Fw: Los contradictorios resultados de las elecciones del 6 de julio.

Erik Toren ectoren at hiline.net
Thu Jul 17 16:21:16 MDT 2003


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Hola Cdes.:

Interesting article from Edgard Sanchez from Convergencia Socialista.

por el socialismo,
Erik Torén


----- Original Message ----- 
From: convergencia socialista apn 
To: PRT 



Los contradictorios resultados de las elecciones del 6 de julio.  Edgard
Sanchez* En primer lugar hay que decir que las votaciones del 6 de julio
representan un golpe al gobierno de Vicente Fox.

Es cierto que en todas las elecciones intermedias, la votación
desciende. Es cierto que siempre ha habido abstención y que ésta no
representa necesariamente una opinión política.

Pero el contexto en que ocurrían estas elecciones era diferente. Son las
primeras elecciones realizadas después de la derrota presidencial de un
régimen que duró 70 años.  Era lógico suponer que el partido que había
logrado capitalizar el hartazgo popular contra el PRI, refrendaría su
triunfo ahora en el Legislativo para facilitar la realización del
"cambio" prometido.

Es cierto que numéricamente la votación del PAN no disminuyó y que aún
en el 2000, al ganar Fox la Presidencia de la República, nadie tuvo
mayoría absoluta en la Cámara de Diputados e incluso entonces el PRI era
primera minoría. Pero el "cambio" rpresentado por Fox no fue refrendado.

El defecto Fox. 

Después de las elecciones del 2000 dijimos que el voto que le dio la
mayoría a Fox no era todo un voto por su programa, un voto por el
programa de la derecha o por el PAN. Había un importante componente de
"voto útil" contra el PRI, del voto del hartazgo contra el PRI que
consideró lo más viable electoralmente a la candidatura de Fox. El reto
de Fox en consecuencia, era capitalizar ese voto por la salida del PRI
en un voto a favor del PAN y de su programa. Y no lo logró. Fracasó en
el intento.

Ahora Fox dice que él no era candidato. Que él no estaba en la
competencia. Es falso. Con la abrumadora campaña publicitaria del
gobierno, previa a las elecciones, Fox quiso poner su peso a favor del
PAN (hasta con la ayuda del pan Bimbo), metiendo la dinámica de un
referéndum sobre su gestión. En los últimos días las protestas de los
partidos de oposición frenaron la publicidad del gobierno. Pero de todos
modos el efecto estaba ahí. Y en vez del efecto Fox, como en el 2000,
ahora fue el "defecto Fox", como dijo la revista Proceso, lo que jugó en
la elección del 2003.

Si en el 2000 representó en el imaginario popular la posibilidad de "un
cambio", tres años después la decepción sobre lo ocurrido no solamente
no le otorgó al PAN el voto por Fox, sino que alejó a muchos de la
participación política electoral.

El triunfo del PRI por default.

El resultado electoral favorece al PRI. Mantiene la mayoría relativa en
la Cámara, en realidad la primera minoría. Pero, al mismo tiempo, son el
PRI y el PRD, los dos partidos que más votos pierden, no sólo en
comparación con el 2000 (lo que sería normal por ser presidencial), sino
también con respecto a 1997.

El problema central es que ante el desgaste del demagógico gobierno de
Fox y las expectativas creadas con "el cambio" no hubo alternativa
creíble que convenciera de la posibilidad de profundizar en ese
cambio. La opción del PRI no representa la posibilidad de profundizar,
sino de regresar al pasado. La opción de "más vale malo por conocido que
bueno por conocer". O como decía el anuncio priísta, porque "ellos sí
saben gobernar" y no como los panistas.

El PRI está en crisis e incluso electoralmente va a la baja. No es
solamente el caso extremo de la Ciudad de México y el DF donde está
prácticamente desfondado (con la excepción de su sorpresiva victoria en
Milpa Alta, la zona rural del DF, frente al saliente coordinador
parlamentario del PRD en la ALDF). En comparación con 1997 ha perdido 2
millones de votos, en comparación con el 2000 alrededor de 4 millones
(véanse las gráficas)

Pero ante la falta de alternativas creíbles desde la izquierda, mantiene
la mayoría en la Cámara de Diputados, así como en el Senado (en ambos
casos como primera minoría) y mantiene el gobierno de la mayoría de los
Estados de la República. En las elecciones locales, simultáneas a las
federales del 6 de julio, ganó al PAN estados tan significativos como
Nuevo León y su capital, Monterrey, o incluso los avances en la tierra
de Fox, el estado de Guanajuato. Mientras el PAN gobierna 9 estados y el
PRD 5 entidades, el PRI gobierna el resto del país, es decir en 17
estados (Chiapas es un caso aparte con un gobernador producto de una
coalición entre PAN, PRD, PT y PVEM). Ciertamente ha perdido centros
vitales como el DF ante el PRD, o Jalisco (y su capital, Guadalajara) y
Baja California ante el PAN, pero el fiasco del gobierno de Fox y la
crisis de perspectivas del PRD hacen que el PRI vea el 2006 con
optimismo. La crisis y una posible escisión del PRI serían hoy las
condiciones para impedir que en el 2006 recuperara la Presidencia de la
República. El PAN, amarrado a la imagen de Fox o de "la pareja
presidencial" o la pérdida de brújula del PRD no aseguran una
alternativa electoral al PRI para ese año.

El descarrilamiento del PRD.

La elección puso a prueba la línea estrenada por la dirección partidaria
que aparecía más identificada con la izquierda por su historia y
tradición. Esta línea, sin embargo, privilegió los acuerdos con sectores
descontentos o desplazados del PRI, sin importar el carácter, historia y
definiciones de esos grupos y candidaturas. Esa política se comprometió
con candidaturas ligadas al salinismo y sus concepciones neoliberales y
no le atrajo al PRD más votos, aunque sí le hizo perder parte de su voto
tradicional. Las apuestas en este sentido fueron más claras en
elecciones locales, como en Colima o en San Luis Potosí donde se postuló
a los perdedores de las internas del PRI y los resultados fueron
desastrosos. En ambos casos, el PRD no solamente quedó en tercer lugar,
sino muy abajo del PRI, que arrolló en Colima o del PAN, que ganó en San
Luis Potosí. La pérdida de votos del PRD es mayor que la del PRI. En
comparación con 1997, es decir la anterior elección intermedia, perdió
alrededor de tres millones de votos. Incluso en el DF, pese a que ganó
13 de las 16 delegaciones de la Ciudad, recuperando varias de las que el
PAN ganó en el 2000 con el "efecto" Fox, ahora el "efecto" López Obrador
no alcanzó todavía la votación récord obtenida por Cuauhtémoc Cárdenas
en 1997.

Lo peor no es eso, sino el desvío político del PRD. Nunca le pensamos
como la opción de la izquierda , pese a los intentos corporativistas que
lo han querido imponer así en el movimiento, ya no digamos como
representativo de la izquierda socialista o anticapitalista. Pero la
línea nacionalista, democrática, antiimperialista representada por el
PRD de Cárdenas le mostraba como un importante aliado en la lucha contra
el neoliberalismo. Ahora esto ya no está claro. Ganados por la
"institucionalidad" y la angustia por la "gobernabilidad" en vez de la
profundización del programa de la "revolución democrática", el PRD va
conciliando con sectores identificados con el priísmo salinista o el
Gobierno del DF, encabezado por López Obrador, con los intereses de
sectores de la burguesía como los representados por Carlos Slim.

Otra izquierda es necesaria.

El nivel de abstención, de proporciones históricas, y la suerte de
algunos de los nuevos partidos que contaron con registro electoral, pero
que tuvieron que enfrentar una inequidad de recursos descomunales con
respecto a los de la tríada PRI-PAN-PRD, confirman que, efectivamente,
otra izquierda es necesaria pero una izquierda que no quede atrapada en
los marcos del actual sistema político-electoral. Se requiere de una
izquierda que, efectivamente, hace política. No se trata de refugiarse
en el apoliticismo, apartidismo o movimientismo, asustados por la
magnitud del problema y dejándole todos los terrenos a los partidos
institucionales. Se requiere otra opción política partidaria de la
izquierda pero que no acepta, de entrada, las condiciones
antidemocráticas impuestas por el actual sistema político electoral.

Esto implica, de entrada, un cambio en la cultura política actual que
entiende por partido político, en primer lugar, el registro y las
prerrogativas de un aparato electoral. Para nosotros se trata de un
proyecto político colectivo alrededor de un programa de transformación
social, de otro mundo posible, un mundo socialista. En una lucha de
largo plazo con un programa político, con desarrollo en el seno del
movimiento de masas, del movimiento social, lo fundamental no es contar
o no con el registro electoral. Una primera lucha necesaria es modificar
las condiciones de participación en el actual sistema político
electoral, antes que apurarse a una nueva campaña electoral con un nuevo
registro que dura solamente los meses de la campaña para perderse al día
siguiente de las votaciones.

Las condiciones para el reencuentro y reagrupamiento de diversos
sectores de la izquierda que han estado dispersos en proyectos
diferentes, tanto a nivel partidario, como en el movimiento social o en
las luchas de resistencia o en las ONGs, se están dando lentamente, pero
van ocurriendo, según se realizan los balances de cada quien de estos
años.

Ese proceso no puede acelerarse artificialmente y no responde a los
tiempos legales y electorales. Está llevando tiempo, pero debe haber
conciencia entre nosotros que si bien otra izquierda es necesaria,
también es ya posible y urgente.

* Articulo publicado en Bandera Socialista No. 9, el autor es dirigente del PRT.






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