[Marxism] CUBA articles by different Latin Americans published in Resumen Spanish only - sorry

nchamah miller nchamah at gmail.com
Tue Mar 10 20:31:13 MDT 2009


especial    especial    especial   especial   especial

A NUESTROS LECTORES:

LAS RAZONES DE ESTE ESPECIAL CUBA

DESDE EL MISMO MOMENTO EN QUE EL GOBIERNO CUBANO ANUNCIÓ UNA SERIE DE
REEMPLAZOS MINISTERIALES Y EL COMPAÑERO FIDEL CASTRO PUBLICÓ UNA DE
SUS HABITUALES REFLEXIONES ANALIZANDO LOS MISMOS , COMENZO A
PRODUCIRSE FUERA DE LA ISLA UN DURO CIMBRONAZO ENTRE ALGUNOS
COMPAÑEROS QUE SE DEFINEN COMO AMIGOS DE CUBA. VARIOS DE ELLOS, MUY
CONOCIDOS  POR HABER DEFENDIDO LA CAUSA CUBANA EN OTRAS CONTINGENCIAS
HAN SALIDO A CRITICAR MAS O MENOS DURAMENTE AL COMPAÑERO FIDEL, QUIEN
PARA NOSOTROS SERÁ SIEMPRE EL COMANDANTE LEGENDARIO DE UN PROCESO
INSUPERABLE.  DE ALLI QUE PARA TERCIAR EN ESTA NUEVA, EXTRAÑA Y
SORPRESIVA POLÉMICA, TAMBIÉN HEMOS ESCRITO NUESTRA OPINIÓN, VALORANDO
LOS DICHOS DE FIDEL Y RESPALDANDO LA LÍNEA HISTÓRICA DE ESTA
REVOLUCION QUE SIEMPRE HEMOS DEFENDIDO, EN BUENOS Y MALOS TIEMPOS.
CON EL CORRER DE LOS DIAS, OTROS COMPAÑEROS TAMBIEN SE HAN SUMADO A
RESPONDER LOS PLANTEOS CRÍTICOS ANTES MENCIONADOS.
DESDE YA, SIGUIENDO LA TRADICIONAL LÍNEA DE ESTOS "DIARIOS DE
URGENCIA" NOS PARECE IMPORTANTE QUE SE CONOZCAN TODAS LAS OPINIONES YA
QUE EVIDENTEMENTE UN "NUEVO DEBATE SOBRE CUBA" SE HA INSTALADO, POR
SUPUESTO QUE MÁS EN EL EXTERIOR, YA QUE EL PUEBLO CUBANO NO PARECE
TENER DUDAS POR DONDE Y CÓMO SIGUEN CAMINANDO SUS LÍDERES NATURALES
QUE JAMAS LES HAN DECEPCIONADO.

AQUÍ VA ENTONCES UNA SELECCIÓN DE LAS NOTAS PUBLICADAS (ALGUNAS EN LA
PAGINA WEB DE NUESTROS COLEGAS DE "REBELIÓN" Y OTRAS LLEGADAS A
NUESTRA PROPIA REDACCION)

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CUBA

LLEGO EL COMANDANTE…Y OTRA VEZ MAND0 A PARAR
Por Carlos Aznárez
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Otra vez Cuba está en boca de todos los analistas internacionales. Y
ahora, no para contar como suele hacer la prensa occidental, que se
“violan los derechos humanos en la Isla” o “que se impide actuar a la
prensa libre” cuando quiere informar “libremente” sobre Cuba libre.
Mucho menos, para hablar de que en el pequeño lagarto verde la
mortalidad infantil descendió (a diciembre del 2008) a un 4,7 por mil,
ubicando al país en la posición más alta contra este flagelo. O que, a
pesar de los pesares, el bloqueo más largo de la historia que pueda
haber sufrido país alguno, sigue siendo derrotado en base a la
heroicidad del pueblo cubano y de las inteligentes iniciativas de su
gobierno revolucionario.
El  cimbronazo periodístico de ahora tiene que ver, por un lado con
algo que es perfectamente lógico y normal: se han dado los cambios que
la Cuba del 2009 precisa para hacer más ejecutiva la tarea
revolucionaria, para desburocratizar cualquier estructura que se haya
anquilosado y sobre todo para revitalizar la idea del avance en el
camino que impone la crisis mundial actual.
Si hay algo que los cubanos y cubanas siempre dieron ejemplo, es en
rectificar cuando algo no funcionó o en enfrentar las grandes
tormentas internacionales con sobriedad pero con firmeza.
Este tema de los reemplazos, obviamente no es el que desespera a la
“gran prensa internacional” , ya que cambio más, cambio menos, los
enemigos de la Revolución cubana han constatado con disgusto, que los
engranajes que han movido esa excelente maquinaria desde el 1º de
enero de 1959 siempre han dado como resultado la permanencia en el
poder de las ideas más favorables para la inmensa gran mayoría del
pueblo de Cuba y, por extensión, de todo el Tercer Mundo. Porque si
hay algo que Cuba sigue facilitando a los desposeídos del planeta, es
la referencia de su ética y dignidad para afrontar los malos y buenos
tiempos que le tocaron vivir en este medio siglo de existencia.
Lo que sí les ha hecho roncha a los detractores y, extrañamente,
también a algunos que se confiesan amigos de Cuba, es la reflexión del
Compañero Fidel  en la que estigmatiza sin nombrarlos a dos ex
ministros y figuras relevantes del gobierno revolucionario, en obvia
referencia a Felipe Pérez Roque y Carlos Lage.  Fidel no ahorra tinta
y aborda en su tan comentado escrito el hecho de que “no se ha
cometido injusticia alguna con determinados cuadros”, y señala que los
reemplazados ilustres no carecían de valor personal, sino que “la miel
del poder” actuó de tal manera que “despertó en ellos ambiciones que
los condujeron a un papel indigno”. Más claro, agua.  Y si el agua no
alcanzara, agrega, como para marcar a fuego a quienes se desviaron de
su senda: “El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos”.

Es evidente, que estos dichos del compañero Fidel coinciden totalmente
con los pronunciados por el Comandante Fidel hace pocos años en la
Universidad de La Habana, cuando advertía; "Esta Revolución puede
destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sì y
sería culpa nuestra". Más aún, se complementan totalmente con las
palabras pronunciadas por Raúl el pasado 1 de enero, cuando,
refiriéndose a los dirigentes del mañana les exige que “no olviden
nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y
para los humildes” , agregando algo que encaja a la perfección con
estos dos sonados reemplazos de hoy: “que no se reblandezcan con los
cantos de sirena del enemigo y tengan conciencia de que por su
esencia, nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero; que no
se aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del
pueblo; que la militancia impida que destruyan al Partido”.

Si hay algo que siempre ha sido saludable en la Revolución cubana es
su falta de sensacionalismo para acometer contra quienes, desde
adentro de sus propias filas –en verdad, muy pocos en 50 años de vida-
han querido cruzar el charco. En cualquier otro país, ante un hecho de
esta envergadura, los estigmatizados hubieran sido enviados a una
oscura (o no tan oscura) embajada. En Cuba no. Se corta la mala hierba
de raíz.
Eso no significa que no se informe como insinúa cierta prensa, sino
que se informa de la manera en que el pueblo está acostumbrado –por
lealtad y confianza- a recibir las malas y buenas nuevas.
Con toda seguridad que debe haber impactado en la población esta
defección de dirigentes tan encumbrados, pero más allá del impacto, el
pueblo cubano está firmemente convencido de que si un timonel como
Fidel, vencedor de mil batallas, y sobreviviente de cientos de
intentos de asesinato por parte del Imperio, pronuncia la palabra
“ambición” e “indignidad”, no necesitan más detalles para saber que lo
que ha sucedido es grave para el buen andar de la Revolución.
Por otra parte, para quienes están hurgando permanentemente  en el
panel para ver si una abeja pica a la otra, y ven intromisiones o
desinteligencias en el camino que recorre uno u otro hermano Castro
Ruz, los cambios recién producidos vuelven a demostrar que la
Revolución tiene una conducción sólida y convincente. No hay fisuras,
sólo estilos de mando, que al final de cuentas son absolutamente
coincidentes entre hombres que se ganaron los galones de Comandante en
Sierra Maestra, en Girón, en Cuito Canevale y en tantas otra batallas
antiimperialistas.
Lo que ocurre, es que algunos buenos amigos europeos (seguramente me
dirán, que no sólo europeos) de la Revolución parecen estar muy
ansiosos para dilucidar por qué Fidel sigue actuando como si estuviera
gobernando, que eso confunde y resta fuerza a la defensa del proceso.
O por qué no se unifica la información sobre lo sucedido ya que eso
puede oscurecer la llama revolucionaria.  Fidel es y será siempre
Fidel, a él le gusta presentarse ahora como el “Compañero” (vaya que
lo es y con mayúsculas) que por estar convaleciente de su enfermedad
resignó su cargo al frente del Gobierno , pero para nosotros, los que
hemos defendido y defenderemos esta Revolución siempre (nos llamemos
amigos, hermanos, compañeros o camaradas), Fidel es el Comandante y al
decir de Evo Morales, el “abuelo sabio”, al que escuchamos, respetamos
y creemos, por su eterna coherencia.
Precisamente por eso, es que nos parece atinado y saludable que sea
Raúl quien anuncia y ejecuta los cambios y sea su hermano de tantas
batallas (al que el mismo Raúl confiesa consultar a diario) quien
ponga los puntos sobre las íes y como dice la trova de Carlos Puebla,
vuelva desde el fondo de la historia a “mandar a parar”.

Si somos amigos solidarios de la Revolución, sigamos ayudando a
difundir sus avances, respetemos las decisiones producidas por su
liderazgo y condenemos con toda contundencia a quienes intentan
entorpecer o destruirla desde el exterior o en su propio territorio.
Lo demás, las habladurías, los rumores, las conjeturas de mala leche,
son para quienes desde Miami o los barrios escuálidos de Caracas
alientan, como hace 50 años, la caída del proceso revolucionario más
creativo, humanístico y audaz que haya vivido Latinoamérica y el
Tercer Mundo.


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CUBA

Politica y dignidad

Por Carlo Frabetti
Rebelión
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Creo que Fidel se ha ganado más que nadie el derecho a decir lo que
piensa sin medir demasiado sus palabras, sobre todo ahora que su voz
ya no es la del Gobierno cubano. El compañero Fidel tiene el derecho
-e incluso el deber revolucionario- de tomarse libertades y correr
riesgos que el comandante en jefe no podía permitirse. Y los demás
tenemos el derecho -y el deber- de seguir enriqueciéndonos con las
reflexiones del político más importante del siglo XX y lo que va del
XXI.

 Pero este derecho-deber de sinceridad absoluta tiene en el honor
ajeno un límite insuperable, y Fidel lo ha sobrepasado al calificar de
indignos a los compañeros Felipe Pérez Roque y Carlos Lage. Aun en el
supuesto inverosímil de que Lage y Pérez Roque hubieran hecho algo
realmente indigno -y somos muchos, dentro y fuera de Cuba, los que nos
resistimos a creerlo-, Fidel debería haber acompañado sus gravísimas
acusaciones de algún tipo de argumentación o explicación. En varias
ocasiones en las que tuve el privilegio de participar en sesiones de
trabajo con el entonces comandante en jefe, lo oí insistir en la
necesidad de apoyar nuestras afirmaciones en argumentos sólidos y
hechos probados, para no darle al enemigo ninguna base para la
refutación o el desmentido. Y una situación tan extremadamente
delicada requería un cuidado igualmente extremo.

 Cuando Fidel se retiró voluntariamente de las tareas de gobierno, le
dediqué, junto con el testimonio de mi admiración, un verso de
Calderón de la Barca: “Corona tu victoria venciéndote a ti mismo”. Hoy
quiero recordárselo, con todo mi respeto, y dedicarle, además, una
estrofa entera: “Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el
honor es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios”. Tradúzcase
del lenguaje monárquico-religioso al revolucionario, y la máxima tiene
en la Cuba de hoy la misma validez que en la España del siglo XVII.
Puede que, en su entrega incondicional, en su abnegación más allá del
deber, Felipe y Lage lleguen al extremo de permitir que se ponga en
entredicho su honor en aras de la razón -o la sinrazón- de Estado;
pero ni los cubanos ni los amigos de Cuba podemos aceptarlo.

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CUBA

La institucionalidad y la luz

POR Pascual Serrano
Rebelión
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Los cambios anunciados por el gobierno cubano este 2 de marzo no
hubieran sido diferentes, en forma y fondo, a los sucedidos
constantemente en el resto de los países del mundo si no hubiese sido
por la reflexión del ex presidente cubano Fidel Castro el día después.
Fue entonces cuando la “liberación de funciones” de los “compañeros”
notificada formalmente por el órgano competente, el Consejo de Estado,
se convierte en una secuencia de graves acusaciones hacia “dos de
ellos”.

Es evidente que quien haya sido líder de la revolución tiene todo el
derecho a expresar y compartir sus impresiones y opiniones con el
pueblo cubano. También que, liberado de su compromiso como jefe del
Estado, sus palabras ya no deben responder a la mesura y diplomacia
del cargo, y pueden atender solamente a su libre pensamiento. Bien
claro lo dejó Fidel Castro el día que anunció que no se presentaría al
cargo de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe, el 19
de febrero de 2008. “Deseo solo combatir como un soldado de las ideas.
Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi
voz se escuche. Seré cuidadoso”, fueron sus palabras. De ahí que sus
artículos fuesen presentados con el humilde encabezamiento de
“reflexiones del compañero Fidel”. Algunos amigos llegaron a equiparar
sus textos con un sencillo blog de quien, desde su atalaya de líder
retirado por razones de salud, seguía aportando en el campo de las
ideas.

El problema surge cuando las reflexiones del compañero Fidel abren
portadas en los dos únicos diarios del país, ocupan lugar privilegiado
en todos los portales de Internet cubanos y se leen sistemáticamente
en la televisión nacional, de forma que terminan desplazando la
información institucional de los legítimos órganos de gobierno. Nos
encontramos, por tanto, con que la institucionalidad cubana se
subvierte cuando llega al terreno de la comunicación. Ya se vivió un
antecedente durante la visita de la presidenta chilena Michelle
Bachelet: el comentario personal de un analista –Fidel Castro-
posicionándose a favor de una salida de Bolivia al mar, se convirtió
en un conflicto diplomático. Esa distorsión se ha convertido ahora en
esquizofrenia en la nueva situación de cambios en el gobierno. El
pueblo cubano, los amigos de Cuba y la comunidad internacional en
general que sigue con atención los acontecimientos del país han
asistido a una disfunción entre el mensaje oficial gubernamental y la
reflexión del ex presidente. Como resultado, los amigos de Cuba nos
encontramos sin fuerzas ni información para explicar la
institucionalidad cubana.

Estamos ante un error que los responsables cubanos deben afrontar y
resolver, la incertidumbre no es buen cemento para la cohesión de un
pueblo, y la confianza se consigue acompañándola de la luz. Yo
recordaría las palabras del prócer independentista José Gervasio
Artigas: “Con la verdad ni ofendo ni temo”.

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CUBA

¿Quien quiere callar a Fidel Castro?

Norelys Morales Aguilera
(desde Cuba)
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 Por su peso cae la respuesta. Sí, querrían callar a Fidel

 Durante la visita de la presidenta de Chile a La Habana la derecha de
ese país estaba escandalizada. Según Manuel Cabieses Donoso en
Rebelión , “Fidel se equivocó al incluir en sus Reflexiones el derecho
de Bolivia a una salida soberana al mar. Pero no se puede negar que
tiene toda la razón.”

 O sea, que se le está pidiendo a Fidel Castro, aunque lleve razón, lo
“políticamente correcto”. ¿Qué se calle?

 El día que veamos a un Fidel Castro y la Revolución cubana
“políticamente correctos”, en ese supuesto malhadado día se habría
renunciado a la ética que los revolucionarios cubanos tenemos como un
sagrado don.

 Ahora, el querido colega Pascual Serrano entra al río y no sabemos si
se mojó la ropa o no.

 Dice Pascual: “Los cambios anunciados por el gobierno cubano este 2
de marzo no hubieran sido diferentes, en forma y fondo, a los
sucedidos constantemente en el resto de los países del mundo si no
hubiese sido por la reflexión del ex presidente cubano Fidel Castro el
día después.”

 Para nuestro amigo que se publiquen las Reflexiones de Fidel en los
diarios y sitios web cubanos traen una contravención de la
institucionalidad. ¿De verdad?

 Y, añade: “Como resultado, los amigos de Cuba nos encontramos sin
fuerzas ni información para explicar la institucionalidad cubana.”

 Me parece desmesurado que Pascual Serrano hable a nombre de todos los
amigos de Cuba. Aquí Pascual renuncia a la “institucionalidad de la
modestia”.

 Si hubiera hablado a título personal, no me habría tomado el trabajo
de escribir una letra porque le asiste el derecho de no tener fuerzas
y de desconfiar de Cuba, más aún, de querer callar a Fidel. Es un
problema de Pascual.

 ¿Acaso no hay suficientes fuerzas para lo que sea en la inequívoca
ética demostrada por el Gobierno revolucionario de Cuba y de Fidel
Castro?.

 ¡No nos juzguéis bajo las reglas del juego distintas a las nuestras!

 Únicamente a los cubanos nos corresponde revisar nuestra
institucionalidad en el sentido que sea. Tenemos derecho a exigir
respeto, aún a los amigos de Cuba.

 Los amigos de Cuba no tienen más compromiso que con sus propias
convicciones. Ya lo han demostrado muchas veces.

 Más de uno que criticó a Cuba cuando más feroces fueron los ataques,
luego han podido mostrar la grandeza de reconocer el error.

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CUBA

El socialismo cubano se defendio
Por Rómulo Pardo Silva
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El socialismo cubano representa la alternativa humanista, sustentable,
solidaria, planificada, que tendrá la humanidad en el futuro. Tiene
que defenderse y hay que defenderlo.
Hay documentos que aclaran por qué el gobierno de Cuba sacó de todos
su cargos a dos destacados dirigentes.
El 17 de noviembre de 2005 Fidel advirtió: “Este país puede
autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que
no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí… ”.
El 1 de enero de 2009 Raúl ante el pueblo de Santiago de Cuba expresó
sobre lo dicho por Fidel:
“Ante esta posibilidad… “¿cuál es la garantía de que no ocurra algo
tan terrible para nuestro pueblo?... Hablo en nombre de todos los que
hemos luchado, desde los primeros disparos… hasta los que cumplieron
heroicas misiones internacionalistas… de los que cayeron en las
guerras de independencia y más recientemente en la Guerra de
Liberación… en nombre de Abel y José Antonio, de Camilo y Che, cuando
afirmo, en primer lugar, que ello exige de los dirigentes del mañana
que no olviden nunca que esta es la Revolución de los humildes…; que
no se reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo… que no se
aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo;
que la militancia impida que destruyan al Partido…”.
(… )
“Si ello llegara a suceder, nadie lo dude, nuestro pueblo sabrá dar la
pelea, y en la primera línea estarán los mambises de hoy, que no se
desarmarán ideológicamente ni dejarán caer la espada.” (1)
El 23 de enero de 2009 en una entrevista Aurelio Alonso, subdirector
de la revista Casa de las Américas, habló de reinventar el socialismo
y afirmó: “Incluso nosotros no debiéramos ver a ultranza como un
pecado capital la privatización”. (2)


El 2 de febrero de 2009: “El presidente de la Asamblea Nacional de
Cuba, Ricardo Alarcón, alabó… al nuevo gobernante estadounidense,
Barack Obama, cuatro días después de que el ex mandatario Fidel Castro
lo criticara por sus políticas frente a Oriente Medio y la base naval
de Guantánamo. (2)
Ahora el 3 de marzo reflexionando sobre los cambios en el Ejecutivo
Fidel afirmó:
“… No se ha cometido injusticia alguna con determinados cuadros.
Ninguno de los dos mencionados por los cables como más afectados,
pronunció una palabra para expresar inconformidad alguna. No era en
absoluto ausencia de valor personal. La razón era otra. La miel del
poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos
ambiciones que los condujeron a un papel indigno. El enemigo externo
se llenó de ilusiones con ellos.” (4)
Dos días más tarde, el 5 de marzo, el diario Granma publica las cartas
de renuncia, fechadas el día 3, de Felipe Pérez Roque y Carlos Lage.
Ambos dejan todos sus cargos y expresan en parte:
"Reconozco los errores cometidos y asumo la responsabilidad. Considero
que fue justo y profundo el análisis realizado en la pasada reunión
del Buró Político." Carlos Lage
"Reconozco plenamente que cometí errores, que fueron analizados
ampliamente en dicha reunión. Asumo mi total responsabilidad por
ellos.” Felipe Pérez Roque

Observaciones

Fidel advirtió hace 3 años que el socialismo cubano podía ser
destruido desde dentro. Ahora implícitamente se refiere a un enemigo
interno.
Raúl hace 2 meses dijo que hablaba a nombre de los que tomaron las
armas y Fidel lo enfatiza recordando que Lage y Pérez Roque nunca
combatieron.
Raúl había apuntado recién a que la destrucción del socialismo podían
hacerla dirigentes del partido.
Raúl describió a esos antisocialistas en una relación con el enemigo y
Fidel sostuvo que el enemigo exterior tenía puestas sus esperanzas en
los dos sancionados.
Fidel denunció que Lage y Pérez Roque actuaron por ambición de poder.
Siendo ambos parte del poder político cubano se sobrentiende que
intentaban tomar un completo control.
En su reflexión Fidel los acusó de haber realizado, sin saberlo el
gobierno, acciones reprobables que sí conocía y celebraba el enemigo
externo.
Raúl había amenazado a los dirigentes contrarrevolucionarios de su
prevención con que si destruían el Partido el pueblo los combatiría
armado. Por tanto el grupo, un cambio de sistema no lo pueden hacer
dos dirigentes solos, aceptaba el estallido de una guerra civil con la
segura intervención del imperio y sus estados aliados.
Raúl en enero previó que una dirigencia opuesta al Partido
sacrificaría a los humildes. Su objetivo entonces sería el capitalismo
porque ningún estado burgués se ilusionaría con un proyecto destinado
a perfeccionar el socialismo cubano mediante una reinvención.
Fidel remachó su artículo al sostener que Lage y Pérez Roque no
pudieron desmentir las acusaciones y sus cartas demuestran que les era
imposible negarlas.
El modelo de sociedad nueva se ha defendido con decisión. El peligro sigue.



Referencia
1 http://www.prensa-latina.cu/article.asp?ID={18F9AB16-60CD-46C0-BBC1-0EF422B93940}
2 Punto Final No. 679

3 http://espanol.news.yahoo.com/s/02022009/54/latinoamerica-presidente-parlamento-cubano-alaba-obama.html

4 Prensa Latina

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CUBA

Permitanme discrepar

Guillermo Almeyra
La Jornada
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En los recientes cambios gubernamentales en Cuba se presentan dos
tipos de problemas: los de fondo y los de forma. En cuanto a los
primeros, nadie, en el campo oficial y ni Raúl ni Fidel Castro, ha
tenido en consideración la necesidad de practicar una economía
alternativa a la actual, que está basada en las reglas que dicta el
mercado y, por consiguiente, en la necesidad de utilizar como forma
económica la democracia directa y la autogestión, o sea, la
participación activa en la adopción de las decisiones y en la
aplicación de las mismas de los ciudadanos-productores cubanos. Más
centralización, más institucionalización, más decisiones desde el
vértice, desde el poder, más economía de guerra, ha sido la consigna,
e incluso los cambios de Pérez Roque y de Lage han sido efectuados en
el nombre del funcionamiento de las intituciones, en crítica implícita
al voluntarismo que caracterizó tanto a los que aparecían como hombres
de Fidel como a Fidel mismo. Se abre así una especie de camino cubano
a la vía china… que todos sabemos adónde condujo. O sea, a un poder
fuerte basado en el partido único monolítico que trata de pilotar una
apertura pragmática al mercado capitalista para modernizar la economía
del país, aumentar la productividad de los trabajadores y reducir los
costos de los productos, sin tener demasiado en cuenta las
consecuencias sociales.

Pero Cuba no es China: tiene una población escasa, de alto nivel
cultural pero de bajo crecimiento demográfico, y una escasa
productividad histórica. Además, no tiene la posibilidad de recurrir a
inmensas masas de capitales venidos del exterior porque su mercado
interno es muy reducido y no hay en el exterior una fuerte y rica
burguesía cubana nacionalista dispuesta a invertir en la isla; por si
esto fuera poco, la escasez relativa de jóvenes hace cara la mano de
obra, los cubanos no aceptan cualquier cosa pues la revolución les
enseñó a protestar y exigir y, sobre todo, Cuba no puede aplicar la
receta china en medio de una terrible crisis mundial que se agravará.

Eso en cuanto al fondo: en vez de democratizar el país y de abrir la
vía a un gobierno planificado desde abajo por el poder de los consejos
de trabajadores, reduciendo el papel del aparato burocrático estatal,
el establishment cubano prefirió intentar la utopía de racionalizar la
burocracia y darle eficacia a la arbitraridad y el despilfarro propios
de todo sistema verticalista.

Además, discrepo igualmente en lo que se refiere a la forma: ¿por qué
no se informó y se discutió con los cubanos de a pie lo que estaba
pasando en el aparato? ¿Por qué no se discutieron abiertamente los
méritos y defectos de cada dirigente y, en cambio, se prefirió
presentar hechos consumados, sin explicarlos y en la oscuridad tan
característica de la prensa oficial que teme el pensamiento crítico y
subestima la capacidad de comprensión de los trabajadores? Si el
canciller y el vicepresidente del Consejo de Ministros fueron
indisciplinados y poco institucionales, como sugiere el comunicado,
¿cuál es la responsabilidad de sus colegas dirigentes, empezando por
Fidel y Raúl? Si para el comunicado eran compañeros y siguieron
ocupando altos cargos (en el Buró Político, el Comité Central y el
gobierno) hasta que renunciaron con lamentables autocríticas de tipo
estalinista, reconociendo todos sus erroes que ni siquiera mencionan,
¿por qué Fidel Castro, a cuyo lado trabajaron por muchos años, dice
que eran ambiciosos e indignos, cebados en las mieles del podery
proclives a ser utilizados por el enemigo? ¿Raúl y la dirección
política y estatal califican de compañeros y dan responsabilidades a
indignos y potencialmente traidores como sugiere Fidel, o éste utiliza
sus declaraciones como torpedos contra otra línea, la triunfante? ¿No
fue una gaffe sino una maniobra interna el arrojarle a Michelle
Bachelet la reivindicación de la salida al mar para Bolivia cuando el
gobierno cubano callaba al respecto para aprovechar la visita de la
presidenta chilena para afianzar su retorno al concierto de los países
latinoamericanos? ¿La furia fuera de lugar que empapa las
declaraciones de Fidel no es una manifestación de senilidad sino una
cobertura para un torpedo político destinado a impedir un modus
vivendi entre las diversas facciones burocráticas, la vencedora, la
militar burocrática centralista, y la perdedora? ¿Qué tendría que ver
esa fronda en el aparato con una batalla por las ideas, o sea, con la
educación moral y política socialista? (que ahora Raúl ha dejado en
manos del ex jefe de policía Ramiro Valdés). ¿Qué discutieron con Hugo
Chávez? ¿La posibilidad de que Venezuela pueda verse obligada a
reducir su ayuda a Cuba ante la caída del precio del petróleo y la
necesidad, por consiguiente, de que Cuba tome desde ya medidas
económicas? ¿Por qué no informar, no discutir abiertamente las
perspectivas y las tareas, sobre todo en un periodo de preparación del
congreso del partido y de reorganización del aparato del Estado? ¿Los
linchamientos morales de los dirigentes que siempre responden a
organismos colectivos y están controlados por éstos no son acaso un
golpe a la ética y al respeto a los militantes? El socialismo no se
puede escindir de la democracia y ésta exige libertad de información,
plena discusión de ideas y propuestas. El secreto burocrático abre el
flanco al enemigo y a éste sirven también los que dicen sí a todo lo
que viene del Olimpo estatal y están dispuestos a escupir hoy sobre
quienes hasta ayer consideraban sus dirigentes. Particularmente en las
épocas difíciles es criminal confundir, desinformar y despolitizar a
quienes deberán superar las dificultades con su creatividad, su
comprensión, su esfuerzo.

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CUBA

Un año con Raul: de la larga espera a la remodelacion

Por José Miguel Arrugaeta - Joseba Macías
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Después de más de doce meses de declaraciones de intenciones pero con
escasas trasformaciones reales, el primer aniversario de Raúl Castro
como Presidente de la República de Cuba ha sorprendido a todos con una
medida de profundo calado político: la mayor remodelación del Gobierno
de la Revolución desde 1959. Si en este largo año la posición
internacional de Cuba se ha visto sustancialmente reforzada gracias a
una intensa y exitosa agenda diplomática, en el interior del país el
reajuste institucional ha dado lugar a reacciones contradictorias
entre una población más acostumbrada a estas alturas a la cultura del
rumor que a la de la información directa.

La marcada diferencia de ritmos y avances entre lo interno y lo
externo, apuntada en otros análisis, se había convertido en la
variable más destacada de la realidad cubana en estos últimos meses.
Tras un año de gobierno presidido por Raúl Castro, el discurso oficial
de cambios se había sumido en la reiteración, con escasos contenidos
prácticos. La dinámica de transformaciones se venía limitando hasta el
momento a la eliminación de diversas regulaciones en el ámbito de las
libertades individuales y accesos al consumo o a la reformulación del
pago a los productores agrícolas (con resultados verdaderamente
significativos en rubros como la cosecha del tomate o la producción
láctea), mientras en el capítulo del “debe” habría que reseñar el
lento proceso de la anunciada entrega en usufructo de parte de las
numerosas tierras abandonadas a lo largo del país: 46.000 casos de los
96.000 solicitados.

Sin embargo este pasado 2 de marzo, y de manera sorpresiva, el Consejo
de Estado, máximo órgano ejecutivo de la República, daba a conocer una
nota oficial que trastocaba cualquier previsión anterior. En ella se
anunciaba una profunda remodelación de Gobierno con la sustitución de
ocho ministros y la fusión de varios ministerios. A partir de ese
momento el panorama interno quedaba totalmente trastocado volviéndose
a prodigar, dentro y fuera del país, diversas conjeturas sobre la
posible evolución interior y el futuro inmediato de la propia
Revolución.

Las medidas adoptadas afectan a una parte sustancial de los organismos
directamente ligados a la economía, el comercio y la producción:
Ministerios de Economía y Planificación, Comercio exterior e
Inversiones, Finanzas, Comercio Interior, Alimentación, Ciencia y
Técnica… Lo más significativo parece ser la eliminación en lo esencial
del equipo económico que llevó adelante las reformas de 1994 que ha
sido sustituido por un colectivo de funcionarios con experiencia pero,
en general, de segundo rango y poco o nada conocidos entre la
población.

Más allá del largo listado de nombramientos, finalmente lo más
trascendente parece haber sido la “liberación” de sus cargos del
máximo responsable, en la práctica, de la política económica, Carlos
Lage, y del titular del estratégico Ministerio de Relaciones
Exteriores, Felipe Pérez Roque. Si tenemos en cuenta que tanto Lage
como Pérez Roque han sido políticos de muy alto perfil y de alguna
manera representantes de una generación más joven que obligatoriamente
deberá suceder a los “históricos” que han dirigido la Revolución a lo
largo de estos cincuenta años, la medida anunciada adquiere una
dimensión política que va mucho más allá de una mera reestructuración
administrativa para aligerar y optimizar el aparato gubernamental. Por
lo tanto es lógico que las conjeturas se hayan disparado tanto dentro
como fuera de Cuba.

Si el día del anuncio oficial muchos cubanos mostraban cierto
desconcierto e inconformidad ante el relevo de estas dos destacadas
figuras políticas, las “reflexiones” de Fidel Castro difundidas el
miércoles 4 de marzo, venían a sembrar más confusión al expresar una
ambigua pero directa acusación a ambos, sin nombrarlos, al “haber
gozado de la miel del poder por el cual no conocieron sacrificio
alguno” lo cual les habría generado “ambiciones que los condujeron a
un papel indigno” mientras “el enemigo externo se llenó de ilusiones”.
Este hecho, junto a las escuetas y casi idénticas cartas de Felipe
Pérez Roque y Carlos Lage hechas públicas el jueves admitiendo sus
errores (sin que se defina en ningún momento el contenido de los
mismos) ha dado paso en general a numerosas reacciones de indignación
en el ámbito de las conversaciones privadas, considerando esta
situación como una injusticia con dos “compañeros” que han dedicado
numerosos años de su vida al servicio de la Revolución en condiciones
sumamente difíciles. Todo ello sin olvidar, conviene subrayarlo, que
ambos políticos gozan de una muy elevada consideración y popularidad
entre la mayoría de la población.

La pregunta que se hacen buena parte de los cubanos y cubanas es si
este relevo de altos cargos y ministros responde a la creciente
preocupación ante las señales constantes de “cambios” inminentes en la
política estadounidense hacia Cuba incluyendo la posibilidad de
apertura de conversaciones directas Cuba-EE.UU, o bien obedece a una
próxima puesta en marcha de medidas económicas, sociales y
estructurales (abaladas por los resultados del amplio debate popular
desarrollado en 2007), para intentar revertir la tensa y delicada
situación socioeconómica que está provocando un alarmante malestar y
pesimismo en el estado de opinión.

La economía interna sigue siendo la asignatura pendiente y los avances
no acaban de ser visibles. En estas especiales circunstancias es
significativo que en los primeros días del mes de febrero y en el
marco de un encuentro nacional de los Presidentes del Poder Popular de
todas las provincias, el hoy dimitido Carlos Lage y entonces todavía
máximo responsable del Gobierno para asuntos económicos, insistiera en
la necesidad de centralizar y racionalizar el transporte de
mercancías, criticar la falta de “correspondencia” entre los
materiales de construcción entregados y los resultados obtenidos (lo
cual nos lleva una vez más a pensar en temas recurrentes como el
desvío de recursos, la corrupción y/o la incapacidad de gestión
administrativa) o la falta de fuerza de trabajo para integrar las
denominadas “Brigadas Estatales de Producción”. La conclusión llegaba
en palabras del propio Lage: “La recuperación no tiene el ritmo que
debiera de acuerdo a los recursos que se han dispuesto”. Todo ello sin
olvidar que, cinco meses después de las últimas catástrofes naturales
que asolaron el país, más de medio millón de viviendas afectadas por
los ciclones esperan aún su reparación.

Por otra parte el sistema financiero cubano sufre cada vez más las
tensiones de las incapacidades productivas y los déficits en el
binomio “importación-exportación”, variables a las que hay que añadir
los primeros síntomas en el país de la crisis económica internacional.
Un ejemplo preocupante es que las transferencias bancarias hacia el
exterior para el pago de suministros se retrasan actualmente entre
cuarenta y cinco y sesenta días, todo un síntoma de la complicada
situación financiera local.

Un año después de la toma de posesión de Raúl Castro y tras haber
estructurado un equipo de trabajo gubernamental fiel a sus postulados
y principios, los problemas de la economía y la sociedad cubanas
continúan necesitando de respuestas de fondo, en las claves anunciadas
por el propio Raúl Castro a raíz de su nombramiento en febrero de
2008. Mientras tanto, los cubanos y cubanas siguen atentamente las
noticias que llegan desde el exterior y las dinámicas internas, a la
espera de la superación colectiva de unas dificultades que se
prolongan.


FUENTE: DIARIO VASCO GARA

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CUBA

Cuba, la esperanza

por Ángel Guerra
La Jornada
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El 8 de enero, hace medio siglo, Fidel Castro entraba triunfalmente en
La Habana luego de recorrer la isla envuelto en un desbordamiento de
júbilo, cariño y adhesión popular casi unánime, sin precedente en la
historia de Cuba y difícilmente igualado nunca por otro líder en parte
alguna.

Aunque el triunfo rebelde se produjo el primero de enero, coronado por
la gran huelga general revolucionaria que liquidó el postrer intento
de Washington de sustituir al tirano en fuga por un gobierno títere,
transitar la ruta de Santiago de Cuba –en el oriente, escenario
principal de la guerra revolucionaria– hasta la capital tomó a la
caravana guerrillera ocho días más.

Fidel concedió la mayor prioridad a la Caravana de la Libertad, como
fue conocida, que cumplió un objetivo primordial al reafirmar
tempranamente y con toda claridad el carácter profundamente popular de
la revolución y contribuir a la consolidación de la victoria. No tenía
mayor prisa por llegar a La Habana, ya firmemente en manos de Che
Guevara y Camilo Cienfuegos –apoyados por las milicias urbanas del
Movimiento 26 de Julio-, quienes tras derrotar en memorable campaña a
las fuerzas de la dictadura en el centro de Cuba habían recibido de la
Comandancia General rebelde la orden de marchar aceleradamente hacia
allí con sus columnas y ocupar los principales puntos estratégicos.

Ante las multitudes que exclamaban “gracias Fidel” en decenas de
pueblos y ciudades a lo largo de la marcha, el comandante enfatizó
tres ideas: eran el ejército y el liderazgo revolucionarios los
agradecidos al pueblo, pues sin su apoyo no habría sido posible el
contundente triunfo obtenido (desmoronó no sólo la dictadura de
Batista y sus cuerpos represivos, sino el aparato estatal y la
institucionalidad en que se sostenían la dominación imperialista y
oligárquica en la república impuesta por la intervención yanqui de
fines de 1898); la victoria de la guerra revolucionaria, por
consiguiente, era del pueblo de Cuba y de nadie más, no obstante que
–puede argüirse– el Movimiento 26 de Julio y, en particular, su líder
indiscutible hubieran tenido un papel decisivo en la elaboración y
conducción de su estrategia y táctica. Aunque llegar hasta ahí había
demandado grandes sacrificios, lo más difícil estaba por venir y el
concurso del pueblo seguiría siendo indispensable.

La caravana dejó sentado lo que sería, y ha sido hasta hoy, el modo de
hacer política del poder revolucionario: “con los humildes, por los
humildes y para los humildes”. Ello da la clave en gran parte, desde
la perspectiva de los 50 años transcurridos –o 56 si partimos del
ataque al cuartel Moncada, que ya sembró la semilla–, para explicarse
la insólita revolución socialista y la resistencia de Cuba, país
pequeño y subdesarrollado, contra la implacable hostilidad de la más
grande potencia militar de la historia, su cercano vecino. Más
sorprendente cuando, décadas después, en medio de las severas penurias
impuestas a los cubanos por el derrumbe del llamado socialismo real y
el simultáneo recrudecimiento del bloqueo y ante la generalización en
el mundo de las políticas neoliberales, los dirigentes y el pueblo de
la isla decidieron defender al precio que fuera necesario la soberanía
nacional y la equidad socialista contenida en las conquistas
revolucionarias fundamentales. En gesto que trascendería con creces
los límites de la isla, la dirección de la Revolución adoptó, en
consulta con los ciudadanos, una estrategia de supervivencia e
inserción en la economía mundial, que, si exigía perentoriamente un
grado de apertura económica, fue concebida de modo que no implicara
privatizar los bienes públicos ni abandonara a nadie a la acción ciega
del mercado.

Sin ir más lejos, de no haber ofrecido Cuba ese ejemplo moral en una
situación tan peligrosa y adversa, difícilmente los actuales procesos
populares latinoamericanos contra el neoliberalismo y por la
integración latinocaribeña, e incluso contra el capitalismo, hubieran
despuntado tan temprana y vigorosamente hasta trasformar en apenas dos
décadas a favor de los pueblos la correlación de fuerzas en la región.
Se ha dicho con razón que Cuba abrió el camino a la liberación de
América Latina del yugo imperialista. Cabría añadir que lo hizo dos
veces: inmediatamente después del triunfo de la Revolución, cuando dio
inicio a un singular ciclo internacional de rebeldías populares por su
magnitud y escala, y también en el momento en que se derrumbó el
socialismo real y, como a las puertas del Infierno de Dante, pareció
inscribirse en el horizonte de los de abajo la terrible sentencia
“abandonad toda esperanza”. Entonces la esperanza se llamó Cuba.

La capacidad de resistir y defender sus conquistas de justicia social
demostrada por los dirigentes y el pueblo cubanos ante el
recrudecimiento del bloqueo y la hostilidad de Estados Unidos tras el
colapso soviético evidenció que la hegemonía de aquel también podía
ser desafiada exitosamente en las nuevas condiciones de la
unipolaridad y de una ideología dominante que proclamaba eternos las
políticas neoliberales y el llamado pensamiento único. Pese a la
ofensiva cultural y el barraje mediático neoconservadores los pueblos
pudieron percibir que la llama cubana de rebeldía seguía ardiendo. No
obstante las deserciones y la gran confusión ideológica que aquejaban
al campo revolucionario y popular, ello ejerció un enorme estímulo
entre quienes mantuvieron la voluntad de lucha en los cuatro puntos
cardinales, despertó la de otros e hizo que se mantuviera viva la
solidaridad con el pueblo de la isla.

El ejemplo cubano definitivamente contribuyó a desencadenar los
movimientos populares contra el neoliberalismo, particularmente en
América Latina, donde éstos se han manifestado con fuerza singular y
logrado transformar el mapa político. Impulsados por jalones como el
Caracazo (1989), la rebelión indígena de Chiapas (1994), la lucha del
Movimiento de los sin Tierra de Brasil, de los pueblos indios
bolivianos y los levantamientos plebeyos que derrocaron a presidentes
serviles a Washington en Argentina, Ecuador y Bolivia, gracias a su
eclosión surgieron un conjunto de nuevos gobiernos, heterogéneos en su
orientación ideológica pero más independientes de Estados Unidos y
favorables a la integración y unidad regional. La elección de Hugo
Chávez como presidente de Venezuela en 1998 –un fruto del Caracazo–
marcó el comienzo de este proceso, del que ha sido uno de sus adalides
más activos y dinámicos junto al boliviano Evo Morales y al
ecuatoriano Rafael Correa, siempre con la solidaridad de Cuba.

Algunos de los nuevos gobiernos se han destacado por reivindicar la
soberanía popular mediante procesos constituyentes de honda raíz
democrática, a la vez que proceden al control por la nación de los
recursos naturales, privilegian lo público sobre lo privado,
instrumentan políticas económicas antineoliberales y solidarias, se
distancian del libre mercado, fortalecen la acción del Estado como
redistribuidor de la riqueza con orientación social y validan los
derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, incluyendo
formas de autorganización autonómica. Son los casos de Venezuela,
Bolivia y Ecuador. En los dos primeros, Estados Unidos y las
oligarquías, enfrentados a los pueblos movilizados, han desplegado ya
reiterados planes por desestabilizar el nuevo orden y recurrido al
golpe de Estado o su intento pero a diferencia de otros tiempos han
sufrido duros reveses.

Fue este el contexto que hizo posible el rechazo al Alca ante las
mismas narices de George W. Bush en la Cumbre de las Américas
celebrada en Mar del Plata; el surgimiento de Unasur y su posterior
freno al golpismo separatista patrocinado por Washington en Bolivia;
la fundación del Alba, de Petrocaribe y el rechazo por el Grupo de Río
a la agresión yanqui-uribista contra Ecuador, entre otros desarrollos.
Como colofón, la triple cumbre latinocaribeña de Bahía de Sauipe, en
Brasil significó un importante paso de avance hacia la integración
solidaria latinoamericana al margen de Estados Unidos que exigió poner
fin al bloqueo a Cuba, acogida a plenitud por el concierto de
gobiernos de la región en la persona de Raúl Castro. El liderazgo y el
consenso de que goza Lula influyeron mucho en el éxito de la cita,
apoyados por el peso geopolítico de Brasil. La triple cumbre clausuró
definitivamente el capítulo del aislamiento de La Habana en América
Latina al punto que Barak Obama corre el riesgo de defraudar
prematuramente las expectativas que ha levantado en la región si no
hace pronto algo verdaderamente sustantivo por cambiar la política
agresiva de Washington hacia la isla e iniciar en serio el
levantamiento del bloqueo.

Cuba, que ha luchado incansablemente por la liberación de América
Latina y la unidad de sus pueblos desde el triunfo de su revolución en
1959 y ha sido un actor protagónico en la configuración de la nueva
realidad política de la región a la que ha brindado, además de su
ejemplo, el importante concurso de sus médicos, sus maestros, su
experiencia y el privilegio de contar con la sabiduría política de
Fidel Castro, libra a la vez importantes batallas internas. Enfrenta
múltiples y colosales desafíos en diversas esferas que han sido
planteados muy claramente por Fidel y Raúl, en particular desde el
trascendental discurso que pronunciara el primero en la Universidad de
La Habana en octubre de 2005. En resumen, se trata de contradicciones
que obstaculizan el camino revolucionario emprendido en el Moncada,
cuya exitosa solución radica en el difícil empeño de combinar la
resistencia con el rediseño y renovación a fondo de su opción
socialista en la amenazadora cercanía de su poderoso vecino. Allí la
nueva esperanza.

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CUBA


Cuba, una experiencia inigualable

Marcos Roitman
La Jiribilla
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 Mi vida, como la de muchos latinoamericanos, se entrecruza con la
Revolución Cubana. A los nueve años presencié mi primera campaña
presidencial. Lo significativo de estos recuerdos fue la campaña
anticomunista desplegada por la Democracia Cristiana.

 Bajo el portal de casa había un cartel que sobresalía por su fuerza.
Imposible no prestar atención a su mensaje tanto como a sus imágenes.
De no ser así no hablaría de ello. No hubo de pasar mucho tiempo para
medir el alcance de dicha campaña en la mente de los chilenos. Tras el
triunfo de la Unidad Popular brota la siembra anticomunista.

 En 1964, los demócrata-cristianos bautizaron su campaña electoral con
el eslogan: “revolución en libertad”. Se trataba de crear distancias
con un hecho significativo. El 1ro. de Enero de 1959 se producía el
triunfo de la Revolución Cubana. Un ejemplo que atraía a las clases
explotadas y dominadas en su lucha contra el imperialismo y en su
proyecto nacionalista. Los deseos de reforma agraria y los anhelos de
justicia social se propagaron bajo la fórmula de movimientos
insurreccionales. Tras Cuba, sirva de ejemplo, se produce, entre
otros, el nacimiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional en
Nicaragua. La Revolución Cubana creó simpatías y desplegó el
sentimiento de un nacionalismo popular, antimperialista. El texto de
Fidel Castro,  La historia me absolverá circula entre la izquierda y
se proyecta en el debate intelectual. Es un alegato contra la
injusticia social y la guerra justa contra las tiranías. Los nombres
de Camilo Cienfuegos, Haydée Santamaría, El Che, cobran vida épica en
el continente y se unen a José Martí o Maceo, entre otros.

 Fue el inicio de una etapa que cambió el curso de la historia de
América Latina para siempre. Nada será igual desde su declaración como
primer estado socialista. La I y II Declaración de La Habana son un
punto de no retorno. Dentro de la Guerra Fría y la concepción de
seguridad hemisférica, los EE.UU. dieron un vuelco a su estrategia. El
recién elegido presidente John Kennedy siguió la linea de Eisenhower
con sus programas de frenar el impulso cubano en el resto de la
región. Desde la invasión de Bahía de Cochinos, conocida como
operación Pluto orquestada desde Guatemala, y los planes de sabotaje,
hasta la invención de la Alianza para el Progreso forman parte de una
política intervencionista y de desestabilización.

 Lo que no pudo hacer Kennedy lo continúa su vicepresidente Johnson.
El bloqueo económico y la expulsión de la Organización de Estados
Americanos. Así ha sido la historia. Tras la salida de Johnson de la
Casa Blanca, los presidentes estadounidenses han mantenido la
agresión. Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush
hijo. Con mayor o menor intensidad, se han desarrollado estratagemas
de acoso y derribo.

 En América Latina y el mundo somos muchos quienes mantenemos intacto
el apoyo al proyecto revolucionario en Cuba. Lo cual no supone callar
las discrepancias. Cuba, en estos 50 años representa una solución a
los problemas endémicos del subdesarrollo, plasmados en la mayor
desigualdad, insalubridad, pobreza, explotación o analfabetismo.
Expresa la dignidad y la fortaleza de un pueblo que mantiene alto la
insignia de recuperar el derecho de autodeterminación y soberanía en
medio de un bloqueo que dura tanto como la propia Revolución.

 Así, lo realizado por el Movimiento 26 de Julio transciende las
barreras nacionales. No resulta extraño que un cartel, editado en
1964, estuviese perfectamente diseñado y pensado para configurar el
rechazo a una revolución. Se desplegó en todas las calles de Santiago
y cubrió la mayoría de las paredes de Chile. Seguramente muchos
jóvenes despertaron a la política con tales imágenes. Eran
desgarradoras, sintetizaban toda una experiencia y daban miedo.

 El golpe de Estado contra Jacobo Árbenz en 1954 en Guatemala
inauguraba las actuaciones de la CIA bajo la batuta de Allen Dulles.
Eran las llamadas acciones encubiertas. Así, se concretó la invasión
desde Honduras a cargo del coronel Carlos Castillo Armas. La unidad
entre las fuerzas armadas y las clases dominantes para implementar los
golpes de Estado, las invasiones y los regímenes de la doctrina de la
seguridad nacional descubren el concepto del enemigo interno y la
frontera ideológica. En tiempos de Guerra Fría, los enemigos se
transformaban en amigos. Nazis, camisas azules, negras y falangistas
se organizaban en torno del anticomunismo. Japón, Alemania, Italia y
el resto de estados europeos se coaligaban contra el bloque
socialista. El anticomunismo prosperaba.

 En la región, el fin de los años 50 abre una década convulsa. Un
símbolo de las dictaduras, junto con Batista en Cuba, era Rafael
Leónidas Trujillo en República Dominicana. Tras su asesinato en 1961
se organiza un proyecto democrático y popular bajo la dirección de
Juan Bosch. Su triunfo terminará desencadenando otro de los sucesos
más sórdidos de la intervención norteamericana, cuyo acto final será
el desembarco de 22 mil marines en 1965. El plan golpista se realizó
en 1963 y dejó sin efecto la reforma agraria, la ley de transformación
de la propiedad, de partidos políticos y de defensa nacional. Se
impuso un gobierno represivo en manos de un viejo colaborador del
dictador Balaguer. La represión posterior trajo la muerte de más de
ocho mil militantes de la izquierda dominicana. Así se frenaba la
revuelta cívico-militar del coronel Caamaño. En esta línea, en Ecuador
las Fuerzas Armadas toman el poder. Era el cuarto gobierno de Velazco
Ibarra. Una vez derrocado, su vicepresidente Carlos Julio Arosemena
rompe las relaciones con Cuba. Meses más tarde será destituido por una
junta militar. Su proclama del 11 de noviembre de 1963 fue clara: “Les
digo que estamos en el poder en virtud de un imperativo superior de la
seguridad nacional que obligó a las fuerzas armadas a salirse de sus
específicas funciones para salvar al país del deshonor, el comunismo y
el caos.”

 Los golpes de Estado son la opción para evitar que se propague el
ejemplo cubano. La destitución del presidente brasileño Joao Goulart
será parte de esta estrategia. Igualmente, el golpe aflora en la
Bolivia del MNR, en 1964, Barrientos y más tarde Ovando serán los
militares que rompen el orden constitucional. Ellos se sumaban a la
lista de dictaduras anticomunistas de la Guerra Fría: Stroessner en
Paraguay (1954), la dinastía Somoza en Nicaragua, Lemus en El Salvador
(1960), Oswaldo López Arellano en Honduras (1963), entre otras.

 Surgían con fuerza los países no alineados. África despertaba, si
alguna vez estuvo dormida y en Asia la guerra de Vietnam parecía tomar
cuerpo. Y en medio de todo ello, la campaña chilena de 1964 invitaba a
pensar el mundo bajo un cartel donde la “revolución en libertad” era
la contrapartida de la Revolución Cubana. América Latina se dividía,
Cuba se proyecta en todas las discusiones. Su reforma agraria, sus
políticas educativas, de salud, culturales, antirraciales, de género,
configuran un nuevo horizonte. Sus dirigentes son venerados y su
entereza para resistir los embates del imperialismo considerados
triunfos frente a la dependencia, y el imperialismo. Sus logros son
visibles. Es la otra cara del continente. Se elige a sus
representantes y se construye una sociedad con valores diferentes,
participando activamente de sus objetivos, la transformación
socialista. Se produce una toma de conciencia y un deber ético-moral
hacia la comunidad. El trabajo voluntario es la muestra más noble de
la entrega a la sociedad. Cuba avanza entre aciertos y errores. Desde
fuera es difícil conocer la realidad, una campaña de desprestigio y
descalificación cubren el horizonte. Así durante 50 años.

 Guerra Fría, caída del muro de Berlín, estancamiento, crisis del
neoliberalismo y emergencia de nuevos movimientos políticos y
sociales. En este mar de cambios, ¿dónde queda la Revolución Cubana?
Su lucha ha sido anticapitalista, por la liberación, la democracia, la
justicia social. La batalla es ardua y llena de contratiempos. Los
medios de información y disuasión pertenecientes a la razón cultural
de occidente han ridiculizado a Cuba y a los defensores del
socialismo, no aceptan su existencia. Pareciera ser un objeto
imposible plantearse que Cuba vive un régimen democrático, y
socialista donde no hay lugar para el conformismo social.

 Sus detractores emplean la estrategia del sofista: el parloteo y
descalificar al interlocutor. No hay lugar para un debate sosegado. La
decisión está tomada previamente. No hace falta conocer la historia de
Cuba, su estructura económica, social, y política. Menos aún conocer
su cultura y encuadre regional. Se soslaya la realidad bajo una
soflama de adjetivos donde resalta una máxima: Cuba es una dictadura
comunista. A partir de aquí todo se vuelve transparente.

 Los argumentos son siempre los mismos. Los llevo escuchando desde que
tengo uso de razón. No hay elecciones y se encarcela a los disidentes
políticos. No hay libertad de expresión. En vano podrá usted adelantar
una respuesta en sentido contrario. No intente dar explicaciones. Los
juicios están previamente formateados. Le dirán que las cárceles están
llenas de buena gente y de intelectuales. Para aderezarlo, se añaden
el turismo sexual y el conjunto de males del socialismo. Caos y
represión, ese es el juicio final sobre la realidad en Cuba. Aquí no
faltan las visiones fantasiosas acerca de las grandes colas, el
hambre, la miseria y las telúricas enseñanzas del anticomunismo. Eso
sí, quienes dicen hablar en nombre de la democracia y las libertades
no puedan explicar cómo y qué es Cuba en realidad. Solo hablan de
oídas y sus fuentes son la CNN, los politólogos estadounidenses, la
socialdemocracia y los conversos.

 El cartel que de niño pude contemplar sin la malicia ya tiene
sentido. Unos pueden sentirse interpretados en sus imágenes y
palabras. Adormecer su conciencia y dar por buena esa versión. Cuesta
pensar, abrir los ojos y cuestionar el mundo orquestado por el gran
hermano. Es difícil no caer en las tentaciones del capitalismo. En eso
consiste su atractivo y su debilidad. Requiere de idiotas sociales,
fácilmente manipulables, así se sostiene un orden de dominación
fundado en la explotación del hombre por el hombre.

 Una sociedad culta es libre y democrática, no se puede engañar a sus
ciudadanos, ellos no se transforman en idiotas sociales. Aquí se
establece la diferencia. Cuba ha sido capaz de articular la libertad
personal y social con la democracia política, económica, étnica y
cultural. Es cierto que existen limitaciones y que los cambios deben
ser analizados en profundidad, por sus gentes y decidiendo en cada
momento cuál es el camino. La soberanía es parte del hecho
democrático, tanto como el respeto a decir sin presiones ni bloqueos
ni descalificaciones. Por ello el cartel que tanto me impresionó ya
puede desvelarse. Se trataba de un montaje publicitario. Unos
guerrilleros de verdeolivo, empuñan fusiles apuntando a sacerdotes
arrodillados pidiendo clemencia. Tras de ellos el paredón. No había
duda, los ejecutarían. El mensaje complementaba el cuadro: “Chile no
es Cuba. No permitas que esto ocurra. Vota Frei. Vota democracia
cristiana”.

 En estos 50 años, las campañas se han sofisticado, ya no hacen falta
montajes fotográficos. El control de los medios de comunicación y
disuasión distorsionan la realidad a favor de una visión totalitaria
en la cual no hay espacio para la crítica, ni la libertad de
expresión. Pero Cuba sigue en pie, dignificando la persona humana. Por
este motivo es necesario estudiar, aprender y conocer de la realidad
de Cuba. Solo así se podrá convencer en la batalla de las ideas y
apoyar la digna lucha del pueblo cubano contra el imperialismo. En
estos 50 años, Cuba es una experiencia inigualable. Las nuevas
generaciones vivirán a su sombra. Cobijo necesario para seguir
adelante, pese a quien le pese.

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CUBA


¡Que dificil nos lo ponen!

Juan Torres Lopez
Rebelión
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En muchas ocasiones he defendido con plena convicción al pueblo cubano
y los esfuerzos ingentes que debe hacer para ejercer el derecho a
construir libremente su futuro.

No hay otro pueblo en el mundo que sufra un acoso tan inhumano,
inmoral e ilegítimo como el que Cuba padece de Estados Unidos. No hay
otro país al que se le impongan condiciones tan draconianas para
desenvolverse con libertad. Y todo, porque el pueblo cubano decidió
que no deseaba avanzar por la vía que le conviene a su vecino
imperialista.

Es evidente que en Cuba no existe la libertad política a la manera en
que se disfruta en otros lugares. No hay pluralismo político al uso
occidental y muchos ciudadanos no disfrutan de la posibilidad de
expresar libremente sus ideas. En ese sentido es una dictadura y como
tal, no creo que nadie pueda considerar el modelo político de la isla
como un horizonte deseable para la Humanidad, ni como una situación
que debiera permanecer para siempre allí o en cualquier otro sitio. El
auténtico progreso humano no puede ser otro que el que proporciona
ámbitos de libertad cada vez más amplios a todos los seres humanos sin
excepción.

Eso es una evidencia, pero también lo es que eso no puede significar
que, a la contra, la democracia desde la que se critica a Cuba sea
precisamente ejemplar. No creo, por ejemplo, que en Cuba pueda ser
elegido un Jefe del Estado con tantas trampas como las que permitieron
alcanzar el poder a George W. Bush. Y no creo que puedan considerarse
ejemplares las "democracias" de las que se sienten ufanos los críticos
del régimen cubano en las que la desigualdad material tan grande que
existe entre los individuos es decisiva a la hora de determinar sus
muy diferentes capacidades de decisión.

¿Acaso es justo considerar que el poder asimétrico que en nuestras
"democracias" tienen los ricos no afecta a la calidad de la
democracia, o que existe verdadera democracia cuando es una evidencia
que las cuestiones más determinantes de la vida social están de hecho
secuestradas a la capacidad efectiva de decisión de la inmensa mayoría
de los individuos?

Pero incluso aceptando estas limitaciones del régimen político cubano,
¿acaso es justo el trato que recibe la isla en comparación, por
ejemplo, con el que las grandes potencias tan preocupadas por los
derechos humanos, conceden a China?

¿Qué pasaría si en Cuba hubiera la misma proporción de disidentes que
en China, o las condiciones laborales de la potencia asiática? ¿O,
simplemente, la corrupción y la barbarie que reina en otras dictaduras
gobernadas por afines a los gobiernos occidentales?

¿No es precisamente una buena prueba de la baja calidad de la
democracia occidental que nuestros gobiernos tengan esa percepción tan
dual y selectiva de la importancia que tiene el respeto mayor o menor
de los derechos humanos?

Se quiera o no reconocer, la realidad es que si el sistema político
cubano es criticable por su falta de respeto a los derechos humanos,
no lo es, sin embargo, porque allí se respeten menos que en otros
lugares (incluidos entre ellos muchos de nuestros países de orgullosa
democracia). A tenor del trato que recibe de Estados Unidos, habría
que deducir que Cuba es el país más antidemocrático del mundo. Algo
que es manifiestamente falso, y que, por tanto, muestra que la
desproporcionada reacción contra el régimen cubano no responde a las
razones que aparentemente se dan para justificarla.

En fin, esa doble vara de medir tan cínica que se usa para atacar a
Cuba es lo que al menos a mí me ha llevado a defender su proceso
político en muchas ocasiones, y aunque eso no tenga por qué
interpretarse como la aceptación de que el "modelo" político cubano
sea ideal ni deseable. Esa razón, y el hecho que también me parece
evidente de que, a pesar de la pobreza y de las condiciones de bloqueo
y agresión externa en las que se desenvuelve, ha sido capaz de lograr
condiciones de vida para su población indiscutiblemente mejores que
los de otros países de su entorno o con sus mismos recursos. Y ello,
de nuevo, sin que tampoco haya de ser interpretado como que Cuba sea
el mejor de los mundos posibles, porque no lo es.

En fin, he hecho siempre esta defensa relativa de Cuba y en otras
ocasiones la he criticado como, por ejemplo, cuando allí se ha
recurrido a la inhumana pena de muerte para castigar a cualquier tipo
de delincuente.

Todas esas ambivalencias son las que yo creo que hacen que no sea
fácil para las gentes de izquierda tener siempre y en todos los
aspectos una posición de apoyo firme al proceso cubano. No es justo
asumir la injusta doble vara de los reaccionarios, pero tampoco sirve
de nada apoyar cualquier cosa de lo que allí sucede, sencillamente,
porque, visto desde fuera, son muchas las cosas que no pueden resultar
aceptables ni deseables.

En los últimos días nos encontramos en una de estas situaciones en las
que cualquier persona progresista no puede sentir sino decepción con
lo que se hace en Cuba.

Desconozco las razones profundas que hayan podido llevar a la
destitución de Perez Roque y Lage y la verdad es que en otras
condiciones no me importarían. Entra dentro de la lógica que en
cualquier proceso político haya cambios, idas y venidas,
sustituciones, pérdidas de confianza o cualquiera otra de las muchas
circunstancias que todos los días hacen caer gobiernos o que llevan a
reemplazar ministros o autoridades de cualquier tipo.

Pero la forma en que hemos conocido esas sustituciones y las razones
dadas solo me parecen propias de una dictadura bananera.

Si Fidel Castro lleva razón en su comentario sobre esos ministros, es
evidente que los órganos que han decidido reemplazarlos mintieron al
pueblo al no decir nada. Y es impresentable que algo tan importante
solo se sepa a partir de un comentario informal de alguien que, por
mucha autoridad moral que pueda tener, no forma parte ya de la
institucionalidad que aparentemente toma las decisiones. Y si su
comentario es simplemente malvado, sería una vergüenza escandalosa que
nadie le haya corregido.

En ambos casos, la situación es bochornosa porque no refleja sino una
purga a la antigua usanza, la existencia de un poder personal
absolutamente incompatible no ya con la democracia socialista de la
que se quiere hacer gala, sino con su más elemental y primitiva
expresión.

Fidel Castro tiene todo su derecho a comportarse como el abuelo a
quien la familia le permite todo tipo de impertinencias pero lo que no
parece lógico es que el proceso político cubano gire alrededor de sus
ocurrencias.

El funcionamiento del régimen político cubano que acabamos de ver es
sencillamente indefendible. Es una vergüenza que eso pueda ocurrir en
un país que, a pesar de tantas dificultades, reclama continuamente la
solidaridad internacional presentándose ante el mundo como un ejemplo
de progreso y avance social.
Ninguna persona de izquierdas puede sentirse identificado con ese modo
de proceder y quien actúa de esa forma carece de legitimidad para
hacer luego llamados a la solidaridad y al apoyo.

Nos lo ponen demasiado difícil.




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