[Marxism] Neoliberalism: Working class, labor movement and unemployed in Argentina

Nestor Gorojovsky nestorgoro at fibertel.com.ar
Sun Aug 15 09:48:52 MDT 2004


[Dear comrades: this that follows is a capital contribution to 
understand the social and political dynamics of working class 
Argentina under the conditions of rampant counterrevolution 
inaugurated in 1976.  Unfortunately, I don't have the time to 
translate it.  If some comrade can do it, it will be a great service 
to the general movement:  it deserves widespread distribution.

This document, which I forward from the Reconquista-Popular mailing 
list, gives a Marxist, reasoned and deep explanation of the 
relationships between the "social movements of the unemployed" and 
the Unions' Central CGT.  

It should be noted that this CGT, main and in a sense single Unions' 
Central of Argentina, has traversed a period of reorganization that 
took the combative leadership of MTA to the lead during the month of 
July.  The first political action by Hugo Moyano, the leader of MTA, 
who is now the chief leader of CGT, was to open up the gates of CGT 
to the "piquetero" Castells, that is --the "bureaucrat" Moyano (as 
"progressives" and "leftists" in Argentina never forget to say, in 
the same manner that they defined Hugo Chávez, at first, as an "ex-
golpista", that is a "former coup maker") has opened up the arms of 
the workers' union to the unemployed.

The article below makes also some interesting comparisons between the 
relative trajectories of the Argentinean unemployed and their 
European counterparts.  While our mass of unemployed, many of whom 
are children of Latin American immigrants or Inland country 
immigrants, is organizing itself into self-styled "unions of 
unemployed", the European masses of unemployed provided the ground 
for the birth of Fascism, Nazism and LePenist xenophobic movements.

In the Third World, not even the unemployed acts like its counterpart 
in the First World...]

*************** Text in Spanish follows ***************

[Me atrevo a calificar como extraordinario el valioso texto que sigue 
a continuación.  A tal punto que me he tomado la libertad de reenviar 
este correo a diversas listas de discusión y corresponsales privados, 
del país y del extranjero.  

Es producto de la pluma de un miembro de la lista Reconquista 
Popular. Nada me hubiera gustado más que publicarlo con su firma.  
Pero, según me explicó el autor en determinada oportunidad y ante 
varios testigos, no escribía en la lista porque le habían "hinchado 
las pelotas" críticas recibidas por un planteo suyo.  

Aunque obviamente no comparto esa decisión, la respeto; pero el 
documento es tan bueno que me pareció un crimen privar a los miembros 
de R-P de tan importante reflexión.  Sugiero referirse al presente 
como "el texto del CEES", y ruego particularmente a quienes saben de 
dónde viene el documento que sepan proteger ese anonimato tan 
celosamente mantenido por el autor.  El CEES es el Centro de Estudios 
Estratégicos y Sindicales, vinculado a Hugo Moyano y el MTA.]

UNIDAD DE LOS TRABAJADORES
Y AL QUE NO LE GUSTE
..

La reunión del 11 de agosto de este año, entre el secretario 
general del Sindicato de Camioneros y uno de los tres 
secretarios generales de la CGT, Hugo Moyano, y el principal 
dirigente del Movimiento Independiente de Desocupados y 
Jubilados, Raúl Castells, ha significado un punto de 
inflexión en el proceso de dispersión y fragmentación 
experimentado por la clase trabajadora y su representación 
sindical, a partir de 1989. 

En ese momento, la decisión de Carlos Menem, recientemente 
electo presidente por el voto popular, mayoritariamente de 
origen peronista, de encabezar una profunda 
contrarrevolución y asumir el programa histórico de los 
enemigos internos y externos del movimiento nacional, tomó a 
los trabajadores y sus representaciones gremiales totalmente 
de sorpresa. Hay que tener en cuenta que uno de los 
elementos que garantizó el triunfo de Menem en las internas 
justicialistas, donde se dirimió la candidatura presidencial 
de este partido, fue el apoyo cuantitativo y cualitativo que 
le proporcionó el grueso del sistema de sindicatos 
peronistas. Recordemos, de paso, que fue la torpeza 
socialdemócrata de Antonio Cafiero – y su temor a espantar a 
la clase media – lo que determinó la caída de la candidatura 
de Vernet como su compañero de fórmula, quien contaba con el 
apoyo abierto y declarado de las conducciones sindicales 
peronistas. La decisión del precandidato presidencial de ser 
acompañado por José Manuel de la Sota determinó que el apoyo 
gremial fuese aprovechado por el otro precandidato, el 
gobernador riojano que, a efectos de diferenciarse de 
Cafiero, asumió un discurso plebeyo y con ambiguas 
referencias al interior postergado. Fue, recordemos, el acto 
organizado por los sindicatos peronistas en la Cancha de 
River los que le dieron a la precandidatura de Menem el 
volumen y la presencia de las que, hasta ese momento, 
carecía.

Las elecciones dieron obviamente el triunfo al candidato del 
PJ y la primera consecuencia de ese triunfo popular fue el 
golpe económico lanzado por el establishment bajo la forma 
de un brote hiperinflacionario, con la aparición, por 
primera vez en la historia argentina, de un fenómeno que 
luego volveríamos a vivir: los saqueos a supermercados y 
comercios. Esa hiperinflación, que aparentemente golpeó 
sobre el saliente Raúl Alfonsín, y lo obligó a adelantar la 
entrega de la presidencia a su sucesor, fue en realidad una 
seria advertencia a ese sucesor. Con la inflexibilidad que 
los sectores dominantes tienen para ejercer la violencia en 
momentos en que ven peligrar su situación hegemónica, el 
conjunto de las finanzas, la Sociedad Rural, la Bolsa de 
Comercio, las empresas exportadoras, los monopolios 
productores y comercializadores de alimentos, las grandes 
cadenas de supermercados y los barones de la industria 
lanzaron un ataque brutal contra el gobierno recientemente 
electo que, de manera ambigua, parecía amenazar su situación 
de privilegio. El viejo presidente, ya sin poder, y el nuevo 
presidente, aún sin poder, fueron sorprendidos por la 
ferocidad del ataque.

Por su parte, el golpe hiperinflacionario dejó una huella 
psicológica, durante mucho tiempo indeleble, en la 
conciencia y la memoria de los sectores más empobrecidos de 
la sociedad argentina. De repente sintieron que la tierra se 
hacía agua y se hundían sin remedio en el hambre y la 
desesperación. Mujeres que trabajaban por hora en casas de 
la clase media recibían dos impactos tremendos: primero, la 
noticia de que no vinieran la semana siguiente, puesto que 
la situación obligaba a bajar los costos menos 
comprometedores y, segundo, al llegar a su barrio, descubrir 
que esos pesitos que le permitirían afrontar los gastos de 
comida de su familia habían perdido poder adquisitivo y no 
le servían más que para tomar el ómnibus al día siguiente. 
Ese primer saqueo fue una convulsión en los humildes 
argentinos. Fueron, por primera vez, lanzados por la 
desesperanza a realizar actos que consideraban delictivos, a 
agredir a otros pobres, en algunos casos, o a sentir que 
robaban en lugar de comprar, como siempre lo habían hecho.

De modo que, cuando Menem, ya presidente de la Argentina, 
decide entregar la economía a los grupos más concentrados,  
monopólicos y antinacionales de la burguesía y las 
relaciones internacionales a los intereses norteamericanos, 
encuentra al grueso del movimiento sindical encolumnado 
detrás de si. En la situación caótica generada por la 
hiperinflación post electoral éstas medidas desconcertaron a 
todo el mundo. No se sabía si lo que el nuevo presidente 
estaba buscando era establecer un transitorio alto el fuego 
con la reacción proimperialista, a efectos de poder dar 
inicio a su gobierno, o una capitulación lisa y llana. 
Tuvieron que pasar entre tres y cinco meses para que esto 
último se hiciese evidente y, en cierto sentido, 
irreversible. 

Recién cuando esto se hace evidente, cuando comienza el 
brutal proceso de desguace del Estado Nacional y la 
liquidación de las grandes empresas estatales, se inicia una 
forma de resistencia sindical. Saúl Ubaldini ocupaba todavía 
la secretaría general de la CGT y la primera reacción de 
resistencia frente a lo que estaba ocurriendo tuvo ribetes 
muy poco épicos. En efecto, en una reunión en el Salón 
Blanco de la Casa Rosada, y en un momento en que el 
presidente de la República estaba lo suficientemente cerca 
como para poder oirlo, el dirigente cervecero canta el viejo 
tango del anarquista Marambio Catán “Pan”, específicamente 
los versos que dicen: “Un viejo verde, /que gasta su dinero, 
/envenenado a Lulú /con su champán, /hoy le ha negado 
aumento /a un pobre obrero, /que le pedía un poco más de 
pan
”. Al parecer el presidente entendió la alusión y las 
presencias de Ubaldini en la casa de gobierno se hicieron 
muy infrecuentes. La conducción de FOETRA Capital encabeza 
la resistencia a la privatización de ENTEL y comienzan a 
rebelarse algunas seccionales de la UOM, enfrentando la 
liquidación de las empresas públicas vinculadas al sector. 
La dirigencia gremial más conciliadora y burocratizada se 
convierte en ferviente sostén de la política liquidacionista 
llevada por el Ejecutivo, hasta que la aparición del 
Movimiento de Trabajadores Argentinos logra establecer un 
polo de atracción político sindical, enfrentado 
decididamente al gobierno y a su política antinacional, a 
los sectores más conservadores de la conducción cegetista y 
diferenciado del sesgo socialdemócrata y divisionista 
asumido por la conducción de ATE y el CTA.

Es este sector, el del MTA, encabezado por Hugo Moyano y 
Juan Manuel Palacios, secretario general de la UTA, el que, 
en este período que termina en diciembre del 2001, logra 
articular un sistema de representación informal tanto de los 
trabajadores como de los desocupados y, principalmente, de 
los jubilados. Hasta 1996, el sector que en las calles 
encabezaba la oposición al gobierno eran los jubilados. El 
“modelo” no había aún descargado todo el peso de su ajuste 
sobre los trabajadores ocupados y, aunque ascendente, el 
índice de desocupación no había alcanzado el dramatismo que 
adquirió al superar el 14 %. Carlos Fernández, en su trabajo 
“La unidad de la CGT y la lucha por un aumento de salarios” 
aparecido en  Cuadernos del CEES, sostiene: 

“El modelo de desarrollo de los años ´90 emparentado con los 
sectores financieros de mayor concentración que se han 
quedado con las empresas estatales, que han hambreado a la 
mayoría de nuestro pueblo sustentado en una alianza social 
bajo la unidad de la clase dominante, comienza a 
resquebrajarse en su unidad a mediados de 1996. La renuncia 
del Dr. Cavallo al ministerio de economía durante la segunda 
presidencia de Menem es uno de los indicadores de este 
proceso.

A partir del ´96/97 en el interior de las provincias y con 
mayor intensidad desde el ´99 en la  Capital Federal y en el 
conurbano bonaerense se desenvuelve el movimiento de la 
protesta de los desocupados y excluidos  a través de la 
generalización de los cortes de ruta como forma de lucha” .

El movimiento piquetero, entonces, tiene su origen en ese 
momento. El proceso de desmantelamiento industrial y de 
consecuente desocupación tuvo que adquirir una densidad tal 
que hiciera evidente que no había otra salida que la 
organización y la exigencia al gobierno de paliativos a la 
situación. Es cierto que ese proceso de organización venía 
gestándose desde años atrás y esto, por la importancia que 
ha tenido, merece una reflexión.

En general, en los países capitalistas centrales o 
imperialistas, los períodos de crisis y de desocupación han 
empujado a los trabajadores en paro forzoso a políticas 
chauvinistas y fascistas. La masividad del Partido Obrero 
Nacional Socialista Alemán se fundaba, no tanto en el 
orgullo nacional herido por los acuerdos de Versalles, sino 
por el imponente ejército de desocupación generado a partir 
de la crisis mundial del capitalismo. La clase obrera 
desocupada, a la que la gran Kathe Kollvitz y la escuela 
expresionista alemana supo retratar como nadie, la caída del 
organizado y disciplinado proletariado industrial alemán en 
los intersticios del delito y la marginación, las 
desventuras del pobre Franz Biberkopf, el desclasado héroe 
de “Berlin, Alexanderplatz”, de Alfred Döblin, dieron base social y 
fuerza electoral a las ensoñaciones teutonas de Hitler, al 
fin y al cabo un pequeño burgués desocupado. El racismo 
antimusulmán y el chauvinismo antiinmigratorio de los 
votantes del Frente Nacional del antiguo soldado 
colonialista Le Pen ha sido la miserable ideología en que 
cayeron los obreros franceses desocupados y subocupados por 
el proceso de reconversión de su industria según los 
dictados del capital financiero. 

Ha sido, creo, la tesonera, silenciosa y esforzada 
militancia de anónimos compañeros peronistas y de izquierda, 
a lo largo de los oscuros años de reacción liberal e 
imperialista, lo que ha impedido que los desocupados 
argentinos sumasen a la degradación social a que los ha 
condenado el régimen la degradación moral del odio al 
trabajador de los países limítrofes o al almacenero chino o 
coreano. La Argentina, de un modo prístino, puede dar cuenta 
de que sus desocupados, lejos de enfilar su odio y dolor 
contra sus hermanos de clase lo han hecho contra los 
culpables de su desgracia. Puede testimoniar que, lejos de 
caer en soluciones despóticas, ha organizado esta especie de 
sindicatos del desocupado con una democracia directa 
horizontal e igualitaria. 

Volviendo al ensayo de Carlos Fernández, allí se sostiene 
que “En el pasaje del 2001 al 2002, puede verse el 
comportamiento diferencial entre un movimiento y otro, 
mientras descienden las huelgas generales y los conflictos 
laborales, aumentaron a 2336 los cortes de ruta” .

Sería este el momento de mayor distanciamiento entre ambos 
movimientos, el de los reclamos de los trabajadores ocupados 
y el de los desocupados. Una de las posibles razones de este 
distanciamiento tiene que ver, en mi opinión, con la 
devaluación y el modo como ésta se hizo. Los economistas 
vinculados al MTA venían sosteniendo desde mucho tiempo 
atrás la imperiosa necesidad de salir de la paridad uno a 
uno. En los documentos del centro de estudio dirigido por 
Daniel Carbonetto, en los artículos de muy distintos 
economistas aparecidos durante el período en la revista 
Línea – Héctor Valle, Víctor Morón, Eduardo Curia, Marcelo 
Lascano, Mercedes Marcó del Pont, entre otros – se podían 
encontrar sólidos argumentos para una salida ordenada de la 
maldita paridad. Cuando ésta se hace, se hace mal y tarde. 
En primer lugar, el gobierno del doctor Duhalde encarga esta 
tarea a un ardiente defensor del esquema cavallista, su 
ministro de Economía Remes Lenicov. En el debate 
parlamentario sobre la devaluación encontramos el testimonio 
de varios diputados – entre otros el ex menemista Matzkin – 
proponiendo la medida a contrapelo de sus propias 
convicciones y elogiando el uno a uno que se propone 
modificar. No se tomó ninguna de las medidas colaterales que 
este grupo de economistas – que venía estudiando el problema 
desde varios años antes – había propuesto para que la medida 
obtuviera todos los beneficios que encerraba y ninguno de 
sus eventuales perjuicios. Por lo tanto, la devaluación tuvo 
un inmediato resultado catastrófico sobre los sectores más 
desprotegidos de la sociedad, aquellos que ya venían 
sufriendo en carne viva el cepo de la convertibilidad, los 
desocupados. Como dice Carlos Fernández: “La devaluación 
generó una mayor pérdida del salario y de fuentes de 
trabajo, que orientó a las organizaciones de desocupados a 
potenciar aún más las medidas de fuerza, así como también a 
las capas medias a expresarse a través de los cacerolazos y 
asambleas por un tiempo más” .

Los trabajadores ocupados, a través de sus organizaciones 
sindicales, pudieron, poco a poco, asimilar en parte el 
golpe. A poco de andar aumentaron las exportaciones, lo que 
permitió al gobierno establecer el necesario y lógico 
sistema de retenciones, lo que volvió a darle a la 
administración nacional la liquidez necesaria. Esto, más la 
declaración de moratoria de la deuda externa, permitió una 
lenta pero incesante recuperación de las reservas que con el 
tiempo trajo una escasa, pero importante, reactivación 
industrial dirigida al mercado interno.

Pero los desocupados no tuvieron otro camino que tratar de 
ampliar a cada vez más gente los planes de subsidio al 
desempleo elaborados por el gobierno. Esta mecánica llevó al 
movimiento piquetero, es decir al sindicalismo de los 
desocupados, a un callejón sin salida, con dos aspectos: 1) 
Un aislamiento del conjunto de la clase obrera y los 
sectores populares vinculados; 2) Un ejercicio de táctica 
revolucionaria sin fines ni organización revolucionaria. 
Esta situación es un callejón sin salida porque sin el 
conjunto de los sectores explotados de una sociedad es 
imposible establecer una nueva hegemonía, es decir una 
modificación revolucionaria del poder. Ese ejercicio 
revolucionario corre el riesgo de llenarse de los objetivos 
de los grupos sociales desplazados del poder en pugna con la 
nueva articulación. Es lo que Carlos Fernandez describe 
cuando sostiene: “el repliegue del bloque de poder 
identificado con los intereses extranjeros económicos y 
financieros de mayor concentración de la administración de 
gobierno, ha dado paso a una intensificación de la lucha al 
interior de sistema político institucional y del partido de 
gobierno que miden fuerzas a través de estos agrupamientos 
de piqueteros” .

De ahí entonces la importancia que estas líneas le asignan a 
la reunión del 11 de agosto. La nueva relación de fuerzas en 
el seno del movimiento sindical dejó expresado desde un 
primer momento – pese a la intencionada tergiversación que 
cierto periodismo hizo de las palabras de Moyano – su visión 
acerca de los límites a los que había llegado el movimiento 
piquetero y la necesidad de restablecer la unidad entre el 
conjunto de la clase trabajadora y el ejército de reserva a 
efectos de resolver definitivamente y dar un paliativo al 
problema de la desocupación, ofreciendo de paso una solución 
al movimiento piquetero en la encrucijada.

La CGT además cierra su ciclo de aislamiento y descrédito 
incorporando a sus reclamos “a la inmensa mayoría de los 
argentinos” como sostuvo Hugo Moyano al finalizar el 
encuentro. Ha comenzado un nuevo tiempo, lo que requiere 
nuevas alianzas y proyectos. El movimiento obrero ha vuelto 
a tener una propuesta desde sus más altos niveles de 
dirección. La Patria lo necesita.


N O T A S

1  Carlos "Chino" Fernández, La CGT y los Intelectuales: Las 
falsas antinomias como mecanismos de dominación. Cuaderno 
del CEES. Buenos Aires, 2004.

2  Carlos “Chino” Fernández, La unidad de la CGT y la lucha 
por un aumento de salarios. Cuadernos del  CEES, Buenos 
Aires, 2004.

3  Ibídem.

4  Ibídem.


Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro at fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ 






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