(Spa) The "Revolución Libertadora"

Nestor Gorojovsky nestorgoro at fibertel.com.ar
Sun Sep 14 10:10:57 MDT 2003


Within 48 hours, on Sept 16th, 2003, we in Argentina shall be 
commemorating  the 48th anniversary of the coup that led to the 
current situation, the so-called "Revolución Libertadora" of 1955.

One of the main actions of this regime was to include Argentina in 
the IMF, thus triggering the endless series of debt arrangements 
(creation of a _false_ foreign debt was included as starting point) 
which ended up in the December 2001 upheaval and last week's 
decission by Argentina to impose some elementary conditions of 
dignity in the negotiations with IMF.

What follows, in Spanish, is a quite accurate description of what 
happened in those terrible days which established the conditions for 
the tragedy of Argentina during the second half of the 20th. century. 
It is very interesting to note that the coup of September 16, 1955, 
represented for Argentina the same as the coup of September 11, 1973, 
represented for Chile.

The only difference between both (and the difference which explains 
the lack of solidarity with Argentineans as compared to full 
solidarity with Chileans) is that in Chile, 1973, the mainstream Left 
was part and parcel of the overthrown government, while in Argentina 
it was cheering the criminals who unleashed the most vicious attack 
against the workers and the poor in the country.

This is the only chapter of the events in 1955 that the text attached 
does not broach: the enormous support that this coup obtained from 
both the Left and the Catholic Right. 
------- Forwarded message follows -------
Date sent:      	Sun, 14 Sep 2003 03:49:28 -0600
From:           	bambupress at Argentina.com
Subject:        	LA «REVOLUCIÓN LIBERTADORA»
To:             	bambupress at iespana.es

16 de septiembre de 1955
A 48 AÑOS DE LA «REVOLUCIÓN LIBERTADORA»

Roberto Bardini
bambupress at iespana.es

El 16 de septiembre de 1955, el general retirado Eduardo
Lonardi dirige en Córdoba un levantamiento militar que se
extiende a Buenos Aires y a otras ciudades. El movimiento
golpista contra el gobierno constitucional de Juan Domingo
Perón recibe apoyo de la marina de guerra al mando del
contralmirante Isaac Francisco Rojas. La flota naval bombardea
Mar del Plata y amenaza con destruir la destilería de petróleo de
La Plata.

El 19 de septiembre Perón renuncia y se refugia durante pocos días
en la embajada de Paraguay. De ahí, pasa a una cañonera de
ese país anclada en Puerto Nuevo. Cuatro días después,
Lonardi asume como presidente provisional de la
autodenominada «Revolución Libertadora» con el lema «Ni
vencedores ni vencidos», y designa al contralmirante Rojas
como vicepresidente. Lonardi, un militar retirado, recto y austero,
carece de experiencia política pero tiene claro que su mandato
deberá ser breve y buscar soluciones que no excluyan a los
peronistas.

El gobierno de facto disuelve el Congreso e interviene los
gobiernos provinciales, las universidades y los medios de
prensa oficiales. Las provincias Eva Perón y Presidente Perón
vuelven a ser denominadas La Pampa y Chaco. El economista
Raúl Prebisch, director del Banco Central durante la Década
 Infame, se transforma en asesor de nuevo régimen. Por su
intermedio, Argentina inicia su desfavorable relación con el
Fondo Monetario Internacional (FMI). Las consecuencias se
extienden hasta hoy.

El 3 de octubre, Perón vuela en un hidroavión paraguayo rumbo
a Asunción. El 4 de noviembre, abandona el país vecino y viaja
a Venezuela. De ahí, se traslada a Panamá, donde estará nueve
meses.

Lonardi sólo permanece 50 días en el gobierno. El 13 de
noviembre un golpe palaciego lo obliga a renunciar
abruptamente. Su lema conciliador, «Ni vencedores ni vencidos»,
nunca se pondrá en vigencia. Los altos mandos quieren
participar de todos los resortes del poder y, desde allí, impulsar
planes que no tienen nada que ver con la reconciliación. Ese
sector militar es duro y pide revancha. El general Pedro Eugenio
Aramburu, jefe del Estado Mayor del Ejército, ocupa la presidencia
y confirma al contralmirante Rojas como vicepresidente. Juntos
iniciarán una implacable cacería de peronistas, que continuarán
gobiernos posteriores. Durante años habrá ganadores y
derrotados.

La Revolución Libertadora se dedica a desmontar la
maquinaria justicialista y a borrar todo lo que recuerde al
gobierno derrocado. El Partido Peronista es disuelto. El ejército
interviene la CGT y designa como responsable a un capitán de
navío de doble apellido, Alberto Patrón Laplacette. Miles de
dirigentes obreros son destituidos. Grupos civiles, entre los
que se encuentran  conservadores, radicales y comunistas,
asaltan sindicatos. Se desata la cacería: funcionarios, dirigentes
políticos, empleados públicos, gremialistas, militantes y simples
simpatizantes son perseguidos y encarcelados; aumentan
las denuncias sobre torturas brutales.

El 5 de marzo de 1956, el decreto 4161 decide que «en su
existencia política, el Partido Peronista ofende el sentimiento
democrático del pueblo argentino». La medida prohíbe en todo
el país «la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los
funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo y la
bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto,
el de sus parientes, las expresiones Peronismo, Peronista,
Justicialismo, Justicialista, Tercera Posición». La prohibición
se extiende a «las fechas exaltadas por el  régimen depuesto,
las marchas Los muchachos Peronistas y Evita Capitana,
los discursos del presidente depuesto y su esposa». Se
adelantaban a la dictadura militar de 1976 y al general Augusto
Pinochet.

El nuevo régimen castiga con cárcel el hecho de nombrar a
Juan Domingo Perón y a María Eva Duarte, y de exhibir los
símbolos partidarios «creados y por crearse». Durante años,
el periodismo escrito y radial se referirá al general derrocado
como «el dictador depuesto» y «el tirano prófugo».

Se destruyen monumentos y se queman libros escolares. La
Ciudad Infantil Evita es arrasada y se clausura la Fundación de
Ayuda Social Eva Perón. El militar que asume como interventor
elabora un informe en el que menciona el derroche peronista
que significaba darles de comer carne y pescado todos los
días a los chicos y, además, bañarlos y ponerles agua de colonia.
El interventor contrata una cuadrilla para romper a martillazos
toda la vajilla con el sello de la institución.

Se crean 50 comisiones investigadoras. Al contrario de las
normas del derecho, no son los acusadores quienes tienen
que probar el delito sino los acusados quienes deben
demostrar su inocencia. Durante el mandato de Aramburu y
Rojas se acusa a Perón de 121 delitos, se le inicia un juicio
por «traición a la patria» y se le prohíbe el uso del grado militar
y el uniforme. En las fuerzas armadas, comienza una depuración
que continuará durante varios años.

Los vencedores divulgan públicamente el contenido del
guardarropa de Evita y hacen un inventario de sus joyas. El
nacionalista Juan Carlos Goyeneche, secretario de Difusión,
anuncia que en la residencia presidencial se hallaron «20
millones de dólares dejados por Perón». El hecho nunca se
prueba y luego es olvidado, pero la técnica de las «revelaciones»
continúa y se instala en la cabeza de los que no necesitan ver
para creer. El nuevo régimen asegura públicamente, aunque
nunca presenta pruebas, que el ex presidente de casi 60 años
mantenía una relación sentimental con una niña de 14, alumna
de secundario.

El cadáver de Evita, que aguardaba en el segundo piso de la
CGT, en Azopardo al 800, la construcción de un mausoleo, es
vejado por un grupo de militares, escondido en diversos lugares
y, finalmente, sacado furtivamente fuera del país. El motivo: evitar
que su sepultura se convierta en un lugar de peregrinación
peronista. Los profanadores, mantendrán el cuerpo oculto en
Europa durante 16 años. Durante esos largos años, ella también
fue una desaparecida, una tumba sin nombre, una N.N.

Se prohíbe la circulación de medios impresos simpatizantes
de «la segunda tiranía». Lo único que se logra es que prolifere
una gran cantidad de panfletos clandestinos y que las paredes
de la ciudad amanezcan con enormes pintadas de alquitrán.
En voz baja, mientras tanto, la Revolución Libertadora pasa a
ser denominada «la Liberta... dura».

Cuarenta y ocho horas después, comienza la Resistencia
Peronista. Dieciocho años más tarde, en 1973 el general Perón
retorna a la Casa Rosada. Y hoy, uno de los que luchó por su
retorno en los años 70 ocupa el sillón presidencial.


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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro at fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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