, en aquella peligrosa situación política, por la confianza
que el nombre de Tita Infante transmitió al Che apenas fue
pronunciado por su hermano.

He olvidado casi todo de aquel encuentro pero recuerdo el mate
pasando de las manos de Guevara a las de Infante, y un mapa
'Bemporad' de la República Argentina en uno de aquellos muros pelados
y sin adornos, apenas tolerables y difíciles de imaginar como el
entorno de todos los días.

Guevara tenía entonces 31 años y formaba, con Fidel Castro y Camilo
Cienfuegos, la trilogía emblemática de la Revolución cubana. A pesar
de los esfuerzos que en esos momentos hicieron sus enemigos por
presentarlo como un comunista sin autocrítica y un aventurero
internacionalista sin patria, ya entonces podía verse que él fue,
posiblemente, quien comprendió antes que ninguno el mundo terrible
que aguardaba a los cubanos y el destino del socialismo real.

Más difícil fue advertir ya en esos momentos, que en los pensamientos
de Guevara nunca dejó de aparecer la dolorosa incógnita de la lejana
Argentina. Puedo dar fe de la ansiedad que invadía al Che cuando
llegaban noticias argentinas, especialmente durante la torturada
presidencia de Arturo Frondizi. Cuando visitó a Frondizi en Buenos
Aires, durante la conferencia interamericana de Punta del Este de
1961, Guevara conocía tantos detalles de la situación política local
como el mismo Presidente. Le resultaban familiares los nombres de los
caudillos militares que acosaban a Frondizi, sabía de memoria cuáles
eran los caciques sindicales y, por cierto, estaba al día sobre las
posiciones de Perón, cuyas ideas había revisado generosamente, tal
vez con el realismo que le impuso su propia experiencia en el poder
cubano.

En la agencia informativa Prensa Latina su director, el periodista
argentino Jorge Ricardo Masetti, recogía diariamente las noticias de
Buenos Aries y las enviaba al Che. Cuando se produjeron
levantamientos militares, Guevara se hizo presente en la redacción de
Prensa Latina, donde amaneció como otros millones de argentinos:
escuchando la radio, tomando mate y usando el teléfono hasta la
mañana. Una foto poco conocida lo muestra leyendo las noticias en los
equipos de comunicaciones de Prensa Latina.

En 1953, cuando emprendió su definitiva aventura latinoamericana,
Guevara escuchó por primera vez en casa de un exiliado antiperonista
en La Paz la excitante hipótesis de que el gobierno peronista tal vez
podía ser derribado por una invasión desde Bolivia en la frontera con
Salta. Perdió la vida catorce años más tarde, cuando intentó
establecer en Bolivia un punto de partida para llevar la revolución
hasta la Argentina.

Algún tiempo antes, cuando ya era el Che, mantuvo este diálogo con la
escritora argentina María Rosa Oliver:

- Bueno, basta. No hablemos más de la Argentina.

- ¿Por qué? Si usted la quiere mucho.

- Por eso mismo."



El 24 de octubre de 1967, al confirmarse la caída en combate del Che,
el General Juan Domingo Perón escribió la siguiente carta dirigida al
Movimiento Peronista:



"Compañeros:

Con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida
para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. Quienes
hemos abrazado este ideal, nos sentimos hermanados con todos aquellos
que, en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier bandera, luchan
contra la injusticia, la miseria y la explotación. Nos sentimos
hermanados con todos los que con valentía y decisión enfrentan la
voracidad insaciable del imperialismo, que con la complicidad de las
oligarquías apátridas apuntaladas por militares títeres del Pentágono
mantienen a los pueblos oprimidos.

Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más
extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto
el Comandante Ernesto Che Guevara.

Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás
el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de
sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de
la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo
eleva a la categoría de héroe y mártir.

He leído algunos cables que pretenden presentarlo como enemigo del
peronismo. Nada más absurdo. Suponiendo que fuera cierto que en 1951
haya estado ligado a un intento golpista, ¿qué edad tenía entonces?
Yo mismo, siendo un joven oficial, participé del golpe que derrocó al
gobierno popular de Hipólito  Yrigoyen. Yo también en ese momento fui
utilizado por la oligarquía. Lo importante es darse cuenta de esos
errores y enmendarlos. ¡Vaya si el Che los enmendó!

En 1954, cuando en Guatemala lucha en defensa del gobierno popular de
Jacobo Arbenz ante la prepotente intervención armada de los yanquis,
yo personalmente di instrucciones a la cancillería para que le
solucionaran la difícil situación que se le planteaba a ese valiente
joven argentino; y fue así como salió hacia México.

Su vida, su epopeya, es el ejemplo más puro en que se deben mirar
nuestros jóvenes, los jóvenes de toda América Latina.

No faltarán quienes pretendan empalidecer su figura: el imperialismo,
temeroso del enorme prestigio que ya había ganado en las masas
populares; otros, los que no viven las realidades de nuestros pueblos
sojuzgados. Ya me han llegado noticias de que el Partido Comunista
Argentino, solapadamente, está en campaña de desprestigio. No nos
debe sorprender, ya que siempre se ha caracterizado por marchar a
contramano del proceso histórico nacional. Siempre ha estado en
contra de los movimientos nacionales y populares. De eso podemos dar
fe los peronistas.

La hora de los pueblos ha llegado y las revoluciones nacionales en
Latinoamérica son un hecho irreversible. El actual equilibrio será
roto porque es infantil pensar que se pueden superar sin revolución
las resistencias de las oligarquías y de los monopolios
inversionistas del imperialismo.

Las revoluciones socialistas se tienen que realizar; que cada uno
haga la suya, no importa el sello que ella tenga. Por eso y para eso,
deben conectarse entre sí todos los movimientos nacionales, en la
misma forma en que son solidarios entre sí los usufructuarios del
privilegio. La mayoría de los gobiernos de América Latina no van a
resolver los problemas nacionales sencillamente porque no responden a
los intereses nacionales. Ante esto, no creo que las expresiones
revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar a la acción
revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y
tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. Y esta
tarea, la deben llevar adelante quienes se sientan capaces. La lucha
será dura, pero el triunfo definitivo será de los pueblos.

Ellos tendrán la fuerza material circunstancialmente superior a las
nuestras, pero nosotros contamos con la extraordinaria fuerza moral
que nos da la convicción en la justicia de la causa que abrazamos y
la razón histórica que nos asiste.

El peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como
Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje
emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto Che
Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas
en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica."
(Juan Domingo Perón).



































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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro at fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos
los latinoamericanos.
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